Integrar Paraguay a la Alianza del Pacífico

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La exitosa Alianza del Pacífico, iniciativa de integración regional creada en 2011 por Chile, Colombia, México y Perú, que ya se ha convertido en la octava economía del mundo, ha iniciado negociaciones con Australia, Canadá, Nueva Zelanda y Singapur para que se conviertan en sus Estados Asociados, lo que supone que estén dispuestos a llegar en breve a acuerdos sobre inversiones, así como sobre libre comercio de mercaderías y tránsito de personas. Mediante la figura del Estado Asociado, la Alianza del Pacífico busca diversificar sus exportaciones y contrarrestar las medidas proteccionistas impulsadas por la actual administración norteamericana. El Paraguay, que desde 2013 es solo un Estado Observador de esa vigorosa unión aduanera, debe tratar de adquirir el estatus de Asociado y liberarse del cepo que implica la Decisión N° 32/00 del Consejo del Mercosur, que impide a sus miembros celebrar individualmente convenios de libre comercio con otros países o bloques. Como el Mercosur no come ni deja comer, es hora de que nuestro país denuncie formalmente un documento que vulnera su soberanía y lo obliga a someterse a conveniencias de terceros.

La exitosa Alianza del Pacífico, iniciativa de integración regional creada en 2011 por Chile, Colombia, México y Perú, que ya se ha convertido en la octava economía del mundo, ha iniciado negociaciones con Australia, Canadá, Nueva Zelanda y Singapur para que se conviertan en sus Estados Asociados, lo que supone que estén dispuestos a llegar en breve a acuerdos sobre inversiones, así como sobre el libre comercio de mercaderías y tránsito de personas. Mediante la figura del Estado Asociado, la Alianza del Pacífico busca diversificar sus exportaciones y contrarrestar las medidas proteccionistas impulsadas por la actual administración norteamericana.

El Paraguay, que desde 2013 es solo un Estado Observador de esa vigorosa unión aduanera, debe tratar de adquirir el estatus de Asociado y liberarse del cepo que implica la Decisión N° 32/00 del Consejo del Mercosur, que impide a sus miembros celebrar individualmente convenios de libre comercio con otros países o bloques. Cabe recordar que el Gobierno brasileño de Dilma Rousseff, que ejercía una suerte de liderazgo político en el Mercosur, había objetado que nuestro país se acercara tímidamente a la Alianza del Pacífico. Es que, junto con los Gobiernos uruguayo, argentino y venezolano, estaba mucho más interesado en la difusión del populismo de izquierda que en la integración económica regional, tanto que, paradójicamente, entre 1998 y 2015, el comercio entre los países del bloque bajó del 50% al 22%, signo elocuente del colosal fracaso del Mercosur. Los cambios políticos acaecidos en los dos grandes países vecinos no han conducido, hasta ahora, a una mayor flexibilización del Mercosur que permita su “convergencia” con la Alianza del Pacífico, entre otras alternativas.

En mayo del año pasado, el excanciller brasileño José Serra anunció que ese acercamiento tenía una “gran prioridad” y que iba a proponer una “actualización del Mercosur” para suprimir el impedimento que supone la perjudicial Decisión N° 32/00.

Mientras que nada se ha hecho ni se hace para que el Mercosur sirva para fomentar efectivamente la libre circulación de bienes, servicios y factores productivos prevista en el Tratado de Asunción, sigue vigente en cambio la prohibición de que sus socios celebren por su cuenta acuerdos preferenciales con otros países o bloques regionales. Como el Mercosur no come ni deja comer, es hora de que nuestro país denuncie formalmente un documento que vulnera su soberanía y lo obliga a someterse a conveniencias de terceros. Un impedimento similar no afecta, por cierto, a los miembros de la pragmática Alianza del Pacífico, que en solo cinco años lograron eliminar el 92% de los aranceles y concentrar el 50% del comercio latinoamericano y caribeño. Esta novel iniciativa de asociación regional no se dejó extraviar por los delirios “bolivarianos” y se ocupó de promover el libre comercio, en tanto que los socios del Mercosur perdieron el tiempo en cuestiones ajenas a la integración económica, llegando incluso a tomar partido en cuestiones como la de la Franja de Gaza o de las Malvinas.

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El Paraguay debe buscar nuevos horizontes, sin seguir constreñido por la Decisión N° 32/00 que, por lo demás, no impidió que la Argentina kirchnerista llegara a acuerdos de cooperación económica y de inversiones con la República Popular China, que implicaban la libre importación de bienes de ese país para obras de ingeniería. Hoy la Argentina es también un Estado Observador de la Alianza del Pacífico, lo que podría interpretarse como una apertura a la que podría seguir un acercamiento mayor.

La inercia del Mercosur no tiene por qué seguir siendo soportada por cada uno de sus socios, tanto que sería conveniente que, reconociendo el rotundo fracaso, revoquen la malhadada Decisión N° 32/00 para que cada uno de ellos, sin perjuicio de seguir integrando el bloque sudamericano, pueda incorporarse a los “grandes flujos comerciales del mundo” de los que habló el canciller uruguayo Rodolfo Nin Novoa. Uno de esos flujos pasa, evidentemente, por la Alianza del Pacífico, de modo que es imperioso que al menos nuestro país se aproxime aún más a ella, mediante la figura de Estado Asociado.

Cuando en julio del 2015 el Paraguay asumió la presidencia pro tempore del Mercosur, anunció que intentaría “incrementar el acercamiento del bloque a la Alianza”. Más allá de los buenos deseos, no ha ocurrido nada importante en tal sentido, de modo que el interés nacional exige que se efectúen los sondeos diplomáticos conducentes a crear vínculos más estrechos con el bloque del Pacífico. Ello supone desvincularse de una resolución que ata al país de pies y manos y lo condena a seguir sometido a cuanto responda a las conveniencias de Argentina y Brasil. Sería aconsejable, en tal sentido, lograr el apoyo uruguayo para instar a su pronta revocación, sin renunciar al derecho de denunciarla si los otros socios no están dispuestos a desechar el cepo que tanto lesiona nuestra soberanía. Los socios menores del Mercosur tienen intereses comunes, y uno de ellos es el de vender sus productos y ofrecer sus servicios en aquellos mercados en los que el libre comercio ya es una realidad.

Urge poner fin a esta situación absurda que atenta contra el interés del Paraguay de comercializar en términos ventajosos con cualquier país del mundo. La Decisión N° 32/00 debe ir al basurero para que los países del Mercosur busquen concertar negocios donde y con quienes más les convengan, inclusive, por supuesto, con los países vecinos.