El conjunto del suroeste de Londres se quitó el mal sabor de boca de la derrota del año pasado -cayó a manos del Arsenal por 2-1- y consiguió salvar su decepcionante temporada, en la que empezó como campeón de la Premier League y acabó quinto clasificado, fuera de los puestos de Liga de Campeones.
La final del torneo más antiguo del mundo -se disputó la edición número 137- fue un reflejo de los entrenadores, Antonio Conte y José Mourinho, con ambos equipos blindados en defensa y centro del campo y poco lugar para la improvisación y el ataque.
La primera mitad fue soporífera, sin apenas ocasiones ni fútbol, y sólo Hazard en una genialidad logró romper el equilibrio. El astro belga se fue de Jones y fue zancadilleado dentro del área por el tosco central inglés. No falló desde el punto de penal el 10, que engañó a De Gea y a los 22 minutos subió el 1-0 al marcador.
A partir de ese momento fue el United que se hizo con el control del balón y encerró a su rival en los últimos 25-30 metros, pero no dio en ningún momento sensación de peligro. Los segundos 45 minutos fueron enteramente de los de Mourinho.
No se volvió a tocar el marcador y el Chelsea, aferrado a Hazard arriba y a un imperial Rüdiger atrás -fue nombrado MVP- se llevó una merecida victoria que le da su octavo título de FA Cup, igualando en triunfos con el Tottenham Hotspur, y le permite cerrar su agridulce temporada con buen sabor de boca.
