El reciente análisis del Banco Mundial se basa en indicadores históricos disponibles desde 1950, entre ellos la esperanza de vida, los años de escolarización, la pobreza extrema, el acceso a la electricidad, el empoderamiento político de las mujeres y la intensidad de carbono de la economía.
Aunque existen limitaciones de datos en períodos tan extensos, el organismo señala que el deterioro en la velocidad de progreso también aparece en otros 20 indicadores adicionales relacionados con salud, ingresos, nutrición, acceso a servicios y calidad de vida.
La metodología utilizada compara la velocidad de progreso de cada país respecto a la experiencia histórica típica de economías que se encontraban en niveles similares de desarrollo.
Por ejemplo, si históricamente un país tarda 10 años en reducir la pobreza extrema de 20% a 15%, pero logra ese cambio en cinco años, entonces se considera que avanzó al doble de velocidad. Si tarda 20 años, el progreso se interpreta como la mitad de la velocidad habitual.
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A partir de ese cálculo, el Banco Mundial construyó una medición de la velocidad promedio de desarrollo global durante las últimas siete décadas y media. Los resultados muestran que el progreso alcanzó su punto máximo poco antes de 2010 y posteriormente comenzó una desaceleración constante. Actualmente, la velocidad global de desarrollo se encuentra en su nivel más bajo desde 1950.
Uno de los ejemplos más visibles aparece en la reducción de la pobreza extrema. Durante los años 80 y principios de los 90, el avance fue lento e incluso muchos países registraron aumentos en los niveles de pobreza.
Posteriormente, entre finales de los años 90 y principios de los 2000, se produjo una etapa de fuerte reducción de la pobreza, impulsada, principalmente, por el crecimiento económico en economías emergentes. Esa dinámica perdió intensidad con el paso de los años y en el presente la disminución de la pobreza atraviesa su menor ritmo en más de tres décadas.
El impacto de esta desaceleración tiene consecuencias concretas sobre las condiciones de vida de millones de personas. El Banco Mundial estima que actualmente alrededor de 800 millones de personas viven en situación de pobreza extrema en el mundo.
Sin embargo, si la velocidad de progreso observada en décadas anteriores se hubiera mantenido durante los últimos diez años, habría aproximadamente 150 millones menos de personas en esa situación.
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El deterioro también se observa en indicadores vinculados a la calidad de vida y al capital humano. En esperanza de vida y suministro eléctrico, el ritmo de avance actual es el más lento de los últimos 75 años.
En educación, la desaceleración es la más pronunciada desde la década de 1960. Los datos también revelan que el empoderamiento político de las mujeres registra un retroceso por primera vez desde los años 50, reflejando un debilitamiento en uno de los indicadores sociales que históricamente mostraba mejoras sostenidas.
Entre los seis grandes indicadores analizados, solo uno presenta actualmente una velocidad de avance superior a la media histórica: las emisiones de dióxido de carbono por unidad de PIB. Esto implica que la intensidad de carbono de la economía está disminuyendo más rápido que en décadas anteriores, en parte debido a mejoras tecnológicas, transición energética y cambios regulatorios en distintas regiones del mundo.
El Banco Mundial también identifica señales de desaceleración en múltiples indicadores adicionales. Entre ellos figuran el retraso en el crecimiento infantil, la desnutrición, la mortalidad de menores de cinco años, la renta nacional bruta per cápita, el acceso a combustibles limpios para cocinar, el rendimiento de cereales, la cobertura de inmunización y el acceso a agua potable segura.
En otros indicadores, como el acceso a electricidad rural, agua y saneamiento básicos, saneamiento seguro y empleo vulnerable, el deterioro del ritmo de avance comenzó recientemente.
De los 20 indicadores adicionales analizados, solo tres muestran una aceleración en el progreso: la matrícula terciaria, las suscripciones móviles y el uso de internet. Esto refleja que las áreas vinculadas a digitalización y conectividad continúan expandiéndose a mayor velocidad que otros componentes del desarrollo humano y económico.
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La desaceleración además presenta un carácter generalizado entre regiones. El BM señala que prácticamente todas las regiones del mundo muestran actualmente velocidades de progreso inferiores a las observadas en décadas anteriores. Con excepción del sur de Asia, todas las regiones registran hoy sus niveles más bajos de avance desde 1950.
Desde el Banco enfatizan que sostener el desarrollo global requerirá recuperar el dinamismo económico, fortalecer las políticas públicas y ampliar la capacidad de los países para enfrentar desafíos estructurales relacionados con pobreza, educación, salud y acceso a servicios básicos.
El riesgo, advierte el organismo, no solo consiste en avanzar más lentamente, sino también en perder parte de los logros acumulados durante las últimas generaciones.
* Este material fue elaborado por MF Economía e Inversiones.