01 de Enero de 2011 23:05
¡Allá vamos, 2011!
Los habitantes del Paraguay, quienes padecemos y gozamos de la circunstancia de residir en su suelo, hayamos o no nacido en él, deberíamos dar inicio al año 2011 con el espíritu edificante que inspira la conmemoración del bicentenario de la independencia nacional, alentando los deseos de continuar la obra iniciada hace doscientos años por los próceres de un pueblo que despertaba e iniciaba su camino hacia la edad adulta de las naciones. No se trata ya de debatir si somos más o menos independientes ahora que antes, porque en el tiempo que vivimos este concepto se transformó tan notablemente, que la idea de autonomía que se tenía en el siglo XIX guarda ya poco parecido con la actual. La "autodeterminación" en el ámbito económico, por ejemplo, no existe más en ninguna parte del mundo, ni es deseable que exista. Hoy en día, la humanidad alienta la idea de progresar globalmente. A los habitantes de este país nos aguarda un año que promete ser mejor que los últimos anteriores. Hasta ahora, los resultados están siendo logrados exclusivamente mediante los mecanismos de funcionamiento sistemáticos del mercado. Falta que el Gobierno, despojándose del populismo rampante con que actúa, ajuste a él su mente, su voluntad y sus proyectos, y acompañe al sector privado aportando lo suyo.Los habitantes del Paraguay, quienes padecemos y gozamos de la circunstancia de residir en su suelo, hayamos o no nacido en él, deberíamos dar inicio al año 2011 con el espíritu edificante que inspira la conmemoración del bicentenario de la independencia nacional, alentando los deseos de continuar la obra iniciada hace 200 años por los próceres de un pueblo que despertaba e iniciaba su camino hacia la edad adulta de las naciones.
No se trata ya de debatir si somos más o menos independientes ahora que antes, porque en el tiempo que vivimos este concepto se transformó tan notablemente, que la idea de autonomía que se tenía en el siglo XIX guarda ya poco parecido con la actual. La "autodeterminación" en el ámbito económico, por ejemplo, no existe más en ninguna parte del mundo, ni es deseable que exista. Hoy en día la humanidad alienta el ideal de progresar globalmente, y a nadie que viva la realidad se le ocurriría que es posible lograrlo aisladamente.
Coincide este principio de año con la evidencia de un estado de optimismo generalizado en Latinoamérica, debido a su coyuntural crecimiento económico expresado en cifras estadísticas alentadoras. Se dice que nuestro país tuvo uno de los índices más altos del subcontinente y, asimismo, el mayor desde la época de la construcción de las obras de Itaipú, pero lo curioso del fenómeno, en este caso, es que también el Gobierno se vanagloria de él y pretende atesorar el rédito publicitario de tal éxito.
Puede afirmarse, sin embargo, que si el gobierno de Fernando Lugo tiene la audacia de presumir públicamente del incremento de este índice de crecimiento, si cae en la tentación del oportunismo mentiroso que esta actitud implicaría, tendríamos que recordarle algunos detalles de su administración que permitirán afirmar que, en la historia del Paraguay, debe quedar bien claro que este resultado exitoso de la economía se logró no gracias a las políticas gubernamentales, sino casi casi pese a ellas.
Habrá que mencionar que este índice se debió, en su mayor porcentaje, a las exportaciones de tres rubros fundamentales: la soja, la carne y el trigo. Es decir, los tres productos que son obtenidos en la explotación rural agropecuaria intensiva, la que justamente fue y es tan insultada, maldecida, perseguida y amenazada por organizaciones campesinas afines al Gobierno, dirigentes políticos y voceros gubernamentales, incluyendo al mismo Fernando Lugo, que no perdieron ni pierden ocasión de denostar contra ese tipo de producción y esas empresas.
Resulta pues que "la maldita soja empobrecedora del campesinado", "los latifundios de la oligarquía ganadera" y el trigo, que con sus procesos de protección mediante agroquímicos "envenena y mata a nuestros campesinos e indígenas", son los responsables principales directos del mayor crecimiento económico de los últimos 40 años.
¡Qué bien que la realidad demuestre una vez más la vacuidad de los argumentos "castro-luguistas" basados en mentiras escandalosas y en prejuicios ideológicos cada vez más alienados de la realidad! Aunque cabe dudar de que, aun con las cifras y los hechos golpeándoles el rostro, los corifeos de la dogmática colectivista renuncien a persistir en sus mentiras y exageraciones.
El mejor homenaje que podríamos rendir a los próceres de la patria, en este año 2011 del bicentenario de la independencia paraguaya, es, pues, continuar construyendo bases firmes para el mejoramiento del bienestar económico y cultural, material y espiritual de todos los habitantes del país, que se logrará solamente persistiendo en las vías ya conocidas de mayor contracción al trabajo, alentando a la iniciativa privada, fomentando la inversión productiva, poniendo empeño en la cuidadosa y honesta administración de los recursos estatales, dándoles un impulso prioritario a la educación y salud públicas, creando condiciones para la integración efectiva de nuestro país al mundo desarrollado, aplicando políticas razonables y factibles de inclusión social y equidad, excluyendo los dogmatismos ideológicos, derrotando a los violentos y preservando en forma celosa y vigilante el sistema democrático.
A los habitantes de este país nos aguarda un año que promete ser mejor que los últimos anteriores, con más recursos, más puestos de trabajo y mejor distribución social de los beneficios de la producción económica. Hasta ahora, estos resultados están siendo logrados exclusivamente mediante los mecanismos de funcionamiento sistemáticos del mercado. Falta que el Gobierno, despojándose del populismo rampante con que actúa, ajuste a él su mente, su voluntad y sus proyectos, y acompañe el trabajo del sector privado aportando lo suyo: regulación prudente y adecuada, estímulos oportunos, moderación en sus gastos, inclaudicable combate a la corrupción y algo que hasta ahora no pudimos desarrollar, desde los tiempos de nuestros próceres: una política exterior inteligente y patriótica.
En estas pocas pero fundamentales ideas quedan encerrados los mejores deseos que todos tenemos y expresamos en este 2 de enero del año 2011 que inspira el optimismo y las buenas intenciones.
No se trata ya de debatir si somos más o menos independientes ahora que antes, porque en el tiempo que vivimos este concepto se transformó tan notablemente, que la idea de autonomía que se tenía en el siglo XIX guarda ya poco parecido con la actual. La "autodeterminación" en el ámbito económico, por ejemplo, no existe más en ninguna parte del mundo, ni es deseable que exista. Hoy en día la humanidad alienta el ideal de progresar globalmente, y a nadie que viva la realidad se le ocurriría que es posible lograrlo aisladamente.
Coincide este principio de año con la evidencia de un estado de optimismo generalizado en Latinoamérica, debido a su coyuntural crecimiento económico expresado en cifras estadísticas alentadoras. Se dice que nuestro país tuvo uno de los índices más altos del subcontinente y, asimismo, el mayor desde la época de la construcción de las obras de Itaipú, pero lo curioso del fenómeno, en este caso, es que también el Gobierno se vanagloria de él y pretende atesorar el rédito publicitario de tal éxito.
Puede afirmarse, sin embargo, que si el gobierno de Fernando Lugo tiene la audacia de presumir públicamente del incremento de este índice de crecimiento, si cae en la tentación del oportunismo mentiroso que esta actitud implicaría, tendríamos que recordarle algunos detalles de su administración que permitirán afirmar que, en la historia del Paraguay, debe quedar bien claro que este resultado exitoso de la economía se logró no gracias a las políticas gubernamentales, sino casi casi pese a ellas.
Habrá que mencionar que este índice se debió, en su mayor porcentaje, a las exportaciones de tres rubros fundamentales: la soja, la carne y el trigo. Es decir, los tres productos que son obtenidos en la explotación rural agropecuaria intensiva, la que justamente fue y es tan insultada, maldecida, perseguida y amenazada por organizaciones campesinas afines al Gobierno, dirigentes políticos y voceros gubernamentales, incluyendo al mismo Fernando Lugo, que no perdieron ni pierden ocasión de denostar contra ese tipo de producción y esas empresas.
Resulta pues que "la maldita soja empobrecedora del campesinado", "los latifundios de la oligarquía ganadera" y el trigo, que con sus procesos de protección mediante agroquímicos "envenena y mata a nuestros campesinos e indígenas", son los responsables principales directos del mayor crecimiento económico de los últimos 40 años.
¡Qué bien que la realidad demuestre una vez más la vacuidad de los argumentos "castro-luguistas" basados en mentiras escandalosas y en prejuicios ideológicos cada vez más alienados de la realidad! Aunque cabe dudar de que, aun con las cifras y los hechos golpeándoles el rostro, los corifeos de la dogmática colectivista renuncien a persistir en sus mentiras y exageraciones.
El mejor homenaje que podríamos rendir a los próceres de la patria, en este año 2011 del bicentenario de la independencia paraguaya, es, pues, continuar construyendo bases firmes para el mejoramiento del bienestar económico y cultural, material y espiritual de todos los habitantes del país, que se logrará solamente persistiendo en las vías ya conocidas de mayor contracción al trabajo, alentando a la iniciativa privada, fomentando la inversión productiva, poniendo empeño en la cuidadosa y honesta administración de los recursos estatales, dándoles un impulso prioritario a la educación y salud públicas, creando condiciones para la integración efectiva de nuestro país al mundo desarrollado, aplicando políticas razonables y factibles de inclusión social y equidad, excluyendo los dogmatismos ideológicos, derrotando a los violentos y preservando en forma celosa y vigilante el sistema democrático.
A los habitantes de este país nos aguarda un año que promete ser mejor que los últimos anteriores, con más recursos, más puestos de trabajo y mejor distribución social de los beneficios de la producción económica. Hasta ahora, estos resultados están siendo logrados exclusivamente mediante los mecanismos de funcionamiento sistemáticos del mercado. Falta que el Gobierno, despojándose del populismo rampante con que actúa, ajuste a él su mente, su voluntad y sus proyectos, y acompañe el trabajo del sector privado aportando lo suyo: regulación prudente y adecuada, estímulos oportunos, moderación en sus gastos, inclaudicable combate a la corrupción y algo que hasta ahora no pudimos desarrollar, desde los tiempos de nuestros próceres: una política exterior inteligente y patriótica.
En estas pocas pero fundamentales ideas quedan encerrados los mejores deseos que todos tenemos y expresamos en este 2 de enero del año 2011 que inspira el optimismo y las buenas intenciones.






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