El talento más la esencia de esta raza dio como resultado, desde siempre, a grandes figuras que ubicaron a nuestro país en el mapa mundi del fútbol.
Individualidades, muchas. Equipos, aunque pocos, inolvidables. Fueron tantos los futbolistas paraguayos que se destacaron en equipos de todo el mundo en varias épocas, y equipos que sorprendieron bajo el mando de técnicos que, en momentos de alguna alineación de planetas, consiguieron echar a andar esa maquinaria con todas sus piezas, logrando alcanzar resultados que perdurarán en la historia.
El técnico. La cabeza. ¿Qué fue lo que hizo que funcionaran estos equipos con ciertos estrategas? “Estratega”, palabra con significado tan exquisito. Estratega: Persona versada en estrategia (RAE). Estrategia: Arte de dirigir las operaciones militares (RAE).
Proceso (muy largo). Inversión (muy generosa). Se critica tanto, pero pareciera que nadie se animara a dar las riendas de este felino salvaje, a un técnico compatriota que pueda hacer la diferencia. ¿Donde empieza esta falencia, esta duda, esta... falta de confianza, tal vez?
¿Dónde está el técnico que conozca en demasía al futbolista paraguayo, a “su gente”, a valerse de la singularidad de cada pieza, encajarla en la maquinaria y que ésta funcione? ¿Podría un entrenador local tomar el talento y la idiosincrasia paraguaya, conjugarla y utilizarla a su favor en el campo de juego?
Se sabe que el fútbol, como cualquier otro deporte, no es solo talento. Se necesita de un plan, de una estrategia, exagerando, hasta conocimientos de física, sociología, conocer al rival, analizar sus posibles reacciones, improvisar, utilizar la astucia, la viveza y complementarla con la “garra” de la que tanto se habla.
Se busca cabeza para este león. Hace tiempo que ingresa al ruedo con el instinto, el talento y las herramientas, pero sin poder conjugarlas en una potente arma de hacer goles. Un león que ruge, se desangra en el campo de juego pero corriendo con los ojos vendados.
Hace tiempo que entregamos toda la artillería en manos de extranjeros en quienes depositamos toda la confianza dándoles el “poder”, que por lo visto nosotros no somos capaces de poseer y en caso de tenerlo, no sabemos qué hacer con el. Aguantamos y después nos quejamos. Esperamos, vemos el tropiezo y nos volvemos a lamentar.
Bienvenida la cabeza con la melena bien puesta, que acabe con las costumbres del “peichante”, de la “hora paraguaya”, de las cuales últimamente nos estamos enorgulleciendo. Que instale la disciplina, que dome al león, que lo eduque, lo blinde con seguridad, identidad y sabiduría. Una cabeza que logre la combinación perfecta de talento e ingenio.
Bienvenida la cabeza, el estratega que dirija a las mil virtudes que hacen al león fuerte y aguerrido. Que logre descifrar la ecuación y que por sobre todas las cosas, logre crear un legado, un sello característico, que ya no sea cuestión de épocas ni de camadas.
