Un bóxer cosido en una planta en suelo paraguayo termina colgado en una tienda de San Pablo sin que el comprador repare en la etiqueta y el origen. Esa prenda resume el modelo que llevó a la confección local a crecer en los últimos años: producir rápido, barato y a escala para otros.
La industria atraviesa una etapa de expansión impulsada por las exportaciones y por el régimen de maquila. Todavía opera a una escala menor que los grandes polos regionales como Brasil, México, Argentina y Colombia, pero logró hacerse un lugar en las cadenas productivas del Mercosur con tres ejes: ventajas tributarias, costos operativos competitivos y una estructura flexible.
+82% de crecimiento
Según registros del sector, las ventas externas de confecciones pasaron de US$ 177 millones en 2018 a US$ 323 millones en 2025, un crecimiento acumulado superior al 82%. En el último año, el avance interanual fue del 3,6%.
Para Santiago Colombino, vicepresidente de la Asociación Industrial de Confeccionistas del Paraguay (AICP), que analizó con ABC Negocios el desarrollo del sector, esa curva hacia arriba demuestra que la industria ya sabe insertarse en cadenas regionales. “El desafío es otro: no se trata solo de coser más prendas, sino de que cada una deje más valor en el país”, resume.
De la maquila al motor exportador
El mapa empresarial combina dos mundos. De un lado, firmas nacionales con trayectoria en hilandería, tejeduría y confección: pymes de entre 1 y 50 empleados y grandes compañías que rondan los 500 colaboradores.
Del otro, empresas de capital extranjero, mayoritariamente brasileño, que operan bajo el régimen de maquila y en otra escala: hoy existen plantas que superan los 1.000 trabajadores.
En el frente exportador, el peso de ese segundo grupo es determinante. Históricamente, entre el 80% y el 90% de las confecciones vendidas al exterior provienen de maquiladoras.
El rubro textil y de confecciones fue, además, el segundo más importante de la maquila en 2025, con entre el 17% y el 18% de lo exportado bajo ese esquema. El régimen en su conjunto superó los US$ 1.300 millones en ventas externas ese año, según datos del Ministerio de Industria y Comercio.
¿Qué atrae a los inversores? Colombino enumera cuatro factores: el tributo único del 1% sobre el valor agregado que establece la ley de maquila; la energía eléctrica limpia y barata; una mano de obra joven, con costos laborales inferiores a los de Brasil y Argentina, y el acceso preferencial al Mercosur.
El impacto se mide también en empleo. La maquila sostiene más de 40.000 puestos formales y el 70% de esa mano de obra se concentra en cinco rubros: confecciones, autopartes, servicios intangibles, plásticos y productos químicos. La confección está entre los sectores que más trabajadores absorben dentro del régimen, con plantas que funcionan como grandes empleadores en sus comunidades.
Brasil compra, Paraguay cose
Brasil es el principal destino y la pieza central de la expansión. Le siguen Argentina, Estados Unidos, Chile, Países Bajos, Bolivia y Uruguay.
La canasta exportadora está dominada por productos de alta rotación: ropa interior, con los bóxers a la cabeza; medias, pantalones y jeans; remeras de algodón y fibras sintéticas, y artículos de blanco para cama, mesa y baño.
En los primeros meses de 2026, la participación de las confecciones dentro de la maquila bajó entre el 14% y el 16%. No es una caída del sector, sino el efecto del crecimiento acelerado de otros rubros del régimen. Según el MIC, la maquila acumuló US$ 1.010 millones en exportaciones a agosto de este año, 26% más que en igual período de 2025, con el alcohol etílico y los cables para autopartes entre los motores del salto.
Para la industria, el dato encierra una advertencia: la dependencia de un solo mercado es un riesgo. Diversificar destinos, sumar diseño a los productos y construir marcas propias aparecen como las vías de expansión más claras.
Contrabando: el rival que llega sin reglas
Mientras las exportaciones avanzan, el mercado interno cuenta otra historia. Las empresas formales compiten contra productos que ingresan por distintas vías y presionan los precios a la baja.
Colombino hace una distinción clave: la importación formal no es el problema. Cuando la mercadería entra por la vía legal, paga sus tributos y compite con las mismas reglas, las empresas locales pueden prepararse para enfrentarla. El problema es todo lo demás: contrabando, subvaloración y ropa usada.
“Una prenda que no paga impuestos ni cumple normas puede venderse por debajo del costo de una formal, y esa diferencia no se compensa con eficiencia en la planta ni con mejor gestión”.
El sector identifica prendas que se declaran como otros productos para tributar menos. Y alerta sobre un riesgo de mayor alcance: que mercaderías importadas sean reetiquetadas y reexportadas al Mercosur como si fueran paraguayas. Además de golpear a los fabricantes locales, esa práctica puede dañar la reputación del origen Paraguay en sus mercados clave, empezando por Brasil.
La ropa usada que entra de forma irregular completa el cuadro. Para el gremio, cada prenda que cruza por canales informales es una oportunidad menos para la producción y el empleo formal.
El precio de competir
La lista de obstáculos es larga. La mediterraneidad encarece la logística; los fletes son altos y el financiamiento para capital de trabajo, costoso.
Ninguno de estos factores es nuevo, sostiene Colombino. “Pero juntos pesan más cuando los márgenes se estrechan y los competidores regionales también invierten para ganar velocidad”.
A eso se suma el tipo de cambio. La apreciación del guaraní ya eleva los costos de producción medidos en dólares y le resta competitividad a la prenda paraguaya frente a la de sus vecinos. Según la visión empresarial, en los próximos años también podrían cambiar las condiciones impositivas que hoy sostienen el modelo.
La mano de obra especializada es otro cuello de botella. Las plantas necesitan operarios formados en costura industrial, patronaje y mantenimiento de equipos, perfiles que el mercado no siempre ofrece.
La cadena de proveedores muestra sus propias grietas. Buena parte de las telas e insumos se importa, lo que alarga los plazos de producción y expone a las empresas a los vaivenes de la logística internacional. Y los compradores globales exigen cada vez más sostenibilidad y trazabilidad.
Tres frentes para más competitividad
Las inversiones actuales se concentran en tres frentes. El primero es la ampliación de la capacidad instalada de las maquiladoras orientadas al mercado brasileño. El segundo, la modernización tecnológica: maquinaria de corte automatizado, bordado y estampado digital. El tercero, la capacitación técnica, clave para acompañar la transformación de las plantas y elevar la productividad.
Aun así, aumentar la inversión productiva sigue siendo uno de los grandes pendientes, resume Colombino. “Las empresas necesitan acelerar la digitalización y la automatización para ganar eficiencia y responder a las nuevas exigencias de los mercados”.
El algodón puede cerrar el circuito
Colombino ve en el resurgimiento del algodón paraguayo una oportunidad estratégica. Una mayor producción de fibra podría atraer inversiones en hilados y tejidos, justamente el eslabón más débil de la cadena local.
Integrar el circuito algodón–hilado–tejido–confección permitiría desarrollar proveedores nacionales, reducir la dependencia de insumos importados y aumentar el contenido local de cada prenda. Es, según el sector, una de las oportunidades de mayor impacto para la industria.
Del costo a la marca
El diagnóstico gremial es claro: la competitividad futura no podrá descansar solo en ventajas tributarias o de costos. La estrategia pasa de competir por precio a ofrecer diseño, tecnología, calidad, trazabilidad y, eventualmente, marcas propias e identidad paraguaya.
El cambio no es menor; implica dejar de vender minutos de costura para vender propuestas completas: desarrollo de producto, colecciones, plazos de entrega cortos y la garantía de saber de dónde salió cada fibra.
Para acelerar ese giro, el sector plantea dos herramientas concretas: la integración de la cadena del algodón para desarrollar proveedores locales, y que las compras públicas prioricen la confección nacional, como forma de generar demanda para las empresas formales.
Con exportaciones que ya superan los US$ 300 millones anuales, la confección paraguaya demostró que puede coser para la región. La próxima etapa exige otra cosa: pasar de una plataforma basada en impuestos bajos, energía barata y mano de obra competitiva a una industria con más tecnología, proveedores locales, diseño y marcas. Que la etiqueta, la marca y la identidad nacional importen.