De repente, el número uno entendió que el dos se estaba retobando y forjando una fuerza propia desde la plataforma política de los gobernadores y un cimiento económico con su banco amigo engordado con plata pública.
Los gobernadores fueron seducidos por Peña con fondos de Hambre Cero que los convirtió en “virreyes”, según Beto Ovelar en pose de Adonis. La fidelidad de estos funcionarios departamentales durará lo que dure el dinero. Y el programa referido, la joya del Ejecutivo, podría entrar pronto en un túnel de ansiedades por falta de recursos.
Contra el soporte económico para una proyección política de Peña, don Horacio lanzó un operativo de demolición al ordenar al Senado un pedido de informe al BCP sobre el tal banco. El BCP respondió ya con un tufillo a defensa de la entidad bancaria motivo del pedido. No en balde, Peña había puesto al frente de la banca matriz a Carlos Carvallo, extitular de la financiera que pasaría a ser luego el banco mimado del Ejecutivo. Fríamente calculado. El banco amigo debía de tener suficiente forraje para engordar.
Cartes quiere demoler el banco afín al número dos, como forma de vengar el intento de vuelo libre del presidente que él impuso. Peña, a su vez, estaba robusteciendo sus beneficios, para lo cual ha llegado a poner en peligro la credibilidad del BCP y la estabilidad financiera del país erigida sobre los tormentosos sucesos de los 90.
Según deslizan las paredes del Quincho, Cartes cree fieramente en una traición. El ensayista mexicano Baltasar Dromundo (1906-1987) afirma en su libro Elogio de la política que “El político se pasa la vida traicionando a su partido y a su propio grupo, haciéndose de nuevo grupo para traicionarlo de nuevo, y así sucesivamente”.
¿Hubo una traición? Pues que se vean ellos, ese es su problema. El asunto en general es que este conflicto de pareja está “aproblemando” al país. Lo sume en incertidumbres y en secretismos que crean más sospechas en torno a las intenciones de los contendientes. Ninguno de ellos pelea por intereses nacionales.
Uno sufre la paranoia de quien no admite rebeldes. El otro parece inyectado por una codicia extrema. El presidente afirma que esta es una cuestión meramente técnica. Pero cuesta creer que sin respaldo político –más precisamente del Ejecutivo– el banco de marras hubiera tenido tal engrose de cintura con 850 millones de dólares de plata pública.
La pareja pareciera separada por la presunta rebelión del segundo. Aunque pueden terminar transando.
Dense con todo, pero paren de jugar con este país ya demasiado golpeado y saqueado.
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