Luego de que se hagan públicas las denuncias sobre la presunta venta irregular de fármacos de uso exclusivo del Instituto de Previsión Social (IPS) y que las autoridades de control interno hayan intervenido el área del albergue de familiares en el Hospital Central, la realidad que afrontan los asegurados es indignante.
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Para los trabajadores asegurados del IPS, la retención salarial mes a mes representa la promesa de una cobertura médica integral. Sin embargo, en la explanada del albergue de la Unidad de Terapia Intensiva (UTI) del Hospital Central, esa promesa se desmorona a la velocidad con que los médicos entregan las recetas al amanecer.
Algo de todos los días
Mientras las autoridades e investigaciones fiscales buscan desmantelar el esquema de venta irregular de medicamentos en el recinto, en los pasillos la realidad es más directa: una escasez abrumadora que afecta brutalmente a las familias golpeadas por la enfermedad de un ser querido.
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“A la mañana me dan una receta para ir a comprar un medicamento de 200 a 300 mil guaraníes. A la tarde, otra receta igual. En la farmacia del IPS nunca hay nada; están jugando con la salud de nuestros familiares”, relató Cristian, un asegurado oriundo de Capiatá.
Cristian lleva ocho días acampando en el albergue mientras su hija de seis años lucha por su vida en terapia intensiva a causa de severas convulsiones. Su rutina diaria se convirtió en una carrera contra el tiempo a bordo de su motocicleta para recorrer farmacias privadas externas en busca de los insumos urgentes que el hospital no provee.
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El gasto diario oscila entre los 500.000 y 800.000 guaraníes. Un costo desgastante que debe asumir de su propio bolsillo, tras verse obligado a suspender por completo sus actividades laborales para permanecer al lado de la niña.
La carencia no se limita a las farmacias
La mora institucional en la realización de estudios diagnósticos alcanza niveles insostenibles. Ante la indicación urgente de una tomografía cerebral para su hija, las autoridades del centro asistencial informaron a Cristian que la lista de espera era de dos meses.
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Por esta situación, debió contratar a un laboratorio privado que ingresó con sus propios equipos al hospital, cobrándole cerca de un millón de guaraníes por el estudio.
Frente al desabastecimiento, la empatía entre iguales es el único refugio: los propios familiares organizaron en el albergue una red de contención donde se donan y comparten los insumos sobrantes. Una farmacia comunitaria nacida de la solidaridad en un lugar donde los aportantes pagan mensualmente para no tener que pedir auxilio.