Hoy se completó la tercera ola de aumentos en los combustibles, con el incremento de hasta G. 500 y G. 950 por litro que aplicaron los grandes emblemas como Shell y Copetrol, a los que también se sumaron Puma, Petrosur, Petrochaco y Energy.
Sin embargo este paso no sería el último de los reajustes, porque desde el sector privado advierten que el mercado internacional continúa inestable y que incluso sería necesario un cuarto incremento para sostener la operatividad. El mayor impacto se está registrando en el gasoil, que mueve la economía del país.
Adolfo Martín Sánchez, presidente de la Cámara de Distribuidoras Paraguayas de Combustibles (Cadipac), explicó que el comportamiento de los precios responde exclusivamente a factores externos. “Nosotros somos tomadores de precio. Compramos combustibles en el mercado internacional y eso está regido por la bolsa de Nueva York (NYMEX). Si el mercado sube y hay restricciones en la oferta por la guerra, es normal que todos tengamos que subir”, agregó.
Añadió que, pese a los ajustes recientes, las empresas siguen operando con pérdidas. “Al día de hoy, todo lo que estamos vendiendo en pico es pérdida de dinero. Al inicio de la guerra llegamos a perder hasta G. 3.500 por litro. Se hicieron subas graduales pensando que esto sería pasajero, pero no fue así”, lamentó.
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Precios actuales aún no reflejan el costo real: Premio sigue subiendo
En ese sentido, advirtió que la situación sigue siendo crítica y que los precios aún no reflejan el costo real. “Hoy todavía estamos perdiendo incluso con las últimas subas. Esto no es solo Paraguay, es una situación global”, aclaró.
Sobre la posibilidad de nuevos aumentos, Sánchez estimó que aún existe un desfase importante. “Hablando en términos de una empresa como Fuelpar, todavía faltarían entre G. 1.300 y G. 1.500 por litro para acompañar el mercado internacional”, detalló, aunque aclaró que cada emblema define sus precios de manera independiente.
El empresario también explicó que el problema no se limita a la cotización internacional, sino a la disponibilidad física del combustible. “No es solo que bajen los precios en la bolsa. El problema es poner el producto en el Río de la Plata. Hay menos oferta, más refinerías afectadas y dificultades logísticas. El ‘premio’ en el Río de la Plata pasó de unos 8 centavos por galón antes de la guerra a más de 100 centavos actualmente”, detalló.
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En el mercado de combustibles, el “premio” es un costo adicional que se suma al precio internacional de referencia (como el de la bolsa de Nueva York, NYMEX) y que refleja las condiciones reales de abastecimiento en una región determinada. En términos simples, es el sobreprecio que se paga a los traders para asegurar la llegada del producto a un mercado específico, como el Río de la Plata.
Este valor incorpora factores como la oferta y demanda regional, la disponibilidad de buques, los costos logísticos y las restricciones en refinerías. En escenarios de crisis, como conflictos internacionales, este “premio” tiende a aumentar considerablemente.
Ventas caen y gobierno podría reducir impuestos a las importadoras
Ante este escenario, consideró que el Gobierno podría aplicar medidas para amortiguar el impacto, como la reducción de la base imponible al Impuesto Selectivo al Consumo (ISC). “Eso ayudaría muchísimo para no tener que subir tanto. Hoy no se trata de ganar, se trata de no perder, de empatar”, insistió.
En paralelo, acotó que el sector privado también enfrenta una caída en las ventas, atribuida en parte a la política de precios de Petropar. “Por supuesto que las ventas cayeron, y muchísimo. Tenemos a Petropar manteniendo precios y nos gustaría que la estatal también nos venda a nosotros a esos precios”, cuestionó.
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En ese contexto, también sostuvo que la situación afecta a todo el mercado, incluida Petropar. “Si nosotros estamos perdiendo, Petropar está perdiendo mucho más”, afirmó, aunque cuestionó que la estatal mantenga precios más bajos.
Con este panorama, el sector advierte que la presión sobre los precios continuará mientras persistan las tensiones internacionales y las restricciones en la oferta, circunstancias que mantiene latente la posibilidad de una cuarta ola de incrementos en el corto plazo.