El presidente de Argentina, Javier Milei, anunció la disminución de las retenciones para el trigo y la cebada, que pasarán del 7,5% al 5,5% desde junio. Su gobierno informó que la baja tributaria también incluirá a la soja, pero desde enero de 2027, y que estima reducir entre “un cuarto de punto y medio punto (porcentual) por mes”. Es decir, las retenciones se irían reduciendo poco a poco para el complejo sojero arjentino, si la situación fiscal lo permite, hasta llegar al año 2028.
Ya el año pasado, la reducción de la carga tributaria para el campo argentino desafió a las exportaciones de Paraguay y, al mismo tiempo, representó una oportunidad para las agroindustrias nacionales, informaron desde el sector agroexportador local.
Altera el flujo comercial
Indicaron que este tipo de medidas suelen alterar el flujo comercial, reduciendo la demanda de soja paraguaya por parte de las fábricas argentinas. Eso determinó que el grano en estado natural exportado desde Paraguay registrara un menor volumen.
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En contrapartida, precisaron desde el sector sojero que esta situación favoreció a la industrialización local, ya que en 2025 se registró mayor nivel de procesamiento. Ahora, con este escenario, surge cierta incertidumbre respecto a la valorización (precio que puden pagar) y venta que puedan tener los productos paraguayos en dicho mercado.
Los efectos para el campo argentino
En ese sentido, el directivo de la Cámara Paraguaya de Exportadores y Comercializadores de Cereales y Oleaginosas (Capeco), Hugo Pastore, se refirió a la baja de retenciones impulsada por Milei para el campo argentino. Comentó que estas medidas pueden tener dos efectos en el corto, mediano y largo plazo.
Por un lado, señaló que el productor argentino podría tener más incentivos para comercializar su producción al contar con una menor carga impositiva, lo que podría generar un aumento de la oferta en el mercado.
Por otro lado, explicó que, al reducirse la carga tributaria, también mejoran los números para tomar la decisión de producir más o aumentar el área de siembra en el vecino país. Eventualmente, eso podría derivar en una expansión de la superficie cultivada en distintos rubros y, con ello, en una mayor oferta, detalló el gremialista.
Impacto en Paraguay
Sobre cómo esta medida podría impactar en la producción o venta paraguaya, indicó que, en la medida en que Argentina disponga de más productos dentro de su propia industria, eso podría reducir “la disposición a pagar” por la soja paraguaya.
Añadió que a pesar de la mencionada situación, Paraguay mantiene una “característica difícil de reemplazar”, que es el mayor contenido de proteína en sus granos.
“Así que eso es algo que nosotros debemos cuidar. Tenemos que destacar la diferenciación de calidad y siempre ofrecer un producto que sea diferente, que sea especial, que sea mejor, y eso en términos del contenido proteínico de nuestros granos”, alegó.
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En ese sentido, recientemente desde la Argentina advirtieron que la industria molinera de ese país estaría analizando importar trigo desde Paraguay. De acuerdo con Pastore, el sector triguero argentino tuvo una producción de ese grano bastante alta, sin embargo, eso propició que se viera afectada la calidad de los granos, especialmente en el contenido de proteína.
“Al tener tanta producción por hectárea cayó la calidad del cereal, por eso están buscando el cereal (paraguayo) para poder mezclar. Y el trigo paraguayo siempre fue considerado como un grano mejorador”, reiteró sobre el aspecto diferencial al que debe apuntar Paraguay para hacer frente a la competencia de otros mercados.