¿Quién fue Felipe Boso?

«En el año de su centenario, su obra sigue depositada en la Biblioteca Nacional de España desde 2011. Habrá que ponerla de nuevo en las calles, sin pedir permiso para decirle que lo seguimos recordando y necesitando», escribe desde Madrid Gian P. Codarlupo, un verdadero «militante de Boso», en exclusiva para los lectores de El Suplemento Cultural.

Felipe Boso (Villarramiel, 1 de junio de 1924 - Meckenheim, 3 de febrero de 1983).
Felipe Boso (Villarramiel, 1 de junio de 1924 - Meckenheim, 3 de febrero de 1983).

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A Chús Arellano e Ignacio Miranda, por su fe inconmensurable en la eliminación del «yo».

Felipe Fernández Alonso nació en Villarramiel de Campos en 1924. Era el primer día del mes de junio y nada hacía sospechar a sus padres que aquel niño adoptaría el nombre literario de Felipe Boso y se iría de su tierra natal para establecerse en Alemania.

Los inicios

Su padre y su abuelo fueron curtidores, pellejeros, y tomó su seudónimo del poema fonético «Karawane», de Hugo Ball, donde aparece la palabra imaginaria bosso. Su madre era dibujante y asidua lectora para sus hijos. Boso, criado en un ambiente tradicional y burgués, fue un católico empedernido. Estudió en el colegio San José, de Valladolid, donde su tío Luis Fernández Martín era profesor y prefecto de estudios. Cursó el bachillerato de manera simultánea con estudios de Artes y Oficios en Peñaranda de Bracamonte. En esa época empieza sus primeras actividades literarias y algunas publicaciones en periódicos de provincia.

El poeta estudiaría Historia en Santiago de Compostela y más adelante seguiría estudios de Derecho y Filosofía. En su época universitaria estudia también piano, aprende gallego y crece su interés por la ciencia. Entre 1948 y 1950 traba amistad con Antonio G. de Lama. Ya en Madrid, comienza cursos de filosofía pura y se hace amigo de Vicente Aleixandre, Carlos Bousoño y Alfonso Costafreda. Un año después, realiza una estancia en el Nex College de Oxford, viaja a Roma y luego trabaja en Peñaranda, en la fábrica paterna, dedicada a los extractos tánicos.

Fue un hombre cuyos estudios formales no lo relacionaban con la literatura; su tesis fue un estudio sobre la repoblación y la evolución social e industrial de la comarca de Peñaranda, desde la Reconquista hasta la Edad Moderna. Era devoto de la estadística y de la jardinería zen.

A comienzos de la década de 1950 se traslada a Bonn, Alemania, para estudiar Geografía, Etnografía y Geología, gracias a una beca para escribir una tesis doctoral con el profesor C. Troll. En Alemania, a inicios de 1955, conoce a la que después fue su esposa: Antje Reumann Reimers, natural de Schleswig, península de Jutlandia.

Ese año nace su hija Cristina y atraviesan dificultades económicas. Entre 1955 y 1964 nacen sus hijos Diego y Guillén. Son años decisivos para Boso, que abandona los estudios de su tesis doctoral y se dedica enteramente a su labor como traductor.

Los trabajos y los días

Entre 1965 y 1968, en Bonn, alcanza una situación económica desahogada. Es en Alemania donde inicia su faceta de traductor libre, incansable. En esa actividad destacan el libro Veintiún poetas alemanes y sus traducciones de Rilke, Marx y Kant. Además, empieza a trabajar para el gobierno federal y sus instituciones.

En la efervescencia de aquellos años, lee a Kurt Schwitters, que influiría fuertemente en su obra, entabla estrechos lazos con Eugen Gomringer –considerado el padre de la poesía concreta, aunque esto es bastante discutible– y empieza a conocer la obra de autores alemanes como Ernst Jandl, Elias Canetti, Karl Krolow, Günter Eich, Ingeborg Bachmann, Paul Celan, Hans Bender o Ilse Aichinger. En 1972 presenta, en colaboración con Ignacio Gómez de Liaño, en el número de agosto de la revista alemana Akzente, la primera antología unitaria de la poesía visual española, y un año después consigue que José Luis Castillejo y Fernando Millán sean invitados a una lectura en Bonn, en el marco de la exposición Poesía Visual, organizada por Eugen Gomringer.

Para 1974, la familia compra una casa en Meckenheim y se traslada a ese pueblo, donde Boso saldría a pasear diariamente con su perro Basco. En 1978 sufre un primer infarto debido a la excesiva carga laboral. La muerte lo sorprende en Meckenheim en 1983, después de concluir la traducción de Cambio de Aliento, poesía de Paul Celan. Un infarto letal dejó a España sin uno de sus mayores exponentes en el campo de la poesía. Era el 3 de febrero y estaba amaneciendo cuando con tan solo 58 años Felipe Boso partió hacia otras búsquedas. Se dice que uno de los papeles que se encontraron en su pupitre rezaba:

Si llega un día

será sin zapatos

golpeando la puerta

con el rayo

que no suena ni brilla

pero hace daño

Un giro en la poesía española

La poesía experimental o visual tiene sus primeras manifestaciones en España en los años 60 y se consolida en los 70. En 1970, José María Castellet publica Nueve novísimos poetas españoles, donde se presenta una poesía influenciada por el cosmopolitismo y el culturalismo. Por esos años la poesía española empezaba a renovarse y dejar de lado los postulados de la poesía social.

Lo peligroso de las antologías es que proponen una sola dirección. Hasta ahora se ha aceptado que la de Castellet era la única propuesta renovadora. Pero la poesía experimental en España también fue otra vía de renovación del lenguaje: en ella cabían la semiótica, las instalaciones, los poemas-objeto, el concretismo, etc. Entre la pléyade de creadores en torno a los lenguajes que buscaban una renovación valdría la pena mencionar a Joan Brossa, Juan Eduardo Cirlot, Esther Ferrer, Eugen Gomringer, Carlos Edmundo de Ory, José Antonio Cáceres, Julio Campal, Fernando Millán, Elena Asins y José Luis Castillejo. Y respecto a los grupos también es necesario mencionar a Problemática-63, Zaj, Parnaso-70, n.o., etc.

En este panorama aparece la figura de Felipe Boso, que a estas alturas ya debería ser considerado un poeta de culto, con escasos pero fervientes lectores; más que lectores, Felipe Boso tiene militantes. Si bien es cierto que en el primer libro de Boso aún no se advierte una desarticulación del lenguaje como en Los poemas concretos, sí hay una invitación al juego, es decir, la palabra como juego. Antonio Molina, en una reseña publicada en el diario La Vanguardia Española el 18 de noviembre de 1971, manifiesta: «El hecho de que esta poesía sea anticonvencional no quiere decir que, tal vez por añadidura, y por la magia de la palabra, no esté impregnada de un sentido, que no de como consecuencia, en ocasiones, un resultado sentencioso, en el que el pensamiento, o la sugestión del pensamiento están visiblemente presentes». En fin, se podría decir que toda la obra de Boso es un juego poético. Pero vayamos más allá. En el poema inaugural del libro T de Trama, el autor le dice al lector que se fije en el presente, en la vida que está pasando frente a nuestros ojos; así, dice el poema «Propósito»:

¿A qué quieres que juguemos hoy?

A lo que quieras.

¿A qué quieres que juguemos hoy?

A jugar.

¿A qué quieres que juguemos hoy?

A hoy.

T de Trama

Felipe Boso nos muestra que la vida también es inestabilidad y peligro. Ya desde el primer libro empieza a introducir elementos experimentales, recursos visuales, prefiere lo esencial a la poesía de largo aliento. Es importante tener en cuenta que la publicación de T de Trama coincide con el furor de la antología de Castellet o lo que López Gradolí denominó «los eructos publicitarios “novísimos”», pero al mismo tiempo aparecen otros libros de autores como Fernando Millán o José-Miguel Ullán. Comenta José Luis Puerto en la edición de T de Trama de 2014 por Huerga & Fierro: «T de Trama es un libro conseguido. Configura un tejido poético muy contemporáneo a través de hilos permanentes que constituyen verdaderos universales (el ser, el tiempo, la muerte, lo religioso, el destino personal y el destino común de todos…)». En ese sentido, T de trama es un primer paso, una primera incursión en la radicalidad. Más adelante vendrían los libros donde Boso rompe con el lenguaje. La poesía visual se instala entonces, con operaciones de poesía experimental destruye los vocablos, tiene una mirada espacial y fonética, incluso logra aniquilar las letras y los signos.

Boso no surge de la nada. Ya a finales de los años 40 aparece en París la primera escuela letrista, con Isidore Isou como representante. De esta escuela derivará la poesía tipográfica de Franz Moon, Max Bense, Dieter Rot, la revista holandesa Nul. En América Latina, tendría en Ronaldo Azevedo y Augusto y Haroldo do Campos sus máximos representantes, con las revistas Noigandres e Invencao como órganos de difusión. Aquí es preciso nombrar la Primera Exposición Internacional de Poesía Concreta que realizó Mike Weaver en Cambridge o los trabajos de Gomringer y Max Bill en los años 50. En España, debido a la dictadura, no había poéticas de vanguardia. Habría que esperar la aparición de Julio Campal y su Problemática-63.

La escritura de Boso en un primer momento era bastante parecida a lo que se estaba escribiendo en la España franquista de aquellos años. Es interesante descubrir cómo va tornándose cada vez más radical. La revista de poesía Doña Berta dedica a la poesía experimental el número 3, del 30 de noviembre de 1982. En aquel número, un texto de Fernando Millán manifiesta: «4) frente a la invasión de lo discursivo, de la atracción aplastante de la publicidad, de la verborrea, la poesía sólo puede responder de una forma: tachando, negando, borrando...».

Periferias y vanguardias

Otra de las particularidades de Boso es que siempre lo atrajo lo periférico, como consta en una carta a Juan Carlos Jiménez de Aberasturi fechada el 12 de abril de 1973:

«No sé si sabrás que preparo nuevas cosas de importancia para aquí y para España. Me consta que tú eres uno de los experimentadores más sólidos. Pero conozco muy pocas tuyas. Creo que 4 o 5. ¿Podrías mandarme –a ser posible copias– unas cuantas, ocho o diez como mínimo? Me interesarían cosas sueltas y otras que formen parte de un ciclo más o menos largo. Mándalo todo bien empaquetado. Muchas gracias.

Háblame también de tus cosas. Me interesan en principio todos los experimentadores no madrileños».

Boso tuvo una mirada amplia, la que queremos reclamarle hoy a la poesía. El 1 de junio hubiera cumplido 99 años, estamos ad portas de su centenario y su obra sigue depositada en la Biblioteca Nacional de España desde 2011. ¿Qué ha hecho la BNE por difundir su legado? Habrá que poner su obra una vez más en las calles. Y sin pedir permiso para decirle que lo seguimos recordando y necesitando. Antes de culminar este artículo, va un agradecimiento especial a Diego Fernández Reuman (hijo de Felipe Boso), quien amablemente ha cedido parte de su archivo fotográfico familiar; a Eduardo Scala, quien ha facilitado material inédito y fue el punto de contacto con Diego; y a Chus Arellano, la primera persona que me habló de este ilustre desconocido del siglo XX. Les repito lo mismo: ¡Boso! ¡«Lean» a Felipe Boso! Volvamos a buscar en las vanguardias, llevemos a juicios sumarios la «tradición», desarticulemos el lenguaje, volvamos a Felipe Boso.

Bibliografía

Aizarna, S. (7 de septiembre de 1973). Felipe Boso o la poética del ingenio. Unidad, p. 8.

Boso, F. (2007). La palabra islas. España, Universidad de León.

Boso, F. (19 de febrero de 1972). Felipe Boso, poeta experimental. (M. C. de Celis, Entrevistador). Salamanca, España.

Boso, F. (1994). Los poemas concretos. Valladolid, La Fábrica.

Boso, F. (2008). Poesía concreta. (T. Vallès, Trad.) Barcelona, Mediterrània.

Boso, F. (2008). Una palabra menos. España, Fundación Díaz Caneja.

Boso, F. (2014). T de Trama. España, Huerga & Fierro.

Boso, F. (2017). Mi jaula es una celda (correspondencia, 1969-1983). (J. M. Lafuente, Ed.) España, Ediciones La Bahía.

Conde, L. (diciembre de 1971). T de Trama. Artesa, p. 115.

De Diego, E. (1989). objeto poé(lí)tico. La poesía experimental española. (S. L. Stratton, Trad.) España, The Spanish Institute; Calcografía Nacional.

López Gradoli, A. (18 de enero de 1973). Nuevos poetas españoles. Diario de Lérida.

Millán, F. (1981). Una progresión negativa: nueve razones entre otras. (J. M. Montells Galán, Ed.) Doña Berta: poesía y prosa.

Molina, A. (18 de noviembre de 1971). T de Trama, de Felipe Boso. La Vanguardia Española.

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