La noche comenzaba a ganar terreno sobre Asunción, cuando en Sajonia el aire comenzaba a cargarse de esa sensación particular de los días de fútbol.
En el Defensores del Chaco, Nacional vivía tal vez la noche más importante de su historia. El Tricolor de Barrio Obrero afrontaba su primer partido en cuartos de final de la Copa Libertadores de América.
La situación ya había conseguido inscribirse como un hito para la Academia que nunca antes había conseguido superar la fase de grupos en el torneo continental más importante a nivel de clubes en Sudamérica.
El Tricolor recibía en el máximo coliseo del fútbol paraguayo al Arsenal de Sarandí, un equipo tradicional del balompié argentino que también disputaba por primera vez en estas instancias.
Para la ocasión, como ya había ocurrido en el partido de vuelta de los octavos de final ante Vélez Sarsfield, Nacional consiguió algo que ningún otro equipo de nuestro fútbol podría conseguir: el apoyo unánime de la afición.
Hinchas de diferentes clubes decidieron llevar su apoyo para el equipo tricolor y las gradas del Defensores del Chaco se vieron colmadas como muy pocas veces se suele ver en juegos del cuadro tricolor.
Nacional hizo lo suyo y apenas se puso en marcha el encuentro comenzó a presionar al equipo argentino en busca de abrir el marcador.
Recurriendo al estilo de fútbol que lo caracteriza, basado en el buen trato del balón, el toque y las proyecciones de sus volantes, la Academia comenzó a generarle dolores de cabeza a la defensa visitante.
Una defensa vistante que se vio superada en varias oportunidades y que se vio obligada a recurrir a reiteradas faltas para tratar de frenar a los jugadores paraguayos.
Fue así que en el minuto 20, Marcos Melgarejo recibió una falta dentro del área cometida por Marcone. El árbitro no dudó para cobrar la pena máxima a favor del equipo local.
El encargo de la ejecución fue Silvio Torales. Todos recordaban la gran definición que el volante había conseguido una semana antes bajo la lluvia en Buenos Aires y se esperaba el grito de gol.
Torales volvió a rematar como lo hizo en Argentina, hacia el costado derecho del arquero. Pero Campestrini se tiró bien y consiguió desviar el tiro.
El golpe animico podría haber sido duro para los albos. Sin embargo Nacional siguió insistiendo en busca del gol de apertura.
Tanto insistió el Trico que terminó encontrando su recompensa 15 minutos después.
Derlis Orué recibió el balón y remató mordido al arco, Campestrini trató de dominar el balón pero el esférico se le escapó y terminó perdiéndose entre las redes.
Llegaba el 1-0 y el grito atronó en las gargantas de los hinchas paraguayos.
Con esa mínima diferencia llegaría a su final la primera etapa.
En la complementaria las cosas se le complicaron demasiado a Nacional. Es que el equipo paraguayo le dejó el dominio el balón a un Arsenal que salió a buscar con insistencia.
Así fue que una tras otras llegaron chances para los visitantes. Algunas con mayor peligrosidad que las otras.
Sin embargo, la seguridad de Ignacio Don bajo los tres palos fue una vez más fundamental para que el arco local permaneciera.
Nacional tuvo la oportunidad más clara cuando en el minuto 64, un centro bajo cruzó todo el área y encontró a Freddy Bareiro barriéndose para tratar de empujar la pelota a un arco que se encontraba a su disposición.
Pero el “Zorro” se perdió la ocasión de anotar el segundo gol de manera casi increíble.
En el minuto 80, dos de las tres torres de la lumínica del sector de preferencias se apagaron y el juego fue interrumpido por algunos minutos. Tras conversar con los arqueros, el árbitro decidió continuar.
El cronómetro llegó al minuto 90 con la diferencia para Nacional inamovible en el marcador.
Como había ocurrido en los octavos de final, el Tricolor viajará a tierras argentinas con la mínima diferencia a su favor y la esperanza de seguir haciendo historia se mantiene firme.
