La farsa del Mercosur al desnudo

A juzgar por recientes declaraciones, el presidente uruguayo Mujica parece estar comenzando a entender lo que realmente implica que el Mercosur no sea un bloque económico integrado por países en igualdad de derechos y participación en los beneficios, sino meramente la fachada de un bloque, que les sirve a Brasil y Argentina para ir por el mundo repartiendo propuestas de buenos negocios, exhibiendo la fotografía montada por un organismo equitativo que, supuestamente, representa a la mitad de Sudamérica y a millones de consumidores y productores. “Lo que no podemos seguir es en una especie de mentira institucional, tenemos una letra pero vamos por otro camino”, expresó Mujica, el mismo que justificó la suspensión del Paraguay del bloque con que “las razones políticas priman sobre las jurídicas”. En un sistema como este, los tribunales están completamente de más. La dictadura que suele imperar en algunos países se traslada así al bloque.

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El presidente uruguayo José “Pepe” Mujica parece estar comenzando a entender lo que realmente implica que el Mercosur no sea un bloque económico integrado por países en igualdad de derechos y participación en los beneficios, sino meramente la fachada de un bloque, que les sirve a Brasil y Argentina para ir por el mundo repartiendo propuestas de buenos negocios, exhibiendo la fotografía montada de un organismo equitativo que, supuestamente, representa a la mitad de Sudamérica y a millones de consumidores y productores.

“Tenemos (en el Mercosur) sistemas establecidos jurídicamente de dirimir nuestras diferencias y conflictos que en realidad no funcionan y no podemos aplicar”, acaba de declarar Mujica (Canal 4; Montevideo). “Sería mejor que nos sinceremos –agregó–, y si esos mecanismos no sirven, tratemos de construir otros que sean flexibles, que respondan más a la época actual. Lo que no podemos seguir es en una especie de mentira institucional, tenemos una letra pero vamos por otro camino”, concluyó (el subrayado es nuestro).

No son estas las mismas palabras y conceptos que empleó cuando se refirió a la manera claramente ilegal y profundamente descortés e inamistosa en que se “suspendió” a nuestro país del Mercosur, en aquella grosera maniobra perpetrada en junio de 2012 por él, Cristina Fernández de Kirchner y Dilma Rousseff, utilizada entonces como burda pantalla para precipitar el ingreso del régimen de Hugo Chávez, introduciéndolo por la ventana del Mercosur.

En aquella ocasión –vale la pena repetirlo una y otra vez–, con total desparpajo, “Pepe” Mujica manifestó que “las razones políticas priman sobre las jurídicas”.

A los paraguayos se nos ocurrió preguntar: ¿Entonces para qué sirven las normas y regulaciones en el seno del Mercosur? Si el régimen que rige es el que dice Mujica, bastaría que cada vez que se produzca algún conflicto se reunieran los presidentes de los Estados miembros y bajaran sobre la mesa de debate la decisión política; y sanseacabó. En un sistema como este los tribunales están completamente de más. La dictadura que suele imperar en algunos países se traslada así al bloque.

Pero he aquí que ahora la piedra en el zapato la lleva Mujica, pues el año pasado el “hermano” gobierno de Cristina Fernández dispuso que las cargas transportadas en embarcaciones argentinas tuvieran prohibido hacer trasbordos en el puerto de Montevideo, en represalia por el publicitado conflicto que mantienen los dos países por la planta de celulosa uruguaya. Recién ahora “Pepe” Mujica entiende cabalmente lo que significa que lo político prime sobre lo jurídico, porque el sistema judicial del Mercosur no le sirve para contrarrestar las decisiones políticas prepotentes perjudiciales de su vecina.

La mismísima medida de fuerza bruta aplicada por el Gobierno argentino contra los intereses del Gobierno uruguayo en el puerto de Montevideo es la que emplearon Mujica, Kirchner y Rousseff contra el Paraguay en el affaire que siguió a la destitución de Fernando Lugo. Nos aplicaron una absurda medida punitoria sin siquiera perder una hora en escuchar sus razones a nuestros representantes; nos excluyeron sin motivo valedero y en el Mercosur no apareció ningún tribunal u organismo de arbitraje capaz de revertir la orden superior de los mandamases.

Ahora bien. ¿Qué exactamente quiere decir el Presidente uruguayo cuando expresa que hay que “ajustar lo jurídico en lo posible a lo que somos y no a lo que soñamos que deberíamos ser”. Si lo que soñamos que deberíamos ser es lo que está escrito en el Tratado de Asunción, entonces “lo que somos” realmente debe ser este Mercosur que tenemos ahora, este que es tal como los paraguayos y los uruguayos lo sentimos en carne propia, una dictadura regional colegiada, en la que los dos países más grandes hacen lo que se les antoja, manejándose siempre con la prioridad absoluta del criterio político sobre todos los demás, en particular del jurídico, el cual, si se les cruza en el camino, resulta simplemente aplastado bajo las botas “todo terreno” de las potencias, a través de sus representantes, intérpretes y voceros.

Ningún candidato a ingresar al Mercosur podría sentirse seguro viendo lo que se hizo con el Paraguay en 2012 (lo que, en forma asombrosa, olímpicamente olvidaron nuestras autoridades actuales), ni lo que el régimen de Cristina Fernández hace con el Uruguay. Ambas experiencias sirven para que se entienda que lo que ocurrió con el Paraguay no fue más que el ascenso de un primer peldaño, un anticipo, una advertencia de lo que nos sucederá siempre, en el futuro, a los países relativamente menos gravitantes del Mercosur. En particular son experiencias aleccionadoras para Bolivia y Ecuador, que quieren sumarse. Que observen y tomen nota de cómo y con qué cartas se juega en este organismo regional que va abandonando “lo que soñamos ser” para convertirse en “lo que realmente somos”.

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