En una reciente declaración, el obispo del Vicariato Apostólico del Chaco, monseñor Gabriel Escobar, no solo expresó su preocupación por la deforestación en la Región Occidental, sino que, además, lamentó que “a cada instante escuchamos decir a nuestros gobernantes que el Chaco es nuestro futuro, pero a este paso lo único que se avizora es un negro panorama ambiental en la región”. Agregó que el Alto Chaco, y de una manera especial la zona del Pantanal, es un patrimonio de la humanidad, y, como tal, el Estado paraguayo debería brindar los recursos necesarios para poder conservar ese bello rincón de la naturaleza.
A su vez, semanas atrás, representantes de la organización ambiental “Mighty Earth”, con sede en Washington, que focaliza sus acciones en la conservación de selvas tropicales, con la asistencia de técnicos de la ONG Guyra Paraguay, sobrevolaron el Departamento de Alto Paraguay y constataron el acelerado avance de la deforestación en la zona.
Desde hace varios años, Guyra Paraguay viene realizando un monitoreo mensual del Gran Chaco Americano, cuya superficie abarca 1.070.000 km2, aproximadamente, divididos en partes desiguales entre Paraguay, Bolivia, Argentina y Brasil, correspondiendo a Paraguay una superficie de 269.000 km2. Según el último reporte de dicha ONG, de mayo pasado, el promedio de deforestación en nuestro país fue de 577 hectáreas por día (más de 17.000 hectáreas por mes y unos 210.000 por año).
Ante este panorama de exterminio del área boscosa chaqueña, es legítimo que el obispo Gabriel Escobar haya dicho que “solo los que vivimos en esta parte del país, haciendo patria, nos damos cuenta del daño criminal que se está realizando en el Chaco con relación a la tremenda deforestación que se produce en la región desde hace años”.
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La Ley 1561/00, que crea el Sistema Nacional del Ambiente (Sisnam), el Consejo Nacional del Ambiente (Conam) y la Secretaría del Ambiente (Seam), dispone explícitamente, en relación a esta última, que, además de formular, coordinar, ejecutar y fiscalizar la política ambiental del país, debe “formular, ejecutar, coordinar y fiscalizar la gestión y el cumplimiento de los planes, programas y proyectos, referentes a la preservación, la conservación, la recuperación, la recomposición y el mejoramiento ambiental, considerando los aspectos de equidad social y sostenibilidad de los mismos”. Como siempre ocurre, se crea una maraña burocrática y se sancionan leyes, pero en la práctica nada se hace, todo queda en la nada.
Partiendo de la normativa legal mencionada, y teniendo como telón de fondo las extensas zonas del Chaco que continúan siendo deforestadas sin interrupción, la ciudadanía se pregunta ante semejante despojo de la naturaleza: ¿dónde está la presencia del Estado? ¿Qué papel juega la Seam ante los emprendimientos de “desarrollo” depredador que vienen afectando a esa parte del país? ¿Cómo justifica la Seam su inacción de cara no solo al saqueo de los bosques sino, además, de la fauna silvestre y de los recursos hídricos, tan tremendamente castigados en esa parte del país? ¿En qué invierte la Seam los cuantiosos recursos que anualmente tiene presupuestados, además de aquellos que son concedidos por organismos extranjeros para financiar los proyectos que pueden procurar mitigar el nocivo impacto ambiental?
El recurso bosque del Gran Chaco Americano, en la parte paraguaya, inevitablemente seguirá su rumbo hacia el exterminio, a no ser que las autoridades de la Seam asuman su verdadero rol de liderar la gestión ambiental del país. Esta grave depredación de nuestros bosques y otros recursos naturales ya venía de Gobiernos anteriores, sin que el actual se haya destacado también por prestarle mayor atención al problema. Si el Estado paraguayo poco o nada hace para preservar los bosques, al menos desde el extranjero se está tomando alguna iniciativa en tal sentido, como la que acaba de dar a conocer el diario británico The Guardian. En efecto, la cadena internacional de supermercados Carrefour suspendió la compra del carbón chaqueño proveído por la firma Bricapar, perteneciente al ministro de Obras Públicas y Comunicaciones, Ramón Jiménez Gaona, tras una investigación sobre deforestación realizada sobre el terreno por la ONG británica Earthsight.
Se debe insistir e insistir sobre la gran importancia que tienen los bosques para la humanidad. Para comenzar, al absorber el dióxido de carbono de la atmósfera juegan un papel importante en la lucha contra el cambio climático. Además, regulan el caudal de los ríos y arroyos, por lo que es visible en muchos lugares del país que, al desaparecer los árboles, a su vez se van destruyendo los cauces de esos cursos de agua. Asimismo, los bosques albergan alrededor del 70% de la biodiversidad de la Tierra, por lo que su desaparición condena al exterminio a valiosas especies de plantas, insectos y animales de mayor tamaño. También, proveen bienes y servicios esenciales, y constituyen un importante atractivo para la explotación turística.
Es de gran urgencia, entonces, que nuestras autoridades dejen de lado la politiquería mezquina y dirijan su atención hacia la preservación de la naturaleza, en este caso concreto para evitar la desaparición de los bosques de nuestro Chaco, sobre los que lanza una angustiosa advertencia el obispo de la zona, monseñor Escobar. Independientemente de este llamado, si el Gobierno atiende ese problema no hará otra cosa que cumplir con la Constitución, que en su artículo 7 establece: “Toda persona tiene derecho a habitar en un ambiente saludable y ecológicamente equilibrado”.