Cuáles son los medicamentos de uso frecuente que pueden disminuir el deseo sexual

Concepto de falta de deseo sexual.Shutterstock

Tomás algo “de siempre” para dormir mejor, regular la presión o la alergia… y, sin embargo, el deseo cae sin explicación. No es raro: varios fármacos frecuentes pueden impactar la libido, la excitación u el orgasmo, y muchas parejas lo confunden con desamor.

Cuando no es “falta de ganas”, sino química

En sexología, “libido” suele usarse como sinónimo de deseo sexual, pero en la vida real se mezcla con otras piezas: energía, ánimo, imagen corporal, estrés, calidad del vínculo y también funcionamiento fisiológico (lubricación, erección, sensibilidad, orgasmo). Algunos medicamentos influyen justo en esos circuitos: neurotransmisores como serotonina y dopamina, hormonas sexuales, circulación sanguínea o niveles de sedación.

Concepto de falta de deseo sexual.

El resultado puede sentirse como apatía, menor fantasía, dificultad para excitarse o un orgasmo que “no llega”.

Los fármacos más habituales detrás del cambio

Entre los más asociados a baja de deseo o respuesta sexual están los antidepresivos ISRS (como sertralina, fluoxetina, paroxetina o escitalopram).

Concepto de falta de deseo sexual.

Son eficaces para ansiedad y depresión, pero al aumentar serotonina pueden disminuir deseo y retrasar el orgasmo. A veces el problema no es el fármaco solo: la depresión ya reduce la libido, y la mejora anímica puede llegar antes que la recuperación sexual.

También aparecen los antihipertensivos, en especial algunos betabloqueantes y diuréticos: pueden afectar la respuesta genital y, en varones, la función eréctil; en mujeres, la excitación puede sentirse “más lejana”.

Los anticonceptivos hormonales pueden, en ciertas personas, modificar la testosterona libre y el deseo; en otras no impactan o incluso mejoran la vida sexual al reducir miedo al embarazo o dolores menstruales. Es decir: no hay una regla universal.

Otros menos sospechados: finasterida (para alopecia o próstata), que en un subgrupo se asocia a disminución de libido y cambios en la función sexual; antihistamínicos sedantes (alergias) que pueden “apagar” el cuerpo; opioides para dolor crónico, que bajan testosterona y deseo; y algunos ansiolíticos/hipnóticos que relajan, sí, pero también pueden aplanar la respuesta sexual.

Señales típicas en la pareja: el malentendido

Suele empezar así: “No es que no te quiera, es que no me pasa nada”. La otra persona escucha rechazo; quien lo vive, culpa.

Si el cambio coincidió con iniciar, subir dosis o combinar medicación, vale contemplar la causa farmacológica.

También si el deseo aparece “a ratos” (por ejemplo, vacaciones sí, rutina no), porque ahí se mezclan biología y carga mental.

Qué hacer

La salida no es aguantar en silencio ni suspender por cuenta propia. Lo más útil es llevar al médico una descripción concreta: cuándo empezó, qué cambió (deseo, erección/lubricación, orgasmo, sensibilidad), y qué otros factores están pesando.

A veces se ajusta la dosis, el horario, se cambia a una alternativa con menor impacto sexual o se suma tratamiento para efectos secundarios. Y en paralelo, una conversación de pareja menos acusatoria y más descriptiva puede evitar que un efecto adverso se convierta en una crisis de vínculo.

Lo
más leído
del día