07 de Febrero de 2012 00:00

Lugo crea su fuerza de choque

El comunicado de la Presidencia de la República emitido ayer confirma una temible sospecha que se venía alimentando en la opinión pública. Además, incurre en falsedades, contradicciones y ocultamientos de la verdad.

Para comenzar, obsérvese el hecho más novedoso: por primera vez, en forma oficial y pasada por escrito, el presidente Lugo se refiere directa y personalmente al grupo de maleantes rurales que actualmente siembran la discordia, el temor y la ilegalidad en la zona de Ñacunday, con el nombre que ellos mismos adoptaron: "carperos". Es como darles el certificado de bautismo político a los mismos. Son a ellos a quienes convocará cuando haya que atracar el Congreso y otras instituciones cuando sea necesario. El comunicado de la Presidencia de la República emitido el día de ayer confirma una temible sospecha que se venía alimentando en la opinión pública. Además, incurre en falsedades, contradicciones y ocultamientos de la verdad, cuya puesta en evidencia vale la pena intentar.   

Para comenzar, obsérvese el hecho más novedoso: por primera vez, en forma oficial y pasada por escrito, el presidente Fernando Lugo se refiere directa y personalmente al grupo de maleantes rurales que actualmente siembran la discordia, el temor y la ilegalidad en la zona de Ñacunday, con el nombre que ellos mismos adoptaron: "carperos".   

El hecho de que el Presidente de la República otorgue carta constitutiva a este grupo induce inmediatamente a una asociación de ideas: los "camisas pardas", la "Guardia Roja" maoísta, los Khmer Rouge, y más cerca: los "piqueteros" de los Kirchner, los "guardias de la revolución", los asaltantes del Congreso ecuatoriano, los "macheteros de Santaní", los "apaleadores" de APAL y Corposana. ¿Los recuerda el lector?

Al concederles oficialmente el certificado de bautismo político a los "carperos", Fernando Lugo Méndez da una infamante bofetada al rostro de los campesinos formalmente organizados, a los gremios que respetan sus principios de lucha pacífica y sin ilegalidades. "¿Para qué entonces –se dirán a sí mismos estos grupos de campesinos y obreros– nos empeñamos en acciones no violentas y respetuosas de la ley si a estos ‘carperos’, informales, marginales, que hacen lo que se les antoja y contra quienes se les ocurre, el Gobierno les trata con tan gran cortesía y deferencia?".

Lo mismo se preguntará ahora la gente: ¿para qué tanto predicar la paz, la solidaridad y la legalidad como principio de construcción de la nueva ciudadanía, si un grupo de violentos lo suficientemente agresivo conquista inmediatamente el carnet oficial de grupo democrático que alegremente le obsequia el Gobierno?

El comunicado de Lugo comienza a cometer sus falsedades y a manifestar su verdadera aunque solapada intención en la misma introducción del documento, donde anuncia que va a referirse al "conflicto que mantienen grupos de personas (colonos y carperos)". He aquí donde el título de "carpero" pasa a tener el mismo valor social y político que el de "colono". Para Lugo, según dice implícitamente allí, ambos representan los mismos principios, valores, modelos y formas de existencia. Lo que tenemos que entender –nos dice entre líneas el "comunicado" presidencial– es que la personalidad, derechos, deberes, obligaciones, responsabilidades y papeles que ejercen en la sociedad y en la economía rural de nuestro país los "carperos" y los colonos son exactamente iguales. Solo debemos acomodar esta idea en nuestra mente.

A continuación, el comunicado realiza una solemne declaración: "El único marco de definición de los conflictos generados en el ejercicio de las libertades conquistadas en la democracia (…) y que toda acción gubernamental se orientará al desarrollo y ejecución ajustada a la ley vigente".

Muy bien. Pero, ¿por qué no declararon y actuaron de esta manera ANTES de que el conflicto comience, cuando estaba siendo anunciado hasta por las radios comunitarias?  

Después de que el problema fue instalado con violencia por los "carperos", después de que Lugo dio una orden secreta a jefes de las FF.AA. para que protejan y permitan la presencia y actividad de esta banda en Ñacunday, después de que las propiedades de colonos y productores brasileños, brasiguayos, paraguayos y de otras nacionalidades fueran atropelladas, ocupadas y dañadas por los "carperos", sin orden judicial y aun predicando que no acatarían ninguna de estas, ante la indiferencia gubernamental, policial y militar, ahora resulta que Fernando Lugo declara "que toda acción gubernamental se orientará al desarrollo y ejecución ajustada a la ley vigente". No es solamente hipocresía, es premeditación. Dejó que el conflicto se suscitara para poder dar a los "carperos" el título que estos necesitaban para convertirse en interlocutores reconocidos, avalados y beneficiados con una legitimidad que ni merecen ni les cuadra. Fernando Lugo acaba de crear sus propios "piqueteros". O sus "moderadores" como los de Ramón Aquino de la dictadura stronista. Son a ellos a quienes convocará cuando haya que atracar el Congreso y otras instituciones cuando sea necesario.   

Anuncia Lugo, asimismo, que el examen de los títulos de dominio de los inmuebles involucrados en los conflictos será realizado por la justicia, la que resolverá lo que haya que resolver sobre ellos. Muy bien. Así debe ser. Pero ¿por qué no envió a la justicia a intervenir en Ñacunday en vez de mandar a los militares y a los "carperos"?  

¿O será que Lugo y los luguistas cometen la ingenuidad de pensar que con esta declaración alguien les creerá que ellos no tienen nada que ver en la formación, fortalecimiento, aliento y promoción de los "carperos", y que no permitieron de propósito que estos perpetraran sus atropellos en Ñacunday?  

No pueden borrar del archivo y la memoria colectiva las entrevistas que Lugo dio a los líderes de estos grupos violentos y a amigos personales suyos y de aquellos, como "Pakova" Ledesma y José Rodríguez (este, inclusive, fue recibido en el Palacio de Gobierno cuando tenía una orden de captura). Lo ha estado haciendo constantemente desde que subió al poder, demostrando claramente sus preferencias.   

El conflicto de tierras, sumado al pretexto del inventario de inmuebles de la "franja de seguridad fronteriza", al envío de militares con órdenes secretas y a la carta de bautismo político y legitimidad que Fernando Lugo Méndez acaba de otorgar con su firma a los autodenominados "carperos", es un barril de combustible arrojado a la hoguera. Lástima lo de este comunicado, que viene a enrarecer aun más la situación, poniendo de manifiesto la oscura intención que anima al luguismo: la creación de una organización seudogremial para actuar políticamente por medio de la agresión, el amedrentamiento, la intimidación y demás recursos marginales que son ya tan bien conocidos y de los que el kirchnerismo nos dio y da tantas lecciones.   

Cabe estar atentos a la actuación de la nueva fuerza de choque a la que Lugo y el luguismo acaban de dar carta de ciudadanía. Estar atentos y prestos a contrarrestar. Ciudadanía, parlamentarios, políticos responsables, organizaciones gremiales legalistas. La fuerza cohesionada de todos será necesaria para mantener la alerta patriótica.   
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