Crónicas de un futuro posible

«Ficciones como las presentadas en las sagas cinematográficas Terminator y Matrix presagiaron un futuro en el que las máquinas, movidas con inteligencia artificial, dominarían a los seres humanos», escribe Marcelo Bogado.

La robot Sophia
La robot inteligente Sophia hablando en una cumbre de Ginebra del año 2018

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Según me contó mi abuela, la primera licuadora que compró –siendo una joven ama de casa brasileña– venía con un curso incluido, en el que ella participó y aprendió a hacer varios jugos y otras recetas para el hogar. En aquel tiempo, este electrodoméstico era aún una novedad y las personas no sabían muy bien qué hacer con él. Por ello, necesitaban un curso.

Estamos entrando en un momento de la historia semejante al que vivió mi abuela hace unos setenta años, cuando compró su primera licuadora. Ahora con nuevos inventos en el ámbito de la tecnología, particularmente de la informática, que ya están comenzando a cambiar el presente y, sin dudarlo, modificarán enormemente nuestro futuro, en direcciones que ya fueron imaginadas en el pasado y que pueden presagiar algunos escenarios en nuestra relación con estas invenciones. Estamos comenzando a transitar un camino en el que no sabemos a ciencia cierta qué haremos con nuestra tecnología y mucho menos lo que esta hará de nosotros.

Los robots, que hasta hace poco eran invenciones de historias de ciencia ficción o mitos, ya son una realidad. Podemos rastrear la creación de estos seres en la imaginación humana ya hace más de dos mil años. Según cuentan relatos que nos llegaron de los griegos clásicos, el dios herrero Hefesto creó en su forja una estatua de bronce, a la que llamó Talos, que se convirtió en sirviente del rey Minos y guardián de la isla de Creta. Su trabajo consistía en recorrer tres veces al día la isla y arrojar piedras a todos los barcos extranjeros que se acercaban a las costas (1).

En la Ilíada de Homero se menciona que Hefesto contaba con dos asistentes mecánicas, hechas de oro: «Vistió [Hefesto] la túnica; tomó el fornido cetro y salió cojeando, apoyado en dos estatuas de oro que eran semejantes a vivientes jóvenes, pues tenían inteligencia, voz y fuerza y hallábanse ejercitadas en las obras propias de los inmortales dioses» (2).

Estas creaciones de Hefesto eran, según las descripciones, capaces de calcular la distancia a la que se encontraban los barcos y la fuerza con la que debían arrojarles piedras para hundirlos, en el caso de Talos, y estaban ejercitadas en las obras de los inmortales, en el caso de las ayudantes de oro. Todo lo cual presupone inteligencia; que hoy llamaríamos, sin dudarlo, «inteligencia artificial».

No hemos hallado vestigios de semejantes robots creados por los griegos. Por ello, consideramos estos relatos como fruto de la imaginación de los antiguos. Los vemos como simples mitos.

Pasado el tiempo, con los avances de la tecnología, escritores y guionistas se atrevieron a imaginar seres semejantes a los creados por Hefesto y, por medio de ficciones futuristas, que se suponía algún día no muy lejano se cumplirían, se permitieron mostrar el tipo de habilidades que tendrían estos robots y de qué manera ayudarían a los humanos del futuro.

La cultura de masas presentó varias predicciones de cómo serían los robots inteligentes del futuro y de qué tipo de tareas serían capaces de hacer. La serie de dibujos animados Los Supersónicos, de comienzos de los años 1960, pintó robots del futuro haciendo más fácil la vida de las personas y nos mostró de manera más cercana a uno de ellos, Robotina, como una sirvienta de la familia protagonista, que es no sólo una máquina sino «alguien de la familia» (3). Años más tarde, en la serie Perdidos en el espacio los tripulantes humanos de la nave espacial cuentan con el robot B9, programado para proveerles de información y soporte.

Si bien ambos robots eran muy serviciales y mostraban la mejor predisposición para cumplir las funciones para las cuales fueron diseñados, su funcionamiento no se encontraba exento de errores. En un episodio de Los Supersónicos, Robotina, debido a un desperfecto, se siente obsoleta y busca suicidarse, hasta que los miembros de la familia la convencen de que la quieren, se ocupan de repararla y con esto se soluciona el problema. En un episodio de Perdidos en el espacio, B9 es engañado por un villano que le carga tequila, haciéndole creer que es fluido para máquinas, debido a lo cual el robot se comporta como borracho y canta música de mariachis, hasta que es reparado.

Ambos casos advierten sobre los riesgos del uso de robots, que pueden ser muy útiles, pero no necesariamente del todo confiables. Su funcionamiento podría, eventualmente, dañar a los demás o a ellos mismos, aunque esto no haya sido deseado por quienes los diseñaron. Advertencia que debe ser tomada en cuenta con los robots que ya están siendo comercializados, varios de ellos para uso doméstico.

El escritor de ciencia ficción Isaac Asimov, al imaginar a comienzos de la década de 1980 el futuro de la tecnología y cómo afectaría a las personas, consideraba que los robots se ocuparían de gran parte de los trabajos que realizaban los seres humanos, facilitando con esto enormemente sus vidas; lo cual plantearía que aquellas personas que serían remplazadas por el trabajo de las máquinas deberían de adquirir nuevas habilidades para ganarse la vida (4).

Una de las externalidades que creará el uso de robots o de inteligencia artificial aplicada a la tarea que sea será, como lo previó Asimov, la de hacer prescindible buena parte del trabajo humano, tanto físico como intelectual. Lo cual puede ser visto como algo positivo o como algo negativo. Para algunos, significará que aquellas personas cuyo trabajo será realizado por una máquina perderán su fuente de ingresos. Para otros, aumentará la productividad y el trabajo humano será menos pesado. Este proceso ya está en marcha.

Según la visión prospectiva que se desprende de un estudio de la Organización Internacional del Trabajo, la inteligencia artificial generativa no eliminará trabajos, no representará un peligro de pérdida de empleos para los trabajadores, sino que sino que complementará y automatizará las tareas actualmente realizadas por humanos (5).

Según prevé un estudio del Fondo Monetario Internacional, el impacto de la inteligencia artificial será mayor en los países más desarrollados y afectará más a los empleos mejor calificados, cuyos trabajadores podrán ver disminuida la demanda de las labores que realizan o simplemente ser remplazados por máquinas. La brecha entre naciones en el uso de la inteligencia artificial podrá, asimismo, llevar a que los países que tengan menos capacidad de uso de esta tecnología se vean rezagados con respecto a aquellos que la usen más, acentuando las distancias entre países ricos y pobres (6).

Ficciones como las presentadas en las sagas cinematográficas Terminator y Matrix presagiaron un futuro en el que las máquinas, movidas con inteligencia artificial, dominarían a los seres humanos y al planeta Tierra. En el año 2017, durante una emisión del programa estadounidense de entrevistas The Tonight Show, el robot Sophia bromeó con el presentador Jimmy Fallon sobre esta posibilidad. Al preguntarle el anfitrión del programa si podía contarle un chiste, el robot le contó uno, y luego le pidió al presentador jugar piedra papel o tijera «al estilo robot». Sophia le ganó la partida a Fallon y dijo: «Gané. Este es un buen comienzo en mi plan para dominar a la humanidad». Tras lo cual el robot se rió, aclarando rápidamente que solo estaba bromeando, y despertando con su broma las carcajadas del presentador y del público presente (7).

Que esta broma se cumpla o no, dependerá de lo que los seres humanos hagamos de la inteligencia artificial. Lo que esta haga con nosotros en el futuro dependerá de las capacidades que le provean quienes la programen. Por eso la preocupación de quienes consideran urgente una legislación que limite los riesgos de la inteligencia artificial –aún en ciernes– se presenta como una necesidad para garantizar un futuro armónico, en el que los seres humanos no seamos víctimas de nuestras creaciones.

Notas

(1) Graves, R. (2001). Los mitos griegos. Ariel: Barcelona, p. 103.

(2) Homero (1927). Obras completas de Homero. Montaner y Simón: Barcelona, p. 212.

(3) El nombre original en inglés del dibujo animado es The Jetsons, y el de la robot es Rosey.

(4) Entrevista realizada en 1982. Disponible en YouTube: https://www.youtube.com/watch?v=0ZCxclHk1xo

(5) OIT (2023). La IA generativa complementará empleos, en vez de destruirlos: https://www.ilo.org/global/about-the-ilo/newsroom/news/WCMS_890741/lang--es/index.htm

(6) Rivera, V. (2024). El FMI advierte sobre el impacto de la inteligencia artificial en los empleos de economías avanzadas: https://www.mundiario.com/articulo/economia/fmi-advierte-impacto-inteligencia-artificial-empleos-economias-avanzadas/20240115183159294457.html

(7) El programa se encuentra en YouTube en el siguiente enlace: https://www.youtube.com/watch?v=Bg_tJvCA8zw

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