El dinero sepulta al patriotismo

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El director paraguayo de la Entidad Binacional Yacyretá (EBY), ingeniero Ángel María Recalde, ha señalado con cínica soberbia que el llamado a licitación pública internacional para la maquinización del brazo Aña Cua no está supeditado a la aprobación por el Senado de la nota reversal del acuerdo firmado por los presidentes Horacio Cartes y Mauricio Macri en junio pasado. Dijo más: que la obra fue autorizada por el Consejo de Administración de la entidad ya en el año 2000, y que si hasta ahora no se le ha dado inicio ha sido simplemente por falta de recursos para financiarla. La desatinada aseveración de este personaje, que no tiene empacho en opinar sobre asuntos de Estado con ligereza de mercader, refleja la irresponsabilidad con que el presidente Cartes viene manejando la política exterior de nuestro país con relación a las usinas hidroeléctricas binacionales, en particular con relación a la EBY. Al mismo tiempo, la delirante retórica de que hace gala el ingeniero Recalde demuestra la forma en que el Gobierno paraguayo está llevando adelante el asunto de Aña Cua. De ninguna manera la firma del Acta de Entendimiento por los dos presidentes en junio pasado significa que la controversia con Argentina sobre la EBY ha terminado.

El director paraguayo de la Entidad Binacional Yacyretá (EBY), ingeniero Ángel María Recalde, ha señalado con cínica soberbia que el llamado a licitación pública internacional para la maquinización del brazo Aña Cua no está supeditado a la aprobación por el Senado de la República de la nota reversal del acuerdo firmado por los presidentes Horacio Cartes y Mauricio Macri en junio pasado. Dijo más: que la obra fue autorizada por el Consejo de Administración de la entidad ya en el año 2000, y que si hasta ahora no se le ha dado inicio ha sido simplemente por falta de recursos para financiarla.

A la gente que ha escuchado o leído la insólita declaración de este funcionario sosteniendo tan peregrino criterio institucional acerca de un asunto de máximo interés nacional, le habrá costado contener la indignación ante semejante disparate. Con todo, la desatinada aseveración de este personaje, que no tiene empacho en opinar sobre asuntos de Estado con ligereza de mercader, refleja la irresponsabilidad con que el presidente Horacio Cartes viene manejando la política exterior de nuestro país con relación a las usinas hidroeléctricas binacionales, en particular con relación a la EBY.

Al mismo tiempo, la delirante retórica de que hace gala el ingeniero Recalde demuestra la forma en que el Gobierno paraguayo está llevando adelante el asunto Aña Cua. Al presidente Cartes parece importarle un bledo aprovechar la excelente oportunidad que brinda la coyuntura de la necesidad de la Argentina por más energía eléctrica y su apuro por construir Aña Cua, para defender con firmeza el interés nacional, históricamente atropellado por nuestros socios desde el día después de que se haya firmado el Tratado el 3 de diciembre de 1973.

De ninguna manera la firma del Acta de Entendimiento por los presidentes Horacio Cartes y Mauricio Macri en junio pasado significa que la controversia con Argentina sobre la EBY ha terminado. Si el Senado de la República se atiene a la voluntad mayoritaria de los paraguayos y paraguayas del presente, y la plausible actitud adoptada en ocasiones anteriores en la defensa de los altos intereses de la nación, no va a aprobar la nota reversal que formaliza lo acordado recientemente por ambos presidentes, con lo que la torta virtual que el diablo tiene preparada en su cueva, no estará en la mesa del festín que los buitres de ambas márgenes están ansiosos por devorar.

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Por tanto, el escenario que la nación entera tiene en vista en la EBY es que la negociación sobre ella debe volver a foja cero, y ser reiniciada por el siguiente Gobierno a ser elegido en abril próximo, mal que les pese al presidente Cartes y sus adláteres, así como al presidente de la Nación argentina. Lo que realmente está haciendo nuestro Primer Mandatario es aceptar la pretensión argentina de mantener el statu quo hegemónico en la EBY, a cambio de la suculenta piñata colgada sobre Aña Cua, a repartirse los comensales. Con esa entreguista y antipatriótica actitud, el presidente Cartes está desperdiciando inútilmente un precioso capital político. Efectivamente, dado el riesgo de negociar intereses nacionales estratégicos bajo la tentación del soborno, debió haberse mantenido firme en la postura de exigir al Gobierno argentino el cumplimiento estricto del Tratado.

En este sentido, la esencia del mensaje sobre política exterior del próximo presidente del Paraguay debe ser la intransigente defensa de los derechos soberanos de la República en las usinas hidroeléctricas binacionales, en pie de igualdad absoluta con sus socios en lo atinente a la administración de las mismas, y a la repartición equitativa de los beneficios allí devengados. Vale decir, prometer que no se contaminará con el pecado de venalidad que caracterizó a sus predecesores.

Nuestro próximo jefe de Estado debe ser claro en el sentido de que la política exterior paraguaya con respecto a las entidades binacionales será transparente y firme; una política nacionalista enderezada a acabar con la entrega de soberanía a cambio de sobornos para el enriquecimiento personal de unos cuantos manguruyuses, tal cual sucedió y continúa sucediendo. A tal efecto, tan pronto asuma, con ayuda de los mejores asesores paraguayos y extranjeros que pueda conseguir, debe dar inicio a negociaciones encaminadas a lograr con sus socios acuerdos justos y mutuamente convenientes tanto en Yacyretá como en Itaipú.

Lamentablemente, por falta de patriotismo, el Gobierno de Horacio Cartes ha renunciado a aprovechar la imperiosa necesidad de electricidad que hoy tiene la Argentina para lograr el acuerdo que en justicia corresponde en la revisión del Anexo C del Tratado. Lo convenido no se basa en dicho documento y desconoce nuestras legítimas reivindicaciones. Esto, porque fue concertado con la mirada del Presidente de la República fija en la torta de Aña Cua antes que en el meollo que hace a la problemática de la EBY, por lo que todo va a quedar igual que antes. Y hasta peor, en muchos aspectos.

Renovando esa visión patriótica de la que en el pasado dieron muestras nuestros gobernantes en el tratamiento y defensa de los intereses nacionales es como lograremos avanzar hacia la gradual recuperación de nuestra soberanía energética en las entidades binacionales, y la inserción de nuestro país dentro de esa interconexión eléctrica comercial concertada desde hace casi medio siglo entre Argentina, Brasil y Uruguay, y de la que, irónicamente, continúa excluido nuestro país, pese a ser el mayor exportador de energía eléctrica limpia y renovable que comercializan los tres países mencionados.

Queda en nuestras manos elegir el próximo año a un presidente de la República que prometa y cumpla con su palabra, conduciendo al Estado por la senda de la reivindicación de nuestros derechos vulnerados en las usinas hidroeléctricas binacionales, de conformidad con los Tratados respectivos, que están para ser cumplidos.