Estructuras políticas obsoletas

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Sobre las derrotas coloradas en lugares importantes en las elecciones municipales, el senador Luis A. Castiglioni dijo que los colorados ya no quieren en sus filas a los “astutitos” y “letraditos” que buscan beneficiarse del partido. Agregó que el coloradismo debe revisar su modelo de hacer política. Quienes continúan bajo esquemas obsoletos en este sentido deben comprender que el electorado no solo ha crecido en su forma de participación, sino que ha llegado a la madurez de demostrar que su voto sirve para castigar al corrupto y beneficiar al candidato que cree puede servir mejor a la ciudadanía.

En relación con las derrotas coloradas en lugares importantes en las recientes elecciones municipales, el senador y líder de uno de los bloques de la ANR en la Cámara Alta, Luis Alberto Castiglioni, dijo que los colorados ya no quieren en sus filas a los “astutitos” y “letraditos” que buscan beneficiarse del partido. Es más, Castiglioni expresó que el coloradismo debe revisar su modelo de hacer política.

Está visto en la experiencia humana que ante cualquier tipo de adversidad, si no se asume una actitud de reponerse ante ella, la siguiente es encontrar un chivo expiatorio que aplaque los desastres suscitados, algo así como el que halló el senador Juan Carlos Galaverna en la presidenta del Partido Colorado, Lilian Samaniego, al conocerse los diferentes resultados eleccionarios.

La inesperada derrota de los colorados y el plagueo de quienes han perdido y ven en peligro sus zoquetes no hacen sino demostrar que los políticos no se dan por enterados de que el electorado no solo ha crecido en su forma de participación, sino que ha llegado a la madurez de demostrar que su voto sirve para castigar al corrupto o beneficiar al candidato que quiere ganar un sitial de poder con la promesa de favorecer a la ciudadanía.

Quienes todavía continúan bajo esquemas obsoletos de hacer política, y desvalorizan o subestiman el movimiento del electorado, pensando que con mañas o que a “platazo limpio” se puede todavía ganar elecciones, no han comprendido que los votantes tienen el legítimo poder de optar por el voto castigo eligiendo opciones en blanco o votando al adversario de su propio partido, como evidentemente ha ocurrido en los recientes comicios. La derrota de los colorados en muchos municipios importantes del país no solo debe servir de tema de reflexión a la dirigencia política de ese partido, sino que la experiencia debe ser capitalizada por todos los que de alguna manera ostentan cualquier tipo de cargo dirigencial o pretenden ganar una banca, sean del partido que fuere.

A todas luces, los nuevos tiempos reclaman demoler las estructuras obsoletas, empezando por los “hombres escombro” –rechazados y fustigados reiteradamente por el recordado monseñor Rolón– y siguiendo por las estrategias malsanas que habitualmente utilizan y que no hacen sino crear el caldo de cultivo para el continuismo de una mala y corrupta gestión política.

En el transcurso del tiempo, a lo largo de la dictadura y posteriormente a ella, el Partido Colorado poco a poco se ha ido desgastando a causa de la corrupción, el clientelismo, la prebenda y otras tácticas que han ido dejando secuelas negativas en la ciudadanía. La derrota de Arnaldo Samaniego en Asunción, por ejemplo, puede considerarse una consecuencia del hartazgo ante esa baja política. Y puede pronosticarse que cualquier partido o candidato que pretenda mantener esos detestables vicios sufrirá el mismo voto castigo de parte de la gente.

Por todo esto, una renovación de los partidos políticos, por fuera y por dentro, es imprescindible para recuperar la confianza en la clase política de este país, además de ser “conditio sine qua non” para reverdecer la golpeada democracia que vivimos.