16 de Febrero de 2012 00:00
Desagradecido y desbocado
El inversionista Tranquilo Favero, de origen brasileño naturalizado paraguayo, realizó declaraciones insultantes que ofenden a la sociedad paraguaya y ponen de manifiesto su falta de equilibrio emocional y de sentido común, además de expresar desagradecimiento hacia el país que lo acogió generosamente y favoreció sus logros personales. Es de lamentar que este empresario, un personaje que ocupa un lugar protagónico en este conflicto, aún no se haya percatado de cuáles deberían ser su posición y su actitud y, en vez de ofrecer máxima cooperación para la superación de este momento álgido que se vive en el país, se dedica irresponsablemente a aportar más elementos negativos con que alimentar los enfrentamientos.El inversionista Tranquilo Favero, de origen brasileño naturalizado paraguayo, realizó declaraciones insultantes que ofenden a la sociedad paraguaya y ponen de manifiesto su falta de equilibrio emocional y de sentido común, además de expresar desagradecimiento hacia el país que lo acogió generosamente y favoreció sus logros personales.
Los agravios que infirió en una entrevista concedida al diario brasileño "Folha de São Paulo" para referirse a hechos y personas de nuestro país fueron injustos y desacertados, con calificativos y comparaciones que de ninguna manera podemos aceptar.
Tal vez este señor, por estar siendo entrevistado por un medio periodístico de su país de origen, pensó que sus declaraciones no serían divulgadas en el Paraguay, suposición difícil de justificar en una época en que las comunicaciones se volvieron tan veloces como eficaces, por lo que las consecuencias de hablar fuera de ocasión y de medida podrían llegar a ser muy perjudiciales para una situación como la suya, que está lejos de ser desahogada.
Algo que al parecer el señor Favero todavía no tiene debidamente en cuenta es que su imagen fue convertida por la maquinaria propagandística de muchas de las organizaciones campesinas, legales o ilegales, pacíficas o violentas, en el símbolo del enemigo común, identificado personalmente con el "terrateniente latifundista", el "empresario extranjero", el "expoliador del campesinado" y con otras figuras del mismo tipo creadas a propósito y utilizadas para concentrar sobre un sujeto de carne y hueso la aversión de personas desinformadas e ingenuas, esas que se limitan a seguir a ciegas a sus guías y referentes.
No debe haber tomado en cuenta, además, que la presión que algunas organizaciones campesinas están ejerciendo sobre sus propiedades inmuebles cuenta con la obvia simpatía del Gobierno luguista, y que esta circunstancia lo deja en una posición muy débil.
Aunque el señor Tranquilo Favero se haya naturalizado paraguayo, sus enemigos nunca dejarán de explotar a su favor el hecho de que haya nacido en otro país. La onda xenófoba y hasta racista hacia la que va derivando la mentalidad de los voceros de las organizaciones campesinas empeñadas en este conflicto por la tierra rural tiene en su nacionalidad de origen un punto de apoyo fuerte como para no explotarlo a favor de su causa. El "extranjero rico" que vino a apoderarse de la tierra de los "campesinos pobres" es una figura propagandística demasiado atractiva como para que alguna de esas organizaciones se prive de utilizarla hasta el fin.
Como es fácil de comprender, lo único que no necesita este entramado de creciente conflictividad social, generado alrededor de los propietarios de tierras rurales, de las organizaciones campesinas y de las autoridades nacionales, es que alguien venga a echar más combustible a esta hoguera.
Es de lamentar que el empresario Favero, a quien debe reconocérsele como un personaje que ocupa un lugar protagónico en este conflicto, aún no se haya percatado de cuáles deberían ser su posición y su actitud y, en vez de ofrecer máxima cooperación para la superación del momento álgido que se vive en el país, como debe ser, se dedica irresponsablemente a aportar más elementos negativos con que alimentar los enfrentamientos.
Su desbocamiento le traerá otros sinsabores seguramente, pero esto no es lo que más importa, sino el que haya perdido una buena oportunidad de aportar algo útil para hallar una salida al conflicto que nos preocupa y afecta a todos y que, si no se lo encara con inteligencia y sensatez, con persistente diligencia, podría envolver a todos en una guerra de la que nadie saldría indemne.
Los agravios que infirió en una entrevista concedida al diario brasileño "Folha de São Paulo" para referirse a hechos y personas de nuestro país fueron injustos y desacertados, con calificativos y comparaciones que de ninguna manera podemos aceptar.
Tal vez este señor, por estar siendo entrevistado por un medio periodístico de su país de origen, pensó que sus declaraciones no serían divulgadas en el Paraguay, suposición difícil de justificar en una época en que las comunicaciones se volvieron tan veloces como eficaces, por lo que las consecuencias de hablar fuera de ocasión y de medida podrían llegar a ser muy perjudiciales para una situación como la suya, que está lejos de ser desahogada.
Algo que al parecer el señor Favero todavía no tiene debidamente en cuenta es que su imagen fue convertida por la maquinaria propagandística de muchas de las organizaciones campesinas, legales o ilegales, pacíficas o violentas, en el símbolo del enemigo común, identificado personalmente con el "terrateniente latifundista", el "empresario extranjero", el "expoliador del campesinado" y con otras figuras del mismo tipo creadas a propósito y utilizadas para concentrar sobre un sujeto de carne y hueso la aversión de personas desinformadas e ingenuas, esas que se limitan a seguir a ciegas a sus guías y referentes.
No debe haber tomado en cuenta, además, que la presión que algunas organizaciones campesinas están ejerciendo sobre sus propiedades inmuebles cuenta con la obvia simpatía del Gobierno luguista, y que esta circunstancia lo deja en una posición muy débil.
Aunque el señor Tranquilo Favero se haya naturalizado paraguayo, sus enemigos nunca dejarán de explotar a su favor el hecho de que haya nacido en otro país. La onda xenófoba y hasta racista hacia la que va derivando la mentalidad de los voceros de las organizaciones campesinas empeñadas en este conflicto por la tierra rural tiene en su nacionalidad de origen un punto de apoyo fuerte como para no explotarlo a favor de su causa. El "extranjero rico" que vino a apoderarse de la tierra de los "campesinos pobres" es una figura propagandística demasiado atractiva como para que alguna de esas organizaciones se prive de utilizarla hasta el fin.
Como es fácil de comprender, lo único que no necesita este entramado de creciente conflictividad social, generado alrededor de los propietarios de tierras rurales, de las organizaciones campesinas y de las autoridades nacionales, es que alguien venga a echar más combustible a esta hoguera.
Es de lamentar que el empresario Favero, a quien debe reconocérsele como un personaje que ocupa un lugar protagónico en este conflicto, aún no se haya percatado de cuáles deberían ser su posición y su actitud y, en vez de ofrecer máxima cooperación para la superación del momento álgido que se vive en el país, como debe ser, se dedica irresponsablemente a aportar más elementos negativos con que alimentar los enfrentamientos.
Su desbocamiento le traerá otros sinsabores seguramente, pero esto no es lo que más importa, sino el que haya perdido una buena oportunidad de aportar algo útil para hallar una salida al conflicto que nos preocupa y afecta a todos y que, si no se lo encara con inteligencia y sensatez, con persistente diligencia, podría envolver a todos en una guerra de la que nadie saldría indemne.






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