04 de Febrero de 2011 17:59

Año Nuevo chino: Magia, leyenda y tradición

Por Jorge Coronel

Por estas fechas, alrededor de 2.000 millones de personas –pertenecientes a la comunidad china en todo el mundo– celebran en cinco días la llegada de un año nuevo.

La comunidad china está de fiesta. Porque la celebración, que este año se extiende del 2 al 17 de febrero, representa la festividad más importante dentro del calendario chino lunar: el inicio del año 4709 (del conejo).

Por estos días se reviven tradiciones y leyendas que rodean a la fascinante cultura oriental. El origen de la festividad del Año Nuevo chino se remonta a miles de años, a través de una serie de rituales que se transforman en dogmas consuetudinarios, generaciones tras generaciones.

Entre ellas sobresale la historia del monstruo Nien. Esta antigua leyenda china cuenta de un enorme monstruo con cuernos que durante todo el año vivía en el fondo del mar; hasta la noche previa al Festival de la Primavera: se comía las cosechas, destruía hogares y hasta se comía a los hijos de los campesinos.

Los habitantes, aterrados, se escondían en lugares aledaños o huían a zonas montañosas junto a sus familias. Nadie quería ser presa del "monstruo de la mala suerte" (Guo Nien). Cierta noche, el día previo a la llegada del monstruo Nien, los habitantes del pequeño pueblo de Taohua se preparaban para abandonar sus hogares cerrando sus casas, rumbo a un lugar más seguro. En esos días llegó al pueblo un mendigo desconsolado pidiendo ayuda; sin embargo, todos estaban muy ocupados para ayudarle.
 

Hasta que una anciana lo vio, le dio de comer y le sugirió que huyera junto al resto de los campesinos hacia las lejanas montañas. "Mujer, si me das un lugar donde dormir en tu casa, mantendré a Nien alejado de ti", sentenció el mendigo. Viendo la debilidad del hombre, la anciana prefirió no creer, dejándole solo en su casa, mientras ella huía hacia las montañas.

En horas de la medianoche, el pueblo estaba abandonado. Pero, confiado, el valiente mendigo seguía allí. El monstruo Nien llegó para devastar el pueblo: se detuvo ante la casa de la anciana y pudo observar una estela de papel rojo pegada en la puerta, ventanas iluminadas por las velas y fuegos artificiales por el patio trasero. El humilde mendigo cantaba y reía.

Nien, atónito, se apresuró a dejar el pueblo. Ofuscado por el estruendo de los fuegos y la música, volvió hasta el fondo del mar.

Al día siguiente, cuando los campesinos volvieron a sus hogares y encontraron el pueblo en estado perfecto, agradecieron al mendigo y se sumaron al festejo del Festival de la Primavera.

Desde ese momento –cuenta la leyenda– nació la costumbre de decorar las casas con estelas de papel rojo, con los deseos escritos para atraer prosperidad.

Por estos días, milenios después, aún sigue la tradición hecha cultura. Es que la fiesta del Año Nuevo chino representa, principalmente, el momento ideal para –lejos del trabajo y las ocupaciones cotidianas– reunirse y rescatar el verdadero afecto.

 

Aunque las celebraciones propiamente dichas duran solamente unos días; el festival en sí dura aproximadamente tres semanas. Según la tradición, las familias honran a los dioses "que ascienden al Cielo para presentar sus respetos e informar acerca de los asuntos hogareños al Emperador de Jade, deidad suprema del taoísmo", quemando papel moneda para el ritual.

Otra costumbre es la de colgar "coplas de primavera" alrededor de la casa; esto es, rollos y cuadros de papel con palabras de buen augurio. En la víspera del Año Nuevo, los miembros de la familia se reúnen para compartir una suntuosa comida; entregan "dinero de buena suerte" en sobres rojos a los ancianos y niños; y se quedan despiertos en vigilia, aguardando el nuevo año. Según el pueblo chino, permanecer despierto durante la noche de la víspera del Año Nuevo influye en la longevidad de los padres. Dejar las luces encendidas durante toda la noche sirve, no solo para alejar al perverso Nien, sino también para reunir a la familia, mientras se celebran las ceremonias religiosas de rigor.

El primer día del Año Nuevo se realiza un ritual para rendir homenaje a los antepasados; además de venerar a los dioses. Allí los familiares jóvenes presentan sus respetos a los mayores que aún viven. Es normal usar vestidos nuevos y visitar a amigos, conocidos y familiares para incarcambiar los deseos de kung-hsi fa-tsai (esto es, "felicitaciones y prosperidad").

 

Escenario con conejos en el festival del río Hongbao en Singapur, en la
víspera del año nuevo lunar. REUTERS.
El segundo día del Año Nuevo Chino, las hijas casadas retornan al hogar de sus padres: si ella es recién casada, su marido debe acompañarla y llevar regalos para su familia. El tercer día del Año Nuevo, según la leyenda, la gente se acuesta temprano debido a que los ratones de la casa casan a sus hijas.

Durante el cuarto día, la gente prepara ofrendas de comida para recibir el retorno del Dios de la Cocina y su "séquito de su viaje a la corte del Emperador de Jade". Aquí nace la frase: "Nunca es muy temprano para despedir a los dioses ni es muy tarde para invitarlos a que retornen".

El quinto día representa el fin de las festividades del Año Nuevo chino: las ofrendas de los altares son retiradas y la vida vuelve a la normalidad. Sin embargo, en el noveno día, se presentan ofrendas en el atrio de los templos para celebrar el cumpleaños del Emperador del Jade.

Otras costumbres rodean a la festividad. Se prohíbe barrer el piso durante los primeros cinco días, debido a que uno puede "barrer la buena suerte y riqueza". Tampoco se admite el uso malo del lenguaje; siquiera de la muerte. En caso de romper un plato, debe decirse rápidamente "sui sui ping an" (que significa "paz a través del año"). Algunas familias también esconden los cuchillos y las tijeras para evitar que uno accidentalmente corte el "hilo de la buena suerte" en el nuevo año.

 

Más allá de los rituales y supersticiones de una cultura, estas fechas tienen una fuerte connotación espiritual para la comunidad china: todos los templos de Taiwán se encuentran ocupados por quienes acuden a quemar incienso y orar.

Si bien se reconoce que parte de la magia del Año Nuevo chino se ha disipado en Taiwán debido a la cada vez mayor industrialización, las celebraciones que representan las fiestas de Año Nuevo siguen tan vigentes como hace miles de años. Tal es así, que la gente que vive lejos de sus familias se prepara con varios días de anticipación, con el fin de superar los embotellamientos de tráfico y la alta demanda de pasajes de aviones, buses y trenes. Una muestra más de la fuerza de la cultura de –tal vez– la civilización viva más antigua del mundo con una historia rica en magia, leyenda y tradición.

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