17 de mayo de 2026

Una libido alta no siempre es “más ganas”: a veces es el cuerpo buscando bajar tensión. Diferenciar deseo genuino de impulso ansioso puede evitar culpas, conflictos de pareja y sexo que, en lugar de calmar, deja más inquietud.

La vigorexia, más que un deseo estético, es una trampa que consume la vida cotidiana y erosiona la sexualidad. Esta obsesión, marcada por una imagen distorsionada, transforma encuentros íntimos en evaluaciones angustiosas y desconectadas del placer.

La caída del deseo sexual femenino suele leerse como un problema “de pareja” u “hormonal”. Pero ansiedad y depresión —por sus síntomas y por sus tratamientos— alteran el circuito del placer, la excitación y el vínculo. Entenderlo cambia el abordaje.

Con la llegada de las vacaciones, muchas parejas notan más ganas de intimidad, más tiempo para el juego erótico y una sensación de cercanía que parecía difícil de sostener en plena rutina laboral. No es solo una percepción subjetiva.

La idea de que el deseo sexual “se apaga” después de los 40 sigue muy presente en el imaginario colectivo. Sin embargo, médicos, sexólogos y psicólogos coinciden: la vida sexual no solo no termina, sino que puede volverse más plena y consciente. ¿Cómo?

La popularidad de dispositivos como el Satisfyer ha revolucionado la masturbación femenina, desafiando tabúes y promoviendo el autoplacer. Sin embargo, expertos advierten sobre los peligros de la dependencia y la necesidad de una educación sexual más integral.