Mientras las normativas del Banco Central del Paraguay (BCP) suelen establecer plazos más prudentes para amortizar costos operativos, Ueno Bank, ligado al Grupo Vázquez SAE, presidido por Federico Miguel Vázquez, logró una excepción regulatoria sin precedentes tras la absorción de Visión Banco en 2024. Esta flexibilización le permitió “patear” a 20 años los costos de transición, un beneficio que le ayudar a no “castigar” sus utilidades actuales con la pesada carga de la cartera deteriorada de la entidad absorbida, que representaba unos G. 2,5 billones.
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Al cierre del ejercicio 2024, la “cuota” anual por estos cargos diferidos era de G. 87.077 millones. Sin embargo, al cierre del ejercicio 2025, el banco registró un salto alarmante en otros rubros que, bajo condiciones normales, deberían ser gastos directos, pero que aquí aparecen “protegidos” bajo la figura de activos a amortizar.
¿Gastos disfrazados?
El incremento más drástico se dio en los denominados bienes intangibles (sistemas), que treparon de G. 219.137 millones a G. 761.444 millones en solo un año. Si bien el banco podría argumentar que se trata de “inversión en tecnología”, la magnitud del salto (más de G. 540.000 millones adicionales) sugiere que se están capitalizando costos operativos para evitar mostrar pérdidas en el balance.
A esto se suma la contradicción en el rubro de mejoras en inmuebles arrendados, donde los gastos pasaron de G. 5.546 millones a G. 38.988 millones. Resulta financieramente inconsistente que una entidad que atribuye gran parte de sus ganancias a ingresos por “alquileres” -actuando como dueño- registre al mismo tiempo gastos récord en mejoras de locales que no le pertenecen.
Según los mismos balances de Ueno, en 2025 el rubro “alquileres” le dejó ganancias de G. 180.000 millones, mientras otro ítem bastante particular como “proyectos” de G. 200.400 millones. En total, por otras ganancias diversas el banco dice que ganó G. 497.944 millones.
Una solvencia “de papel”
Esta ingeniería financiera, aunque cuente con la venia del ente regulador, diluye la “solvencia” real de la entidad que hoy custodia los ahorros estatales y del Instituto de Previsión Social (IPS). En términos contables, el banco parece sólido porque registra estos G. 800.000 millones como “bienes”, pero en la realidad son gastos ya ejecutados que carecen de valor de reventa.
Si el banco enfrentara una necesidad inmediata de liquidez, estos activos intangibles no pueden convertirse en efectivo para devolver el dinero a los depositantes.
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La “solvencia” de Ueno, cuyos principales accionistas fueron socios comerciales del presidente Santiago Peña hasta abril de 2025 a través de Ueno Holding Saeca, depende hoy, en gran medida, de la persistencia de este permiso excepcional de 20 años; un blindaje contable que no tiene comparación con ninguna otra entidad del sistema financiero paraguayo.