Debe sentirse orgullosa

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Visita nuestro país la princesa Mako, nieta del emperador japonés Akihito, hija del príncipe Akishino y de la princesa Kiko, que vino para participar de la conmemoración del 80º aniversario del arribo del primer contingente de inmigrantes japoneses a nuestro país. Cuando regrese a su patria, la princesa puede hacerlo satisfecha, porque pudo verificar que sus compatriotas que llegaron al Paraguay desde el año 1936 fueron y continúan siendo ejemplos de laboriosidad y honradez. Donde fuera que se instalaran, sus colonos se dedicaron a crear condiciones favorables para una intensa labor de desarrollo agrícola, con tecnología apropiada, moderna y mejor aplicada. Estos colonos les enseñaron a muchos de los nuestros a trabajar la tierra de un modo diferente, más inteligente, intensa y provechosamente. La princesa Mako tiene mucho de qué envanecerse en lo que respecta al trabajo que sus compatriotas realizaron en el Paraguay, a la imagen que proyectaron aquí de la nacionalidad y cultura niponas. Los colonos japoneses y sus descendientes representaron al emperador y a la nación japonesa con gran altura y enorme sentido de dignidad y patriotismo.

Visita nuestro país la princesa Mako, nieta del emperador japonés Akihito, hija del príncipe Akishino y de la princesa Kiko, que vino para participar de la conmemoración del 80º aniversario del arribo del primer contingente de inmigrantes japoneses a nuestro país. Estos pioneros se instalaron en una zona del departamento de Paraguarí conocida como Colonia La Colmena, dando así principio histórico a una larga y fructífera relación entre nuestro país y el imperio del Japón en las áreas económica y cultural.

Cuando regrese a su patria, la princesa Mako puede hacerlo satisfecha, porque pudo verificar que sus compatriotas que llegaron al Paraguay desde el año 1936 fueron y continúan siendo ejemplos de laboriosidad y honradez. Donde fuera que se instalaran, sus colonos se dedicaron a crear condiciones favorables para una intensa labor de desarrollo agrícola, con tecnología apropiada, moderna y mejor aplicada.

Los colonos japoneses –que llegaron en tres momentos sucesivos: 1936, 1953 y 1960– cultivaron empresarialmente soja, maíz, arroz y trigo; y más tarde impulsaron la producción de colza, girasol y avena. Introdujeron las más actualizadas técnicas en horticultura e hicieron que los consumidores paraguayos tuviesen en sus mesas ciertas legumbres, granos y frutas todo el año, y no solamente en temporadas, como era hasta entonces.

Más recientemente, crearon granjas de producción avícola, piscicultura, e introdujeron la raza de bovinos wagyu, desarrollada en la ganadería japonesa, con fines de consumo interno, pero, principalmente, de exportación, diversificando de este modo ágil y dinámico su producción económica y ampliando sus horizontes de progreso.

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Actualmente, serían alrededor de diez mil personas de nacionalidad japonesa y descendientes de japoneses las que residen en nuestro país. Esto significa que los más jóvenes pertenecen ya a la quinta generación, siendo, la gran mayoría de ellos, productores primarios de gran potencialidad económica, demostrando virtudes esenciales como la contracción al trabajo, las buenas costumbres, la frugalidad, el ahorro y el aprendizaje permanente.

No fue extraño, por consiguiente, que la forma de laborar y el conocimiento introducido por los colonos nipones en sus zonas de influencia directa en la agricultura y la horticultura, el modo de conservar y preparar alimentos domésticos, el mercadeo, la disciplina y continuidad necesaria en los métodos de labor para lograr buenos resultados, fueran factores que modificaron sustancialmente las anteriores condiciones técnicas en que se desempeñaban nuestros labriegos. En otras palabras, les enseñaron a muchos de los nuestros a trabajar la tierra de un modo diferente, más inteligente, intensa y provechosamente.

También fueron capaces de surtir mejor y de manera sostenida nuestros mercados de consumidores con sus novedosos productos de huertas y granjas, de manera que debe agregarse a sus méritos el que también nos enseñaran a alimentarnos mejor, diversificando nuestras fuentes de nutrición con productos e ingredientes hasta entonces no conocidos. Estas enseñanzas, estos aportes a nuestra cultura, no poseen valor estimable en cifras, sino solamente en elogios y sentimientos de gratitud, porque modificar en sentido positivo la educación, la salud y la mentalidad de muchas personas es un beneficio de valor incalculable.

La colectividad japonesa en el Paraguay integró, junto a otros contingentes de inmigrantes extranjeros que hallaron en nuestro país refugio, paz y condiciones favorables de tranquilidad para laborar, producir y prosperar, un sector poblacional de gente que se arraigó con facilidad y muy pronto comenzó a aportar al Paraguay sus mejores conocimientos y hábitos, creando condiciones culturales para un avance hacia la modernidad en nuestro ámbito rural. Así se fueron conformando sucesivamente las colonias Federico Chávez, Santa Rosa, La Paz y Fuji.

La última instalación de colonos japoneses en nuestro país se concretó mediante convenios intergubernamentales, dirigida por la empresa Promotora del Exterior del Japón SA –antecesora de la actual Japan International Cooperation Agency (JICA)–, que adquirió los inmuebles rurales destinados a acogerlos. Nacieron entonces las colonias Pirapó, Yguazú y Piraretá, que muy pronto demostraron su capacidad de prosperar y de elevar el nivel de vida a su alrededor, hasta el punto de que hoy exhiben mejores índices de ingreso que la mayoría de las regiones productivas del país. Los campesinos paraguayos que aprendieron de ellos, que los imitaron, están hoy en día en una posición socioeconómica holgada.

En general, los colonos japoneses y sus descendientes nacidos en esta tierra e integrados a diferentes sectores sociales demostraron siempre una conducta personal y colectiva pacífica, sensata, equilibrada y respetuosa de las leyes y normas sociales.

La princesa Mako tiene mucho de qué envanecerse en lo que respecta al trabajo que sus compatriotas realizaron en el Paraguay, a la imagen que proyectaron aquí de la nacionalidad y culturas niponas, generando en los paraguayos el gran respeto y admiración que profesamos hacia su país y su gente. Los colonos japoneses del Paraguay y sus descendientes representaron al emperador y a la nación japonesa con gran altura y enorme sentido de dignidad y patriotismo. Esta es la buena noticia que la princesa puede llevar a sus padres y abuelos, y de la cual ella misma puede sentirse orgullosa.