Ambiente político podrido

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Es lamentable que el inicio del nuevo periodo parlamentario haga presumir que el desempeño de ambas cámaras no será muy distinto del que tuvieron en las últimas décadas, es decir, que seguirá distinguiéndose por la inmoralidad y la ignorancia de sus miembros. En efecto, la elección de las respectivas mesas directivas ha revelado que la mayoría de los legisladores no halla ningún inconveniente en que ellas estén integradas por unos impresentables que habrían incurrido en la comisión de delitos comunes, como los colorados Silvio Ovelar, Miguel Cuevas y Víctor Bogado, y el liberal Carlos Portillo. Las mesas directivas reflejan la catadura moral e intelectual del común de los parlamentarios, que hacen uso y abuso de los fueros y de los privilegios que se autoconceden con la Ley del Presupuesto General de la Nación, sin olvidar el tráfico de influencias, el nepotismo y el prebendarismo. Es encomiable que algunos de los nuevos diputados hayan renunciado a esos privilegios, siendo de esperar que actitudes como esta se reflejen en otras cuestiones que afecten al interés general. Es preciso que al menos una minoría demuestre que es posible honrar la confianza depositada por los electores, pese a todas las tentaciones. Quienes así actúen pueden tener la certeza de que los ciudadanos y las ciudadanas les acompañarán y sabrán valorar su actitud.

Es lamentable que el inicio del nuevo periodo parlamentario haga presumir que el desempeño de ambas cámaras no será muy distinto del que tuvieron en las últimas décadas, es decir, que seguirá distinguiéndose por la inmoralidad y la ignorancia de sus miembros. En efecto, la elección de las respectivas mesas directivas ha revelado que la mayoría de los legisladores no halla ningún inconveniente en que ellas estén integradas por unos impresentables que habrían incurrido en la comisión de delitos comunes.

La Cámara de Senadores estará presidida por el senador colorado “añetete” Silvio Ovelar, sorprendido en Coronel Oviedo cometiendo delito electoral al ofrecer dinero a cambio de votos o de cédulas de identidad, poco antes de los comicios generales de 2013. La denuncia penal cayó en agua de borrajas y sus colegas de entonces se limitaron a suspenderlo por sesenta días, sin goce de dieta. Aunque cueste creerlo, a este inescrupuloso a carta cabal es a quien sus colegas lo eligieron nada menos que para presidente de la Cámara de Senadores del Paraguay.

No le va a la zaga el nuevo secretario parlamentario, el multimillonario senador cartista Víctor Bogado, sometido a proceso por haber estafado al erario en el caso del cobro indebido de honorarios de la niñera de sus hijos, cuyo salario era abonado con fondos públicos. Ambos fueron electos mediante el voto de la nueva triple entente “abdista-cartista-llanista”, incluidos los de los senadores Rodolfo Friedmann y Mirta Gusinky, a quienes los miembros de dicha alianza están tratando de expulsar de la Cámara Alta.

Que los confabulados contra el art. 189 de la Constitución no nos vengan con la “presunción de inocencia” para justificar tamaña indecencia en relación con los dos impresentables legisladores. Si les parece irreprochable confiar la dirección del cuerpo legislativo a esos personajes de avería es porque una gran parte de ellos es de la misma índole, o sea, porque creen que no hay nada malo en comprar conciencias o en recurrir al dinero de los contribuyentes para sostener al personal doméstico. Por lo visto, esas “nimiedades” no implican ningún obstáculo para integrar la mesa directiva de una “Honorable Cámara de Senadores”.

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Tampoco el tráfico de influencias, el cohecho pasivo agravado y la asociación criminal, delitos por los que el Ministerio Público imputó al liberal reelecto Carlos Portillo, impidieron que este cuestionable hazmerreír fuera electo secretario parlamentario de la Cámara de Diputados, a propuesta de su colega colorado José María Ibáñez, acusado a su vez por la Fiscalía de Delitos Económicos y Anticorrupción por los hechos punibles de estafa, expedición de certificados de contenido falso y cobro indebido de honorarios, en el caso de los tres “caseros” de su quinta de Areguá que figuraban en la nómina de funcionarios de la Cámara de Diputados. Aquí se puede aplicar aquello de “entre bueyes no hay cornadas”. Portillo, un verdadero bufón en la consideración de los internautas, quien afirma poseer al menos siete títulos universitarios, se vio obligado a devolver el viático que cobró en 2013 por un viaje “oficial” a Las Vegas que nunca realizó. Fue, además, inhabilitado por dos años para viajar en nombre de la Cámara.

Lo atribuible a Portillo, sin embargo, aparece como un pecado venial comparado con la presunta malversación de 40.000 millones de guaraníes, a costa del almuerzo y la merienda escolares, que habría perpetrado en 2014 y 2015 el flamante titular de la Cámara, el colorado Miguel Cuevas, siendo gobernador de Paraguarí, según lo denunció ante el Ministerio Público un concejal de Ybycuí, basado en una auditoría de la Contraloría General de la República.

Si entre las nuevas autoridades de ambas cámaras figuran legisladores como los citados, la ciudadanía no tiene que hacerse muchas ilusiones acerca de lo que cabe esperar en este ámbito hasta 2023, aunque debe destacarse el ingreso de algunas figuras interesantes y confiables para este periodo, si bien contadas con los dedos. Las mesas directivas reflejan la catadura moral e intelectual del común de los parlamentarios, que no se sienten obligados más que a sí mismos y a sus respectivos jefes. No rinden cuentas a nadie. Sus representados les importan poco o nada, y como no están sujetos a mandatos imperativos, solo responden ante su conciencia, que puede venderse al mejor postor.

Si se descubre que cometieron algún delito, antes o durante su gestión legislativa, pueden confiar en que sus colegas los protejan o que, en todo caso, sus chicanas procesales sean toleradas durante años, como bien lo demuestran el senador Bogado y el diputado Ibáñez. Y, desde luego, hacen uso y abuso no solo de los fueros, sino también de los privilegios que se autoconceden con la Ley del Presupuesto General de la Nación, sin olvidar el tráfico de influencias, el nepotismo y el prebendarismo.

Es encomiable que algunos de los nuevos diputados hayan renunciado a esos privilegios, siendo de esperar que actitudes como esta se reflejen en otras cuestiones que afecten al interés general, más allá de algunas actitudes llamativas como la de la diputada Kattya González (PEN), que le dio la espalda al presidente Horacio Cartes durante su reciente discurso, o la de gritarle “mentiroso”, como lo hizo la senadora Desirée Masi (PDP) en el mismo acto. Aparte de que estas posturas no causan efectos prácticos ni inmutan a quienes van dirigidas, es de desear que, sobre todo, las personas honestas que hacen sus primeras armas en el Congreso no se dejen contaminar por el sórdido ambiente, y que se resistan a entrar en componendas contra los principios morales y constitucionales.

Es preciso que al menos una minoría demuestre que es posible honrar la confianza depositada por los electores, pese a todas las tentaciones. Quienes así actúen pueden tener la certeza de que los ciudadanos y las ciudadanas les acompañarán y sabrán valorar su actitud, que les permitirá construir un valioso rédito electoral para el futuro, para ir depurando este ambiente político podrido en que se ve atrapado nuestro país.