Paraguay atraviesa una mutación silenciosa pero profunda en su estructura poblacional. Las tres variables fundamentales que rigen la dinámica de una sociedad —fecundidad, mortalidad y migración— registran variaciones inéditas que alejan definitivamente al país de los patrones tradicionales del siglo pasado y lo encaminan hacia un modelo de crecimiento desacelerado y envejecimiento progresivo.
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Según las proyecciones más recientes del Instituto Nacional de Estadística (INE), la población paraguaya se sitúa actualmente en torno a los 6.460.000 habitantes. Sin embargo, la velocidad con la que se expandía el tejido social ha cambiado de forma drástica, impactando de manera directa en el diseño de las políticas públicas de los próximos años.
El fin del boom de la natalidad
El indicador más revelador del nuevo escenario es el comportamiento de la fecundidad. Según explicó a la 1080 AM, el titular del INE, Iván Ojeda, la Tasa Global de Fecundidad descendió a un promedio de 1,9 hijos por mujer durante su edad fértil, situando al país por debajo del límite biológico de reemplazo generacional.
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“Hoy en promedio las mujeres en el Paraguay durante su vida fértil, de 15 a 49 años, tienen en promedio 1,9 hijos y ya está por debajo de la tasa de recambio que implica dos. A partir de ahora nosotros vamos a empezar a decrecer”, advirtió el director del INE.
Esta contracción representa un cambio cultural drástico. Ojeda recordó la evolución histórica señalando que “en los años 50 las abuelas y bisabuelas tenían en promedio en el Paraguay siete hijos”, cifra que se desplomó progresivamente hasta el registro actual.
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La postergación de la maternidad y el acceso a la planificación familiar han reestructurado los hogares a través del denominado “bono de género”.
“Vemos muchísimas mujeres que hoy tienen menos hijos porque existe mayor educación, existe mayor planificación y también las mujeres hoy quieren realizarse. Entonces dicen: ‘Yo voy a postergar la venida de mi primer hijo o directamente no voy a tener hijos’. Hoy la mayor cantidad de nacimientos en el Paraguay se da en mujeres entre 25 y 29 años de edad”, detalló Ojeda.
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Si bien la región muestra una tendencia similar, con promedios continentales que rondan el 1,8, Paraguay aún se conserva como uno de los países con menor nivel de envejecimiento en Sudamérica. No obstante, el margen de crecimiento vegetativo tiende a estrecharse de manera sostenida.
Dos décadas de sangría migratoria
A la baja natalidad se le suma el saldo migratorio negativo acumulado en los últimos 25 años. El balance entre los ingresos y las salidas del territorio nacional dejó una pérdida neta de 700.000 personas, con un flujo concentrado con fuerza entre los años 2000 y 2012 hacia España, Argentina, Brasil y Estados Unidos.
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El caso de España ilustra la magnitud del impacto sociodemográfico. “En el año 2000 eran solamente alrededor de 2.000 paraguayos viviendo en España. Imagínate el salto hoy a 127.000. Otro dato llamativo de esa emigración es que el 75% de los inmigrantes son mujeres en edad fértil, lo cual también es un problema porque perdemos ahí tasa de fecundidad, perdemos las potenciales madres”, enfatizó el titular del INE.
Ojeda agregó que “los emigrantes adoptan las costumbres de su país destino” y recordó que en España la tasa de fecundidad es de apenas 1,4, lo que consolida la pérdida de dinamismo reproductivo para la población paraguaya que reside en el exterior.
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Aunque el flujo de salida se frenó a partir de 2014, logrando una mayor retención de la población local, el mapa de residencia se ha diversificado con la llegada de inmigrantes argentinos, brasileños y contingentes de ciudadanos venezolanos.
Mayor longevidad y la brecha de género
El tercer eje del análisis muestra un avance sustancial en la expectativa de vida. En los años sesenta, la esperanza de vida al nacer no superaba los 60 años, mientras que en la actualidad se ubica en un promedio de 75 años.
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Existe, además, una brecha biológica y de conducta favorable a las mujeres, quienes alcanzan una esperanza de vida promedio de 79 años frente a los 73 años de los hombres. “Esa explicación es un poco biológica. Es muy interesante analizar porque las mujeres son más resistentes que los varones, principalmente en las edades mayores”, destacó.
“Nacen más niños que niñas, pero las niñas son las que les sobreviven más a los varones. Muchas veces también los varones son los que están más expuestos a trabajos o actividades más peligrosas”, explicó Ojeda. En un año normal, sin contingencias epidemiológicas extremas, el país registra aproximadamente 36.000 fallecimientos.
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La ventana de oportunidad y el reto de la productividad
A pesar de este cambio de tendencia, Paraguay se encuentra atravesando su mejor momento demográfico, debido a que el 66% de sus habitantes está en edad productiva, comprendida entre los 15 y los 64 años.
Sin embargo, el incremento de la longevidad exige adecuar el mercado de trabajo y los servicios del Estado para la llamada ‘economía plateada’. “Mucha gente llega a sus 65 o 70 años y está en perfectas condiciones de seguir aportando al mercado laboral o necesita espacios donde pueda recrearse y seguir aportando o tener una vida digna”, sostuvo Ojeda.
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Finalmente, el director del INE remarcó que la reducción del ritmo poblacional no constituye un obstáculo para el desarrollo, sino un cambio de paradigma económico. “Tener menos población no es un problema; el desafío es ser más competitivo”, defendió.
“En la antigüedad los países más poderosos eran los que más población tenían porque necesitaban mano de obra para la agricultura o gente para los ejércitos, pero hoy la tecnología revolucionó la producción. El desafío es tener políticas públicas que capitalicen el bono demográfico en salud, educación, empleo y, por sobre todo, productividad”, concluyó Ojeda.