Es de lamentar que el expresidente Horacio Cartes se haya negado a comparecer ante la comisión conjunta de investigación sobre las actividades de su “hermano del alma” Darío Messer, hoy prófugo de las Justicias brasileña y paraguaya. Se escudó en su condición de miembro del Congreso, sea como senador electo y proclamado o como uno vitalicio, para declarar solo por escrito, invocando el art. 341 del Código Procesal Civil, al que remite en forma supletoria la Ley N° 137/93, que reglamenta el art. 195 de la Constitución.
Dejando de lado que el expresidente de la República no está incorporado al Congreso, porque en ninguna de las “hipótesis” ha jurado o prometido ejercer debidamente el cargo y obrar de acuerdo a la Carta Magna, importa señalar que ha desaprovechado la brillante ocasión de contribuir a dilucidar un asunto de notable interés público presentándose a responder espontáneamente las preguntas de los legisladores.
Con su comparecencia, el extitular del Poder Ejecutivo hubiese demostrado que nada tiene que ocultar con respecto a sus vínculos anteriores o actuales con el fugitivo de marras y que, al contrario, está dispuesto a despejar cualquier duda que pudiera haber, en particular sobre ciertas cuestiones financieras. Si sus respuestas no hubiesen satisfecho a los miembros de la comisión, habría tenido la oportunidad de precisarlas o ampliarlas, contestando de inmediato las eventuales repreguntas, sin haber prestado juramento o promesa de decir la verdad.
Horacio Cartes afirma que “el circo mediático que han creado a base de mentiras no es lugar para esclarecer las cosas”. No resulta claro si el circo fue montado por el Congreso o por la prensa, pero sí que el agravio de quien no se atreve a dar la cara es absolutamente infundado. ¿Cree, acaso, que las actuaciones de esta comisión bicameral de investigación deberían ser silenciadas? Si se ha mentido en torno a sus lazos con uno de los fundadores de Cambios Amambay SRL, debería haber puesto en evidencia a quienes lo han calumniado o difamado, sacando a relucir sus falsedades frente a los propios legisladores. Era, así, una excelente oportunidad para desbaratar el “circo mediático”, pero desaprovechó la ocasión.
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Si la verdad estuviera de su parte, al expresidente le hubiera resultado muy fácil poner las cosas en su lugar, tanto que no habría necesitado el auxilio de asesores jurídicos que respondan en su nombre por escrito. Pero no puede negar que siendo jefe del Poder Ejecutivo, tuvo la impudicia de exhibirse varias veces con quien ya había tenido serios problemas con la Justicia brasileña, años antes de que se librara la orden de captura internacional. Ahora se niega a concurrir al Palacio Legislativo para declarar ante sus “colegas”, como si ello fuera desdoroso para quien alguna vez anduvo oculto y luego preso, e hizo negocios con un capomafioso de frontera como Fahd Yamil Georges. Así como surge de documentos y afirmaciones diversas, su Banco Amambay, hoy BASA, aceptó mucho dinero sucio del “hermano del alma”, pero él no acepta comparecer para ilustrar a los legisladores y, por extensión, a la ciudadanía, acerca de las andanzas de un comprador de bonos soberanos emitidos bajo su Gobierno.
Ante la negativa de Cartes a declarar presencialmente, desde ya injustificada por las razones expuestas, la comisión bicameral de investigación anunció que solicitará una orden judicial para que se haga cumplir el art. 5° de la Ley N° 137/93, según el cual ella puede forzar la comparecencia mediante el auxilio de la fuerza pública. Es plausible que no se haya resignado mansamente a aceptar el argumento de quien no integra el Congreso, en ninguna de las dos “hipótesis” antes referidas, para abstenerse de concurrir a responder al interrogatorio. Se estará, pues, a lo que resuelva un juez competente, que habrá de considerar, entre otras cosas, que el art. 47 de la Carta Magna obliga al Estado a garantizar “la igualdad ante las leyes”, aunque con la posibilidad abierta de apañar al convocado y que este no concurra a dar su versión en una cuestión capital de corrupción.
Por de pronto, el exjefe del Poder Ejecutivo no ha hecho nada para demostrar a la ciudadanía que el espinoso asunto que afecta a su “hermano del alma” no tiene por qué salpicarlo. Al contrario, su renuencia a declarar oralmente favorece la suposición de que tendría dificultades para contestar por sí mismo y de inmediato las más de veinte preguntas que habrían elaborado los miembros del órgano ad hoc.
Cualquiera sea el desenlace de este episodio, hay motivos suficientes para estimar que, de cara a la opinión pública, Horacio Cartes ya ha perdido una importante batalla que tiene que ver con la “transparencia” que pueden y deben demostrar quienes nada tienen que esconder. Él no iba a comparecer como acusado, sino como alguien que podría brindar datos muy relevantes acerca del objeto de la investigación, es decir, el lavado de dinero y otros delitos conexos que se le atribuyen al brasileño que alguna vez obtuvo la nacionalidad paraguaya, previo asesoramiento de los abogados de su empresa, que llegaron a ocupar importantes cargos bajo su Gobierno, como el hoy senador colorado Sergio Godoy, ex asesor jurídico de la Presidencia de la República, y Santiago Jure, ex director nacional de Contrataciones Públicas.
Los ciudadanos y las ciudadanas desean que toda la verdad salga a la luz, para lo cual es imprescindible que la comisión conjunta de investigación, y ahora el Poder Judicial, cumplan con sus respectivos deberes. Ojalá no sean defraudados.