Bernardo Rojas, secretario general de la Central Unitaria de Trabajadores Auténtica (CUT-A) y representante de los trabajadores ante el Consejo Nacional de Salarios Mínimos (Conasam), señaló que el planteamiento concreto al día de hoy es el aumento del 20 por ciento del salario mínimo, una cifra que oscilaría entre quinientos y seiscientos mil guaraníes.
En ese sentido, indicó la necesidad de contar con una política salarial, entendiendo que el salario mínimo no puede definirse como una cifra aislada, porque está atado al costo de vida y dinámicas de precios que, según señaló, vienen deteriorando el poder adquisitivo.
Rojas se refirió al cálculo que habla de un incremento en torno a los G. 60.000 teniendo en cuenta el Índice de Precios del Consumidor (IPC), calificándolo como un “distractor” antes de establecer un reajuste mayor, pero insuficiente frente a las necesidades de los trabajadores.
“Lo que ellos están proponiendo en este momento, eso de 58.000, 61.000, eso es una política de distracción y es una política de ablandamiento también. ‘Te voy a dar cien mil, mirá que ahí hablamos de sesenta y un mil, entonces te voy a dar cien mil. Te voy a doblar prácticamente’. Entonces, una especie de trampa armoniosa y amistosa que quieren hacer, pero no, no corre eso”, manifestó Rojas.
Canasta básica, bajo la lupa
Una parte sustancial del planteo sindical es la incorporación de un control de precios de la canasta básica y no solo un seguimiento estadístico. Rojas propone que el cálculo del salario mínimo se apoye en una canasta de consumo del trabajador compuesta por entre 80 y 120 productos de primera necesidad.
“Nosotros decimos de que para que el salario mínimo tenga o mantenga el valor que se da, tiene que haber un control de precios de la canasta básica (…) Nosotros planteamos elaborar una política salarial, crear un instituto de estudio permanente del salario y el costo de vida, independiente del Gobierno, independiente del Banco Central, que sea exclusivamente de los trabajadores con el Ministerio del Trabajo. Se puede hacer con Sedeco o el propio INE, pero tenemos que hacer rápido porque eso está deteriorando no solamente el poder adquisitivo del trabajador, sino que la vida misma del trabajador”, dijo.
Lea más: ¿Llego a fin de mes? Simulador con salario mínimo
Ante la pregunta sobre qué significa “control”, fue explícito: acordar precios de referencia y evitar que suban por encima de ese umbral. Usó un ejemplo concreto: el kilo de galletas, que -según su comparación- pasó de 3.800/4.000 guaraníes hace un año a 7.000/8.000 guaraníes en la actualidad. Su idea consistiría en fijar un promedio como precio básico: podría bajar, pero no subir.
Defendió que el Estado regule precios dentro del mercado y citó como referencia conceptual la experiencia argentina conocida como “precios cuidados” en góndolas específicas. Aun así, sostuvo que no busca “compararse con ningún país”, sino discutir necesidades locales.
Consultado por los bienes a incluir, enumeró rubros centrales del gasto cotidiano como carne, lácteos, panificados, remedios y útiles escolares. Su criterio, según dijo, es cubrir “lo que utilizan los trabajadores”.
Nueva fórmula de cálculo que plantea el Ministerio de Trabajo
El Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social (MTESS) se encuentra en plena fase de revisión de los mecanismos que definen el incremento del salario mínimo legal. Según explicó el viceministro de Trabajo, César Segovia, el objetivo principal es lograr un reajuste más objetivo que refleje el costo de vida real de quienes perciben la remuneración base, alejándose de la rigidez del IPC convencional.
La autoridad señaló que el actual Índice de Precios al Consumidor, elaborado por el Banco Central, contempla más de 400 productos, muchos de los cuales no forman parte del consumo habitual de un trabajador de salario mínimo. Ante esta distorsión, se barajan alternativas como el Índice de Precios de Alimentos, que impacta con mayor fuerza en los sectores vulnerables, o incluso variables ligadas al Producto Interno Bruto (PIB).