La ganadería paraguaya atraviesa un punto de inflexión histórico. Mientras la carne nacional consolida su reconocimiento en los mercados más exigentes del mundo, los números internos encienden una luz de alerta: el hato ganadero ha disminuido, mientras la demanda no deja de escalar. Los números son claros: la demanda mundial crece en 137% y la producción en 1,33%, mientras Paraguay representa un un 3,5% del mercado global.
Desequilibrio histórico: demanda global vs. oferta local
-Usted menciona que atravesamos un momento de “desequilibrio histórico” en el mercado de la proteína roja, ¿a qué se refiere exactamente con esta brecha estructural?
-Es una cuestión de matemáticas simples, pero de impacto profundo. Si analizamos las estadísticas de los últimos cinco años, vemos que la producción mundial de carne bovina ha crecido apenas un 1,33% anual. Sin embargo, la demanda global, traducida en exportaciones, ha explotado con un crecimiento del 137%. Estamos ante un mundo que tiene hambre de carne vacuna y una oferta que no logra seguirle el ritmo.
Para Paraguay, esto es una oportunidad de oro, pero nos encontramos en una posición defensiva. En 2025, el comercio mundial alcanzó los 13 millones de toneladas. Nosotros, según datos del Banco Central de Paraguay, exportamos 460.000 toneladas, lo que representa un 3,5% del mercado global. Aunque parezca poco, nuestra ventaja competitiva es enorme por nuestras condiciones naturales: agua, luz y temperatura. El problema es que para aprovechar este escenario, necesitamos más animales en el campo.
Retención de vientres: mucho más que “no vender”
-Se habla mucho de la retención de vientres como la solución inmediata para aumentar el sombrero. ¿Es tan sencillo como dejar de enviar hembras al frigorífico?
-Rotundamente no. Ese es el error conceptual más común. Retener vientres no es simplemente que la vaca se quede en el campo a esperar que nazca un ternero. Producir más no es solo una cuestión de volumen, sino de eficiencia. Un vientre que no produce un ternero por año es, en realidad, un costo operativo que destruye la competitividad de la estancia.
Para que un programa de retención funcione, el productor debe invertir en varios frentes simultáneos:
Infraestructura crítica: no podemos hablar de más vacas si no tenemos aguadas de calidad o pasturas recuperadas.
Sanidad y nutrición: el potencial genético solo se traduce en kilos de carne si el animal está sano y bien alimentado.
Plan de negocios: el productor necesita indicadores claros para monitorear si está cumpliendo sus objetivos.
Precios y el rol del Estado
-Usted sostiene que el aumento del hato debe ser una política de Estado y no solo una iniciativa privada. ¿Por qué es crucial el financiamiento y la transparencia de precios?
-El precio es el mecanismo de comunicación del libre mercado. Si el productor no recibe una señal clara, justa y transparente de que su inversión será recompensada, el riesgo se percibe como demasiado alto.
La ganadería es un negocio de ciclos largos; no se puede pretender financiar un proyecto de este tipo con herramientas de corto plazo. Necesitamos créditos que respeten los tiempos biológicos.
Estamos hablando de un retorno de capital que toma, al menos, ocho años. Por lo tanto, cualquier esquema financiero serio debe contemplar al menos tres años de gracia para capital e intereses. El monto de la cuota debe ajustarse estrictamente al flujo de caja del productor. No podemos pedirle a un ganadero que pague una inversión de largo aliento con los ingresos de un solo año.
La escala del desafío
-Recientemente se anunciaron fondos por G. 40.000 millones para préstamos al sector. ¿Es suficiente para mover la aguja del stock nacional?
-Todo apoyo es bienvenido, pero hay que ser realistas con la magnitud del desafío. En 2014, Paraguay tenía 5,4 millones de vacas; para 2025, perdimos 560.000 cabezas en el stock de vientres.
Reponer simplemente ese faltante, a los precios de hoy, requiere una inversión cercana a los US$ 500 millones. Ahora, ¿se justifica esa inversión? Absolutamente. En 2025, la carne y sus derivados generaron US$ 2.400 millones en divisas para el país. Invertir en el hato es invertir en el motor que sostiene nuestra economía.
Espejos regionales, ¿qué están haciendo nuestros vecinos?
No necesitamos inventar la pólvora, sino adaptar lo que funciona. Por ejemplo:
Uruguay: con el programa Procría vincula el dinero a la asistencia técnica obligatoria para asegurar que el crédito se traduzca en mayor productividad.
Argentina: utiliza esquemas donde las cuotas se fijan en kilos de novillo, lo que protege al productor de las devaluaciones o fluctuaciones financieras.
Brasil: su programa para el Pantanal ofrece plazos de ocho años con cuatro de gracia, condicionado a seguir protocolos de manejo desarrollados por Embrapa.
Futuro: calidad, marcas y valor agregado
-¿Cuál es el gran “salto cualitativo” que debe dar la carne paraguaya para consolidarse como potencia?
-El futuro no está solo en el volumen, sino en la diferenciación. Tenemos una genética envidiable y un sistema de producción a pasto que es tendencia mundial. El mercado internacional hoy premia el origen, la sostenibilidad y la salud.
Nuestra carne producida de manera libre, en contacto con la naturaleza, es más nutritiva y saludable. El desafío es capturar ese valor a través de marcas fuertes y protocolos de calidad robustos.
Si logramos unir una política de retención de vientres eficiente con una estrategia de marketing país agresivo, Paraguay no solo tendrá más ganado, sino que será una potencia ganadera de alta gama a nivel mundial.
Contamos con experiencias locales que muestran el potencial de agregar valor que han demostrado que el mercado premia la excelencia y el origen. Capturar ese valor diferencial mediante marcas fuertes, junto con una mejor transmisión de precios, será lo que finalmente consolide a Paraguay como una potencia ganadera de alta gama a nivel mundial.
Puntos clave para el productor ganadero
Eficiencia sobre volumen: no acumular vientres que no producirán un ternero anual.
Infraestructura: antes de comprar animales, asegurar agua y pasturas.
Financiamiento: buscar plazos acordes al ciclo ganadero (8 años) con periodos de gracia.
Valor agregado: apostar por la genética y los protocolos de calidad para diferenciación.