Los héroes de hoy

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En ningún tiempo del año los paraguayos nos sentimos más identificados con nuestra herencia de nación como en el Día de los Héroes. El día en que todos los ciudadanos debemos recordar lo mucho que les debemos a nuestros compatriotas del pasado que en los momentos estelares de nuestra historia lo dieron todo por la Patria. Así también, en el presente tenemos a quienes se están jugando a su manera por defender los valores de libertad y democracia, que militares y civiles nos legaron en la madrugada de San Blas, hace una generación. Así como bajo la dictadura stronista hubo héroes y heroínas políticas que arriesgaron sus fortunas y hasta sus propias vidas por la libertad, por suerte existen hoy paraguayos y paraguayas que se están jugando con todo por defender la Constitución Nacional contra la pretensión del presidente de la República, Horacio Cartes, y sus aliados de ambición desmedida, como el expresidente y actual senador del Frente Guasu, Fernando Lugo, y el senador liberal Blas Llano. Al evocar el recuerdo de nuestros héroes y heroínas del pasado, reforcemos nuestro aliento y apoyo a quienes en el presente están oponiéndose al atropello a la Constitución.

En ningún tiempo del año los paraguayos nos sentimos más identificados con nuestra herencia de nación como en el Día de los Héroes. El día en que todos los ciudadanos debemos recordar lo mucho que les debemos a nuestros compatriotas del pasado que en los momentos estelares de nuestra historia lo dieron todo por la Patria. Así también, en el presente tenemos a quienes se están jugando a su manera por defender los valores de libertad y democracia, que militares y civiles nos legaron en la madrugada de San Blas, hace una generación.

Al reflexionar sobre la herencia de nuestra heroica nación y rememorar la hecatombe de Cerro Corá aquel 1 de marzo de 1870, no podemos dejar de recordar a la heroica mujer paraguaya –la más gloriosa de América, al decir del papa Francisco– que personifica a esa generación de heroínas que, tras dar sepultura a sus padres, esposos e hijos en el último campo de batalla, se volcaron de lleno a la ímproba tarea de hacer resurgir al Paraguay de sus cenizas, y sin cuyo sacrificio no seríamos la nación que somos en el presente.

Nuestra sobrevivencia como nación independiente, libre y soberana ha sido épica. Dos guerras internacionales y dos siglos de incierto trajinar político han retardado nuestra marcha hacia horizontes de mayor prosperidad. Nuestros ancestros lograron preservar nuestra independencia y nuestra soberanía sobre el territorio que supieron defender a sangre y fuego. Lo que hasta ahora nos cuesta consolidar es la libertad y su marco regulatorio, la democracia.

Tras el fin de la larga dictadura de Alfredo Stroessner, la sociedad civil paraguaya logró que la clase política estableciera una Constitución democrática que, aparte de garantizar la libertad y los derechos ciudadanos, a toda costa impidiera una regresión autoritaria como la que había oprimido al pueblo paraguayo por 35 años. Así como bajo la dictadura stronista hubo héroes y heroínas políticas que arriesgaron sus fortunas y hasta sus propias vidas por la libertad, por suerte existen hoy paraguayos y paraguayas que se están jugando con todo por defender la Constitución Nacional contra la pretensión del presidente de la República, Horacio Cartes, de forzar su reelección a como dé lugar, pese a la prohibición constitucional en tal sentido, encontrando en este empeño a otros aliados de ambición desmedida, como el expresidente y actual senador, Fernando Lugo (Frente Guasu), y el senador liberal Blas Llano.

¿Dentro de qué marco de heroísmo cívico se insertan estos héroes y heroínas defensores de la democracia –algunos conocidos, otros anónimos– quienes hoy están luchando a brazo partido contra la estructura del Poder Ejecutivo y del propio Poder Judicial, abiertamente empeñados en socavar las instituciones democráticas de la República? Pues no solo dentro de las élites políticas, sino también en las diferentes esferas de influencia de la sociedad civil, tanto en las ciudades como en el interior: profesionales, gremios empresariales, culturales, sociales, campesinos, obreros, estudiantes. Tras 28 años de vivir en libertad, el pueblo paraguayo ha aprendido a valorar la democracia, con sus luces y sombras, a aborrecer cualquier intento de un retorno a la tiranía.

Los paraguayos y las paraguayas dedicados actualmente a luchar contra el proyecto dictatorial impulsado por el presidente Cartes y sus compañeros de ruta son los héroes de nuestro tiempo, pues están concretando un acto heroico al defender la democracia amenazada por personajes mareados por el poder, por lo que merecen el reconocimiento y el respeto de la comunidad, y, sobre todo, el apoyo concreto y sostenido, para revertir la ominosa perspectiva que se cierne sobre la patria.

La sociedad paraguaya debe sentirse justificadamente orgullosa de la influencia que el credo democrático de la mayoría del pueblo está teniendo en la contención de la avalancha autoritaria impulsada por el presidente Cartes y sus aliados de ocasión. Ya ha bebido de la fuente de la libertad, y no está dispuesta a cambiarla. Por eso, toda la población no comprometida con la conspiración que se está llevando adelante contra la Constitución Nacional debe unirse para evitar una regresión autoritaria que será muy difícil revertir.

Así, al evocar el recuerdo de nuestros héroes y heroínas del pasado, reforcemos nuestro aliento y apoyo a quienes en el presente están oponiéndose al atropello a la Constitución.