Día de Lucha contra la Desertificación y Sequía: ¿se puede revertir la desertificación?

Concepto de sequía y desertificación.Shutterstock

Cada 17 de junio, la ONU recuerda una crisis que avanza en silencio: la desertificación. Con el clima más cálido y lluvias más erráticas, los suelos fértiles se vuelven polvo. ¿Aún puede revertirse?

Cuándo es y por qué se celebra el Día de Lucha contra la Desertificación y la Sequía

El Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía se conmemora cada 17 de junio, establecido por Naciones Unidas en 1994, en torno a la adopción de la Convención de la ONU de Lucha contra la Desertificación (UNCCD).

La fecha busca visibilizar que la degradación del suelo no es un problema “rural” o lejano: afecta alimentos, agua, migraciones, salud y estabilidad económica.

Concepto de sequía y desertificación.

Y lo hace con una particularidad: suele avanzar sin titulares, hasta que ya es tarde.

Qué ocurre cuando el suelo pierde vida: la desertificación como crisis invisible

La desertificación no significa “que el desierto se expande” en sentido literal.

La UNCCD la define como degradación de tierras en zonas secas por variabilidad climática y actividades humanas. En términos simples, un suelo “vivo” —con estructura, materia orgánica, microorganismos y capacidad de retener agua— puede convertirse en un sustrato compactado y erosionable.

Concepto de sequía y desertificación.

El resultado se mide en cadena: cae la productividad agrícola, aumenta el escurrimiento y se recargan menos los acuíferos; se multiplican tormentas de polvo, se empobrece la biodiversidad y se libera carbono almacenado.

La ONU advierte que hasta el 40% de las tierras del planeta muestran algún grado de degradación; la FAO estima que la erosión puede arrastrar decenas de miles de millones de toneladas de suelo fértil al año. Es una crisis “invisible” porque ocurre centímetro a centímetro.

Cómo el cambio climático acelera la pérdida de suelos fértiles en el mundo

El calentamiento global actúa como acelerador. A más temperatura, más evapotranspiración, y por lo tanto más estrés hídrico incluso si llueve lo mismo.

Además, el clima está volviendo las precipitaciones más irregulares: menos días de lluvia, pero eventos más intensos que erosionan con facilidad suelos desnudos.

Las sequías prolongadas reducen cobertura vegetal; los incendios degradan la materia orgánica y dejan superficies expuestas; la salinización avanza en deltas y zonas costeras por intrusión marina y mala gestión del riego.

La desertificación, en este contexto, es la convergencia entre clima extremo y decisiones humanas.

¿Se puede revertir la desertificación? Las estrategias que están funcionando

Revertir parte del daño es posible, pero no es automático ni inmediato. Cuando un ecosistema cruza ciertos umbrales —pérdida profunda de suelo, salinización severa, colapso hidrológico— la recuperación puede tardar décadas o volverse inviable sin intervenciones costosas.

Concepto de sequía y desertificación.

Aun así, hay estrategias con evidencia y resultados:

La primera es mantener el suelo cubierto y con carbono: agricultura regenerativa y agroecología (rotaciones, cultivos de cobertura, compost, menos labranza) para reconstruir estructura y retención de agua.

La segunda es restaurar vegetación con enfoque local, priorizando la regeneración natural asistida cuando el banco de semillas y raíces aún existe; en el Sahel, experiencias como las de Níger han documentado aumentos de árboles en parcelas agrícolas y mayor resiliencia.

La tercera es gestionar el agua como si fuera suelo: cosecha de lluvia, terrazas, zanjas de infiltración, restauración de humedales y manejo de cuencas para frenar erosión.

También funciona el pastoreo planificado donde corresponde —evita sobrepastoreo y permite recuperación de pastizales— y, a escala pública, políticas de tenencia segura, sistemas de alerta temprana de sequía y metas de neutralidad de degradación de tierras (restaurar tanto como se degrada).

La conclusión es clara: la desertificación puede frenarse y, en muchos casos, revertirse; lo que no se recupera es el tiempo perdido si se espera a que el suelo “hable” cuando ya se ha quedado sin vida.

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