17 de Agosto de 2017

 

Los parásitos del Parlasur

Es un verdadero escándalo que, desde 2007, nuestros 18 representantes paraguayos en el Parlasur le arranquen al erario más de siete mil millones de guaraníes anuales (1,3 millones de dólares), para reunirse de vez en cuando en Montevideo para debatir sobre asuntos que luego no tienen ninguna repercusión práctica en los países socios del bloque. En el 2015 no se reunieron ni una sola vez, y el año pasado lo hicieron apenas tres o cuatro veces, lo que revela que su labor es totalmente intrascendente para los contribuyentes de los países que los sostienen. Puede afirmarse que los paraguayos no conocen a la mayoría de sus costosos “representantes” ante el organismo regional, así como tampoco conoce a la mayoría de los legisladores locales que les caen empaquetados en las “listas sábana”. A la elevada suma ya mencionada en salario de los parlasurianos, debe agregarse lo que consumen los 50 funcionarios que están a su servicio sin tener nada que hacer, representando en total unos 24.555 millones de guaraníes (4,4 millones de dólares) en concepto de sueldos, pasajes y viáticos. No hay por qué seguir soportando el despilfarro, que en los últimos diez años ascendió a nada menos que 40 millones de dólares. Se le debe poner fin a tanto derroche.

Es un verdadero escándalo que, desde 2007, nuestros 18 representantes paraguayos en el Parlamento del Mercosur (Parlasur) le arranquen al erario más de siete mil millones de guaraníes anuales (1,3 millones de dólares), para reunirse de vez en cuando en Montevideo con el propósito de debatir sobre asuntos que luego no tienen ninguna repercusión práctica en los países socios del bloque. En el 2015 no se reunieron ni una sola vez, y el año pasado lo hicieron apenas tres o cuatro veces, lo que revela que su labor es totalmente intrascendente para los contribuyentes de los países que los sostienen. En el caso del Paraguay, nuestros representantes suelen introducir como temario algunos asuntos de exclusivo interés local, sobre los que no se ha sabido que las deliberaciones del Parlasur hayan tenido alguna influencia. Un simple “lata pararã” para que los políticos criollos justifiquen el salariazo de nuestros parlasurianos.

Puede afirmarse que los paraguayos no conocen a la mayoría de sus costosos “representantes” ante el organismo regional, así como tampoco conocen a la mayoría de los legisladores locales que les caen empaquetados en las “listas sábana”.

A la elevada suma ya mencionada en salarios de los parlasurianos paraguayos, debe agregarse lo que consumen los cincuenta funcionarios que están a su servicio sin tener nada que hacer, como es de presumir. O sea que cada año los contribuyentes destinan un total de unos 24.555 millones de guaraníes (4,4 millones de dólares) en concepto de sueldos, pasajes y viáticos, entre otros dispendios, a unos privilegiados que nada aportan en beneficio del país ni de la región.

El Paraguay es el país miembro más pobre del Mercosur, pero se pega el lujo de pagar a cada uno de sus “representantes” zánganos 32.774.840 guaraníes mensuales, mientras que los brasileños, los uruguayos y los venezolanos solo cobran un viático, porque integran los Parlamentos de sus respectivos países; los argentinos, por su parte, perciben un monto equivalente a poco más de un millón de guaraníes, por cada día de asistencia a las ocasionales sesiones del Parlasur. Solo los paraguayos nos permitimos elegir específicamente a unos “parlasurianos” y dotarlos de un jugoso salario mensual para que se dediquen al turismo y a la holganza, como si las necesidades básicas de toda la población estuvieran satisfechas con creces.

A la pregunta de qué hacen estos supuestos legisladores regionales –que no legislan absolutamente nada– y sus ayudantes durante casi todo un mes, vale la pena agregar otra: ¿por qué se les paga un salario mensual si solo “trabajan” muy esporádicamente? Se puede responder que se creyó necesario tenerlos a sueldo a costa del Presupuesto nacional para ofrecer el Parlasur como una alternativa a los “amigos” que no tienen posibilidades de lograr un escaño en el Poder Legislativo.

Como consecuencia, allí fueron a parar muchos oscuros personajes, desconocidos para la inmensa mayoría de los electores, que los votó a ciegas, sin tener la menor idea de lo que irían a hacer en su nombre. Se colaron tranquilamente, sin obligarse a nada, e incorporaron a sus respectivos funcionarios, como si iban a estar recargados de trabajo. La opinión pública ignora la existencia de la gran mayoría de ellos, y si alguno aparece en las noticias no es por su trabajo sino porque fue salpicado por algún delito, como Tomás Bittar (omisión de auxilio en un accidente de tránsito), o Cirila Cubas de Villa Alta (figuró en un informe de una Comisión del Senado sobre políticos presuntamente ligados al narcotráfico).

Como la Constitución no se ocupa de los “parlasurianos”, no es difícil encontrar una solución decorosa, como lo hacen los demás países miembros. Bastaría con modificar el Código Electoral en el sentido de que en el legislativo regional sean enviados unos senadores y unos diputados elegidos por sus respectivas Cámaras, con derecho a percibir solo un viático para el escaso ajetreo adicional que les aguardaría en Montevideo, de vez en cuando.

Es lamentable que nuestro pobre país continúe sosteniendo a unos privilegiados que no aportan nada útil, en tanto escasean fondos para mejorar escuelas, comprar más útiles escolares o adquirir medicamentos para los hospitales.

No hay por qué seguir soportando tanto despilfarro, que en los últimos diez años ascendió a nada menos que 40 millones de dólares. Los ciudadanos y las ciudadanas deben tomar conciencia de que se les está tomando el pelo y levantar públicamente su voz para evitar seguir sosteniendo a unos parásitos del Presupuesto nacional que no sirven para nada y cuestan mucha plata. Se le debe poner fin a tanto derroche.

 
 

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