Esos abrazos políticos no le sirvieron a Erico Galeano para tapar el abucheo del público y menos para tapar la curiosidad del periodismo. Con una gran sonrisa de crema dental, con su típica boina, Erico Galeano hizo su millonaria aparición en pantalla.
De origen humilde, Erico desplegó un poder económico que enmudeció hasta a quienes lo conocen. Dizque tabacalero y asociado a procesados en el Brasil, fue en CDE donde cimentó su poderío económico. Con el paso de los años su fortuna fue creciendo, hasta llegar a mover millones de dólares sin que al sistema financiero formal le llame la atención el origen del dinero. Sacaba multimillonarios préstamos de la Cooperativa Capiatá un día y a las pocas horas retornaba el capital.
El operativo A ULTRANZA lo expuso más que las potentes luces de su estadio. Y su correligionario senador Derlis Osorio lo terminó de iluminar y decorar. Según el senador, Erico andaba pidiendo plata a varios correligionarios, en efectivo, y por un total de 500.000 dólares para ayudar al uruguayo prófugo y sospechado de narcotráfico Sebastián Marset.
El senador Derlis Osorio denunció esto el 8 de junio del año pasado ante la Fiscalía. ¿Qué hizo la Fiscalía General con esta información? NADA. DIEZ meses después, con Sandra Quiñónez fuera y Emiliano Rolón dentro, el fiscal Juan Manuel Ledesma, a cargo de la investigación de Galeano, convocó al senador Derlis Osorio a prestar declaración. Para su bochorno, el mismo día que tomó declaración con 300 días de atraso, se supo que el Fiscal Ledesma fue destinado a Alberdi.
No es 21 de setiembre, pero el viejo Ministerio Público con el nuevo Fiscal General Emiliano Rolón adelantó la temporada primaveral. Han empezado a sacar afuera todo lo que exitosamente fue enterrado en catacumbas por largos años desde los días de Javier Díaz Verón hasta Sandra Quiñónez. Salvo honrosas excepciones de actuaciones fiscales que nos han enorgullecido con su coraje e inteligencia, los músculos de investigación y defensa de la Fiscalía llevan años oprobiosamente anestesiados.
De a poco se apagan las luces del salón, se potencia la lumínica del escenario, se levanta el telón y van cayendo las máscaras. Lento pero seguro, que todo lo parado vuelva a marchar, que lo que estaba enterrado se vuelva a desempolvar… y que no me tenga que arrepentir por este optimismo tempranero.