El Mercosur cumple este año su 25º aniversario de fundación, y en ese cuarto de siglo en su marco se han creado una serie de instituciones totalmente intrascendentes para el mejor desenvolvimiento de los países socios. Una de ellas es el Parlamento del Mercosur (Parlasur), costoso organismo que no aporta absolutamente nada a la integración regional, sino que, por el contrario, les cuesta un dineral a las arcas de los países miembros del bloque.
En el caso del Paraguay, sus 18 representantes en el Parlasur, así como los 50 funcionarios asignados a ellos, les costarán este año a los paraguayos la friolera de 24.555 millones de guaraníes (más de 4 millones de dólares) en concepto de sueldos, pasajes y viáticos, entre otras cosas.
Pese a su pomposa denominación, esa inservible entidad regional no legisla ni controla a ningún Poder Ejecutivo. Si poco o nada tiene que hacer, es comprensible que en 2015 haya sesionado solo tres veces, sin que sea de esperar que este año se reúna con mucha mayor frecuencia.
Se preguntará el lector quiénes son y qué hacen los “parlasurianos” paraguayos y sus decenas de funcionarios para justificar la considerable carga que suponen para el presupuesto nacional. Y bien, la última actuación conocida de un miembro del descansado equipo es la de Ricardo Canese, que el 29 de febrero presentó un proyecto para que el Parlasur declare su “preocupación por la parcialidad manifiesta del Poder Judicial del Paraguay y su Fiscalía en el caso Curuguaty”.
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Los parlasurianos compatriotas tienen un sueldo de 32.774.840 guaraníes mensuales y son los únicos que reciben una paga como tales, pues los representantes de Brasil, Uruguay y Venezuela son legisladores nacionales que solo cobran la dieta que les corresponde, y que perciben un viático extra cuando los designados como representantes ante el Parlasur deben asistir a las sesiones de este organismo. El Gobierno de la Argentina ha anunciado que los de ese país ya percibirán solo un monto que equivale a alrededor de 1.170.000 guaraníes por día de asistencia a las pocas sesiones a las que asisten.
El mandato de esos aprovechados no puede ser revocado, pero lo que sí sería factible es pagarles un sueldo justo equivalente a la escasa actividad que realizan, y reducirles el ejército de funcionarios que tienen estos privilegiados representantes (equivalente a casi tres por parlasuriano). Si ya los parlamentarios no tienen nada que hacer, ¿en qué gastarán su tiempo los funcionarios locales del Parlasur?
Así como están las cosas, los parlasurianos “planillean” a su gusto, a lo sumo emitiendo sus opiniones a través de un portal del organismo, la mayoría de las veces expresando que tal o cual cosa “debería hacerse” para fortalecer la integración de los pueblos, etc., etc., pero sin llevar nada de eso a la práctica.
El Paraguay no debe seguir despilfarrando recursos en beneficio de los miembros de un órgano desconocido por los electores ni de unos funcionarios que no tienen nada que hacer, salvo desangrar al erario una vez al mes, al igual que sus “patrones”. Todo esto es una verdadera tomadura de pelo, que resulta aún más irritante cuando se observan los denodados esfuerzos del Ministerio de Hacienda por extraer más dinero del bolsillo de quienes trabajan para seguir trasladándolos a los de unos ociosos de marca mayor.