Desprolijidad paraguaya

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Una pésima característica cultural de nuestra personalidad colectiva, que desde los tiempos de la Colonia los paraguayos no podemos superar, es la deplorable actitud de desprecio por el trabajo bien hecho, adecuadamente acabado, de resultado prolijamente presentado. La traducción de esto es el “vai vai”, “ome’êma niko”, “péichante”, “ovaléma”, “ya da ya”, etc., etc., con que nos damos por satisfechos de una obra inconclusa, deficiente o desarreglada. Raro es el paraguayo medio que sea exigente consigo mismo para obtener buena calidad en lo que hace.

Una pésima característica cultural de nuestra personalidad colectiva, que desde los tiempos de la Colonia los paraguayos no logramos superar, es la deplorable actitud de desprecio por el trabajo bien hecho, adecuadamente acabado, de resultado prolijamente presentado. La traducción de esto es el “vai vai”, “ome’êma niko”, “péichante”, “ovaléma”, “ya da ya”, etc., con que nos damos por satisfechos de una obra inconclusa, deficiente o desarreglada.

Raro es en el paraguayo medio que sea exigente consigo mismo para obtener buena calidad en lo que hace. Los pocos que lo son, que cuidan este aspecto, triunfan fácilmente sobre los demás. Hay chipas ricas que lo son desde hace años, siempre igual de aceptadas y buscadas, porque quienes las hacen cuidan que los ingredientes y el proceso que les dieron éxito no varíen. Hay locales gastronómicos que mantienen su nivel de concurrencia durante décadas gracias al afán de sus ejecutivos por mantener su cocina y su servicio a la altura que de ellos esperan sus fieles concurrentes. Hay artistas y artesanos que son aplaudidos durante generaciones merced a la aplicación cuidadosa que sostenidamente dedican a sus obras y actuaciones. Los comercios que otorgan la mayor importancia al orden, aseo, buena apariencia y fino gusto en la presentación de sus mercaderías ganan con facilidad la atención y preferencia de la clientela. La gente que no trata de ahorrarse esfuerzos, tiempo, calidad de ingredientes, que no rebaja el servicio profesional ni el nivel de sus prestaciones, conserva sus admiradores y usuarios sin problemas.

Mas, lamentablemente, este tipo de gente es muy escaso. En cambio, se pueden citar muchos tipos de signo contrario: los informales, los fallutos, los ineficientes, los desordenados o sucios. En el ramo de los oficios relacionados con la construcción y con la reparación se dan tantos de estos en nuestro medio, que cada lector podría hacer lista propia con base en su experiencia.

Hay que decirlo sin tapujos o hipocresía: la calidad de la mano de obra paraguaya, en general, es pésima. La mayoría de los albañiles, piseros, pintores, azulejistas, carpinteros, electricistas, reparadores de máquinas, mecánicos, jardineros, etc., no acaba de una sola vez su tarea; con suerte llegan al 95% de ella en el primer intento. Y si ya cobraron por la totalidad, muchas veces habrá que olvidar el cinco restante.

En el panorama de la ciudad puede demostrarse el resto. La pésima factura del pavimento, las cañerías eternamente podridas, la multiplicación inexplicable de columnas y el horrible cablerío que ensucia el cielo y destroza la arboleda. Los cables de Copaco, ANDE y otras empresas públicas o privadas se enredan o cuelgan en todas partes, durante meses y años, puestos en donde más les convinieron a los obreros que los instalaron, sin que sus jefes les obliguen a poner las cosas como deben estar. Pero, ¿por qué? Porque unos y otros, obreros y jefes, tienen la misma mentalidad del “vai vai”.

Uno de los motivos por los que nuestra integración completa y real con nuestros países vecinos es una utopía es precisamente esta pésima nota de desprolijidad de nuestro modo de ser colectivo. Si se eliminaran los obstáculos, los profesionales extranjeros harían desaparecer del mercado de trabajo a sus colegas paraguayos en poco tiempo, desde el albañil hasta el abogado. Tenemos mucho que aprender y mucho que cambiar. Ojalá que una futura mejor educación pública logre corregirnos y nos haga, al menos, un tanto más competitivos en este mundo que tanto aprecia y demanda la excelencia en todos los ámbitos.