“La hora del Planeta”

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Lugares emblemáticos del Paraguay y del mundo apagarán hoy sus luces, en el horario de 20:30 a 21:30 de nuestro país, con auspicios del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, en sus siglas inglesas), para llamar la atención de la población sobre la necesidad de tomar conciencia de los grandes desastres ambientales que se producen. Si la acción simbólica de apagar las luces es altamente positiva, la imagen de encenderlas lo es igualmente, ya que, en el caso del Paraguay, se necesitan de muchas luces para que las mentes estén iluminadas para indicar el camino que han de seguir los paraguayos con miras a saber valorar el soporte de la vida natural y adquieran también la filosofía de convivir con la naturaleza. Una de las instituciones que necesitan de todas las potencias luminarias es la Seam, creada con el propósito de formular políticas en materia ambiental y realizar acciones encaminadas a preservar, conservar y recomponer cualquier situación ambiental que se presente. Ojalá que “La hora del Planeta” pueda despertar la conciencia aletargada de los paraguayos y suscite la aparición de líderes honestos y patriotas para poner fin a la anarquía ambiental en la que se desenvuelve actualmente la vida del país.

La organización internacional Fondo Mundial para la Naturaleza, conocida por la sigla WWF, del inglés “World Wildlife Fund”, con sede también en Paraguay, es la encargada, como en años anteriores, de llevar adelante el conocido evento de “La hora del Planeta”, con el lema en nuestro país de “Paraguay jajapo porã: por un futuro sustentable, involúcrate”. Hoy, sábado 19, en el horario de 20:30 a 21:30, apagando las luces que no son necesarias, los organizadores intentarán acaparar la atención de la población para tomar conciencia de los grandes desastres ambientales que acaecen en el Paraguay y el mundo. De esta manera, sitios emblemáticos como la hidroeléctrica de Itaipú Binacional, El Cabildo y el Palacio de López se unirán a otros lugares iconográficos del mundo, entre ellos la Torre Eiffel (Francia), la Basílica de San Pedro (Roma), la Catedral de San Basilio (Moscú), que apagarán sus luces por espacio de una hora en señal de adhesión al acontecimiento.

Si la acción simbólica de apagar las luces para concienciar al mundo respecto a los problemas ambientales que soporta el planeta es altamente positiva, la imagen de encender las luces no deja de ser una estrategia válida para llegar a objetivos similares al que desea conquistar WWF. Para evitar que se sigan cometiendo abusos contra el medio ambiente, y mucho más, para recomponer lo que lamentablemente se ha destruido, el Paraguay, más que oscuridad, necesita de muchas luces, mentes que estén iluminadas para indicar el camino que ha de seguirse para que los paraguayos, además de saber valorar el soporte de la vida natural, adquieran también la filosofía de convivir con la naturaleza.

Una de las instituciones que necesitan de todas las potencias luminarias es la Secretaría del Ambiente (Seam), institución cuyos propósitos son formular políticas en materia ambiental y realizar acciones encaminadas a preservar, conservar y recomponer cualquier tipo de situación ambiental que se presente. Lamentablemente, la Seam se ha convertido en un lastre del Estado que, desde su misma creación, no solo ha demostrado su incompetencia para responder a los desafíos ambientales del país, sino que, además, argumentando su poca capacidad presupuestaria, relegado sus objetivos en el rincón más oscuro de sus gavetas.

A causa de instituciones como la Seam y otras que incorporan en sus lineamientos institucionales realizar acciones que convengan al medio ambiente, se ha ignorado olímpicamente el mandato constitucional expresado en el Art. 7 de la Constitución Nacional, donde taxativamente se menciona que los paraguayos tienen el derecho a habitar en un ambiente saludable y ecológicamente equilibrado. Pero no solo los preceptos de la ley suprema no son tenidos en cuenta, sino que, además, se ignoran las leyes ambientales, como también los decretos, reglamentos, ordenanzas y sentencias que necesitan ser desempolvados, a fin de que autoridades con agallas lleven a término su aplicación. Como están las cosas, se continúa deforestando a mansalva, se venden rollos de madera al Brasil a la vista de todos, se desecan humedales, se depredan animales silvestres, entre otras calamidades para nuestro sufrido medio ambiente.

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Según el ranking de deforestación presentado en el Congreso Forestal Mundial desarrollado por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), realizado en setiembre de 2015 en Durban, Sudáfrica, Paraguay figura entre los países con mayor tala de árboles en América Latina, con unas 325.000 hectáreas por año. Consecuentemente ¿dónde escondieron las leyes que deberían resguardar el patrimonio forestal del país? ¿Qué ha sido de la Ley 422/73 Forestal; 536/95 de Fomento a la Forestación y Reforestación; 515/94 que prohíbe la exportación y tráfico de rollos, trozos y vigas de madera; 2524/04 de Deforestación Cero?

La nula aplicación de las leyes a causa de autoridades ineptas y corruptas está llevando al Paraguay a un inevitable desastre ecológico. Revertir esta realidad es cuestión de vida o muerte para la Naturaleza en nuestro país.

Ojalá que la “La hora del Planeta” pueda despertar la conciencia aletargada de los paraguayos y suscite la aparición de líderes honestos y patriotas para poner fin a la anarquía ambiental en la que se desenvuelve actualmente la vida del país.