Codo a codo con los campesinos

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Las primeras declaraciones del flamante titular del MAG, Juan Carlos Baruja, han sido enfáticas en expresar que “estará con los más pobres”. Es conocida la precariedad en que se encuentra el sector campesino del país en materia de salud, educación, caminos. Si el ministro Baruja tiene la sincera intención de hacer bien las cosas, debe empezar por incrementar la dotación de extensionistas agrarios, y que estos vayan a acompañar a los campesinos, a chapotear con ellos, y codo a codo enseñarles a producir para mejorar sus condiciones de vida.

Las primeras declaraciones del flamante titular del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), Juan Carlos Baruja, han sido enfáticas al expresar que “estará con los más pobres”. Asimismo, dijo que trabajará a fin de “lograr que se sientan –los sectores campesinos más desfavorecidos– apoyados y acompañados por el Gobierno, y de esa manera mejoren su calidad de vida”. Son palabras importantes que se deben tener muy en cuenta.

Es sabido que la precariedad en la que está inmerso el sector campesino del país, además de darse por la falta de posesión de tierras, se debe a una pálida visión que se tiene del fenómeno de la pobreza por parte de los organismos gubernamentales. En este aspecto, ¿de qué le sirve al campesino paraguayo tener tierra y no poseer la tecnología y los recursos con los cuales sacar el mejor rendimiento de ella?

El ministro Baruja sabe, teniendo en cuenta el anterior cargo en el que se desempeñó como funcionario de “lucha contra la pobreza”, que uno de los peores daños a que fue y es sometido el campesinado de nuestro país es el asistencialismo, es decir, “darle” prebendas que finalmente lo empobrecen aún más.

El acompañamiento que hoy necesitan los campesinos, la mayoría de los cuales postrados en la impotencia pero deseosos de progresar, debe encaminarse de una manera integral. Estos compatriotas postergados por años no solo precisan sacarle el mayor y mejor rendimiento a la tierra que poseen, sino además deben tener acceso a un servicio de salud pública que no solo remedie las enfermedades, sino las prevenga. Es lamentable saber que madres embarazadas del interior fallecen camino al primer puesto asistencial a causa de no tener atenciones oportunas. El ministro Baruja sabe, además, que muchos niños, adolescentes y jóvenes del campo quedan relegados del sistema educativo por diferentes motivos, que van desde acompañar a sus padres en las chacras para el sostenimiento de la vida familiar hasta el no asistir a la escuela porque ella se encuentra muy distante, o se desenvuelven en condiciones de extrema precariedad. No debe olvidar tampoco la falta de caminos para que los campesinos puedan sacar sus productos para la venta.

Y algo fundamental: si el ministro Baruja tiene la sincera intención de hacer bien las cosas, debe empezar por incrementar la dotación de extensionistas agrarios –que no llegan ni a 200 para toda la República a pesar de que el MAG tiene unos 3.000 funcionarios–, y que estos vayan a acompañar a los campesinos, a chapotear con ellos, y codo a codo enseñarles a producir para mejorar sus condiciones de vida.