20 de Julio de 2011 10:01
Patinetas para luchar contra la droga y el sida
PHNOM PENH. Patinetas y rampas de madera se han convertido en Camboya en una divertida excusa para atraer a niños de la calle o que viven en ambientes difíciles y alejarles de la droga y el sida que acechan sus entornos.
"Los patines son sólo un pretexto para poder hacer con ellos los programas educativos más fácilmente, porque así lo ven como un juego y no dudan tanto al acercarse a nosotros", asegura el francés Benjamin Pécquin, uno de los impulsores de la actividad.
El programa, que ha contado con la financiación de la organización de origen afgano "Skateistán", pretende además convertirse en una distracción para que los más jóvenes no estén tentados de acercarse a las drogas. Sophan Dareth había visto los saltos increíbles en monopatín en la televisión y llevaba mucho tiempo queriendo subirse encima de una tabla. Los escasos recursos económicos de su familia no le permitían, sin embargo, comprarse un ingenio que aún hoy es una rareza en las calles de Phnom Penh, la capital de Camboya.
"Cuando me dijeron que iban a dar las clases aquí, enseguida me apunté porque siempre me gustó", asegura este habilidoso joven que en tan sólo cuatro días ya se desliza con soltura y hace sus primeros saltos. Dareth quiere ahora convertirse en profesor para ayudar a otros niños y jóvenes camboyanos a pensar simplemente en divertirse. "A mí me permite relajarme; cuando estoy sobre la patineta no pienso en las cosas malas. A otros también les puede ayudar", asegura el joven de 15 años.
Sin embargo, Chea Sophany, a sus 17 años, no había pensado nunca en patinar. En su ciudad natal, Udong, a 40 kilómetros al norte de Phnom Penh, muchas de las calles ni siquiera están asfaltadas y, al igual que su familia, la mayoría de los habitantes viven del campo. "Cuando lo vi me pareció divertido y quise probar. Me caigo mucho, pero me sigue gustando", afirma el joven mientras inspecciona una pequeña herida que se ha hecho en un traspiés. Para Sophany, el principal beneficio de la patineta es la "adicción" que crea.
"Cuando estoy patinando, no necesito nada más. Cualquiera va a estar interesado en hacerlo, porque además te hace sentirte mejor", continúa.
Ahora, la filial camboyana de Skateistán pretende salir a las calles de la capital para acercarse a los niños que viven en las situaciones más vulnerables. "Ya hemos puesto en marcha un equipo móvil con todo el equipamiento que de momento ha trabajado con 15 niños", asegura Pécquin. La organización pretende que hasta 10.000 niños camboyanos se acerquen a la práctica del monopatín, para lo que están negociando con el gobierno la construcción de una gran pista en el centro de la ciudad.
En las calles de Phnom Penh viven y trabajan entre 10.000 y 20.000 niños, de los que entre 1.200 y 1.500 no tienen familia, según datos de UNICEF. La mayoría son huérfanos, jóvenes que han huido de sus casas tras ser rechazados por su padrastro o niños que han crecido en la calle con familiares pobres. Mientras algunos sobreviven recogiendo basura para reciclar, muchos acaban enganchados a las drogas y cayendo en la prostitución y la delincuencia.





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