27 de Enero de 2012 19:00
Los menores infractores y sus ganas de reformarse en un centro educativo
"Hasta yogurt tomo acá", dijo hace poco uno de los internos del Centro Educativo de Itauguá, que es el principal reformatorio de menores infractores del Paraguay.
Actualmente, en el lugar hay 147 menores, casi al borde del límite, ya que la capacidad es para 150, explicó el director del lugar, Arsenio Cabañas. El centro es para varones de 14 a 17 años.
Esto se descomprimirá en febrero, cuando los juzgados ordenen el traslado de 18 personas que ya son mayores de edad.
La estricta rutina
En el interior del Centro Educativo existen celadores que controlan y acompañan a los internos, en diferentes turnos. Ellos no poseen armas de fuego.
En la entrada principal y en las afueras del Centro Educativo están los guardias con armas de fuego, pero no tienen contacto con la población del lugar.
El director comentó que la rutina de lunes a viernes comienza a las 6:30, horario en que los menores se levantan y realizan la limpieza de sus pabellones. Luego, a las 7:00, se sirve el desayuno y a las 8:00 se inician las actividades escolares, así como los talleres ambos con diferentes grupos que se extienden a hasta las 11:00.
A las 11:00 regresan los menores a los pabellones para el aseo personal; después, a las 12:00, se presentan en el comedor para el correspondiente almuerzo.
Por la siesta, específicamente a las 13:00, los menores descansan para luego volver a las 14:00, hora en que se reanudan las actividades académicas y de oficios.
Finalmente, a las 16:00, tienen tiempo libre, que lo pueden usar para sus actividades recreativas o lavar sus ropas.
A las 18:00, regresan al comedor para la cena y luego, a las 18:30, tienen que estar en sus pabellones para el descanso nocturno.
El descanso se interrumpe a las 21:00, cuando por última vez en la jornada regresan al comedor, a fin de servirse un cocido con galleta.
No hay espacio para que los jóvenes distraigan su mente en cosas no productivas, porque la intención es reformar a los infractores.
Según el director, la mayoría de ellos se siente a gusto, porque en la libertad no tienen a dónde ir o provienen de familias muy pobres, en cuyas casas ni siquiera tienen comodidades.
"Acá hasta tomo yogurt", dijo un menor recluso, en referencia al postre que se suelen servir los mismos.
Los sábados son días de recreación y por lo general se organizan competencias deportivas, mientras que la jornada del domingo es de visita, cuyo horario es de 9:00 a 15:00.
Los jueves también son días de visitas, siempre en el horario de 9:00 a 15:00.
No es una cárcel, sino un lugar donde se intenta cambiar el rumbo de un joven o adolescente, que en algún momento se salió del camino correcto, pero tiene la posibilidad de volver. Hasta un yogurt es valorado por ellos.





COMENTARIOS