Hiroshima, el steampunk y el laberinto del tiempo

Un 6 de agosto como hoy, en 1945, el bombardero estadounidense Enola Gay lanzó una bomba nuclear sobre la ciudad japonesa de Hiroshima. La destrucción de Hiroshima atraviesa la Trilogía del Nómade, del inglés Michael Moorcock, un indiscutible clásico de la ficción steampunk.

La trilogía steampunk de Michael Moorcock, "The Warlord of the Air" (1971), "The Land Leviathan" (1974) y "The Steel Tsar" (1981).
La trilogía steampunk de Michael Moorcock, "The Warlord of the Air" (1971), "The Land Leviathan" (1974) y "The Steel Tsar" (1981).

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La era atómica empezó un 6 de agosto como hoy, en 1945, a las 8:15 de la mañana, cuando el bombardero estadounidense Enola Gay, pilotado por el comandante Paul Tibbets, lanzó sobre la ciudad japonesa de Hiroshima una bomba nuclear que mató en un instante a cientos de miles de personas y provocó formas de sufrimiento hasta entonces desconocidas.

La tragedia de Hiroshima atraviesa la trilogía steampunk del inglés Michael Moorcock (Londres, 1939) A Nomad of the Time Streams (en adelante, la Trilogía del Nómade), y atormenta a su protagonista a lo largo de las tres novelas que la integran, The Warlord of the Air (1971), The Land Leviathan (1974) y The Steel Tsar (1981).

El término steampunk aparece por primera vez en 1987 en una carta a la revista Locus (1) donde K. W. Jeter llama steampunk a las «fantasías victorianas» escritas por él (Morlock Night, 1979; Infernal Devices, 1987) y otros autores, y aparece por primera vez en un título en 1995 con The Steampunk Trilogy, de Paul di Filippo. En la década del 2000, coincidiendo con el florecimiento de la subcultura steampunk, la producción de literatura steampunk se dispara, ahora como parte de un fenómeno más amplio.

Michael Moorcock definió ese auge lacónicamente: banalidad, adocenamiento, superficialidad. Moorcock se apega al legado contracultural de una ficción steampunk que buscaba «intervenir» críticamente el pasado. Por ejemplo, el propio Moorcock tomó «las ideas imperialistas de Wells, Conrad y otros autores de tendencia liberal pero que todavía creían en el “Imperio” y mostró que esas ideas fueron construidas con sangre, sudor y lágrimas de otros pueblos» («the imperial ideas of Wells, Conrad and others who were of a liberal disposition but still believed in “Empire” and show that those ideas were built on other peoples’ blood, sweat and tears») (2).

"Los escenarios de la ficción steampunk son habitualmente una mezcla de cierta idea del pasado victoriano o eduardiano con los traumas de las guerras mundiales y el horror nuclear..." (Imagen: Rivanne / Busyodin)
"Los escenarios de la ficción steampunk son habitualmente una mezcla de cierta idea del pasado victoriano o eduardiano con los traumas de las guerras mundiales y el horror nuclear..." (Imagen: Rivanne / Busyodin)

El protagonista de la Trilogía del Nómade se llama Oswald Bastable, igual que un personaje de la novela de Edith Nesbit The Story of the Treasure Seekers (1899), en la que es un niño. Puede ser, por ende, su futuro. Nesbit fue fundadora, en 1884, de la Fabian Society (Sociedad Fabiana), movimiento reformista impulsado por ideas de justicia social cuyo sentimentalismo Moorcock critica en la primera entrega de la serie, The Warlord of the Air.

The Warlord of the Air empieza en 1903, en Rowe Island, donde el ficticio abuelo de Moorcock conoce al capitán Bastable, un hombre extrañamente confundido y desorientado, al parecer –eso supone el antepasado del escritor– por la adicción al opio. Bastable le cuenta su historia al abuelo de Moorcock: el año anterior llegó con una expedición militar a la región de Teku Benga, en los Himalayas, donde encontró una arquitectura contraria a las leyes de la física, que no parecía obra humana, y se extravió en un templo laberíntico, decorado con una estética de la impureza y la desmesura, dominada por el horror vacui.

Bastable logró salir por fin del templo, pero afuera solo encontró ruinas, como si hubiera pasado mucho tiempo. En realidad, salió a una década de 1970 en la cual la Primera Guerra Mundial no había sucedido y las viejas potencias europeas seguían dominando el mapa. Maravillado ante esa suerte de utopía fabiana, Bastable se incorporó a las fuerzas imperiales, pero fue descubriendo la injusticia y la miseria que cimentaban el orden a cuyo servicio se había puesto.

Los escenarios de la ficción steampunk son habitualmente una mezcla de cierta idea del pasado victoriano o eduardiano –la «era del vapor (steam)»– con un presente marcado por los traumas de las guerras mundiales y el horror nuclear, donde personajes y sucesos de ficción conviven con figuras históricas y hechos reales en la geografía fabulosa de la especulación retrofuturista.

Cúpula de Hiroshima, por Jesús Martínez del Cerro.
Cúpula de Hiroshima, por Jesús Martínez del Cerro.

Moorcock se desmarcó del tópico del «peligro amarillo», desarrollado en obras literarias como The Yellow Danger (1898), de M. P. Shiel, o la serie de Fu Manchú, de Sax Rohmer, tópico al cual está ligado el motivo, recurrente en la literatura del siglo XIX, de la adicción al opio, reflejo del temor –inevitable en sociedades construidas sobre un «otro» colonizado– a la contaminación: Bastable no era el europeo corrompido por los «amarillos» y sus drogas que el abuelo del escritor creyó al principio: su confusión encubría algo más oscuro. Pero no solo los tópicos imperialistas son disecados por Moorcock: también los rebeldes que cuestionan el orden establecido caen bajo su lupa crítica, y el pasado regresa convertido en futuro que esta vez, atroz paradoja, por efecto involuntario de sus propias acciones bienintencionadas, pone fin a los sueños revolucionarios con la explosión de la bomba atómica en Hiroshima.

Es el atroz recuerdo de Hiroshima, no la adicción al opio, lo que atormenta a Bastable, atrapado en los laberintos del tiempo para siempre, condenado a vivir y revivir «una tras otra vidas casi idénticas hasta encontrar un modo de entender mi parte en ese crimen» («one almost identical life after another until I found some means to understand my part in that crime»). La Trilogía del Nómade no juega con la fantasía de corregir mágicamente el pasado sino que habla de nuestros impulsos autodestructivos como una constante fatal que perseguirá a nuestra especie en todos los universos posibles hasta que nos hagamos cargo de ella –hasta que encontremos, parafraseando a Bastable, un modo de entender nuestra parte en ese crimen (y otros)– para que el Apocalipsis se detenga.

Notas

(1) K. W. Jeter (1987). «Letter». Locus, no. 4, abril de 1987.

(2) Michael Moorcock (2009). «The Readers of Boing Boing - Interview Michael Moorcock» (http://tachyonpublications.blogspot.com.ar/2009/06/readers-of-boing-boing-interview.html).

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