Lugo-Nicanor, el bolivarianismo marxista al acecho

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En caso de abrirse el camino de la reelección, no debe excluirse que el senador Fernando Lugo y el expresidente Nicanor Duarte Frutos concierten una alianza electoral que triunfe cómodamente y, de paso, conquiste ambas Cámaras del Congreso. A primera vista, la fórmula Lugo-Duarte Frutos podría parecer inconcebible, pero algunos antecedentes permiten suponer que no lo es tanto. Es cierto que el primero se opuso cuando el segundo quiso seguir aferrado al sillón presidencial, pero es sabido que los políticos paraguayos tienen la memoria corta y la desvergüenza larga, así que, basado en la experiencia de la política criolla, ningún pacto coyuntural ya puede asombrar a la opinión pública. Y lo que es más importante: entre ambos hay afinidades ideológicas que no deben pasar desapercibidas. Cuesta creer que Duarte Frutos pueda resignar la Presidencia, pero en la situación actual, en unas internas coloradas sería vapuleado por Cartes. Así las cosas, no debería extrañar que ahora se pliege a la eventual candidatura de Lugo, para dejar a Cartes con tres cuartas de narices. Este es el sombrío panorama que se cierne sobre nuestro país, de la mano de quien hoy busca desesperadamente atornillarse al sillón de los López, el presidente Horacio Cartes.

Impulsados por su ambición de poder, el presidente Horacio Cartes y el expresidente y actual senador, Fernando Lugo, se aprestan a tomar por asalto la Constitución, con el interesado apoyo del expresidente Nicanor Duarte Frutos. El primero opera abiertamente, rompiendo la palabra empeñada; el segundo lo hace mintiendo al sostener que se opone a la enmienda inconstitucional; el tercero pesca desde las sombras, dado que su protagonismo en el escenario político actual es mucho menor que el de los otros confabulados: solo cuenta con dos legisladores obsecuentes, y sabe que su chance de volver al Palacio de López en 2018 sería nula aunque en el contubernio se saliera con la suya de poder postularse a la Primera Magistratura.

De aprobarse la enmienda, el Presidente de la República no solo habrá violado la Ley Suprema a través de sus diputados y senadores teledirigidos, sino también cometido un tremendo error político, cuyas consecuencias para el Paraguay serían catastróficas, pues se estaría dejando al país a merced del bolivarianismo castro-marxista, y ya sabemos lo que acarrea esa transnochada corriente a los países en que ha clavado sus garras.

En efecto, abierto el camino de la reelección, no debe excluirse que el senador Lugo y el expresidente Duarte Frutos concierten una alianza electoral que triunfe cómodamente y, de paso, conquiste ambas Cámaras del Congreso. A primera vista, la fórmula Lugo-Duarte Frutos podría parecer inconcebible, pero algunos antecedentes permiten suponer que no lo es tanto. Es cierto que el primero se opuso cuando el segundo quiso seguir aferrado al sillón presidencial, pero es sabido que los políticos paraguayos tienen la memoria corta y la desvergüenza larga, así que, basado en la experiencia de la política criolla, ningún pacto coyuntural ya puede asombrar a la opinión pública.

Y lo que es aún más importante: entre ambos hay afinidades ideológicas que no deben pasar desapercibidas al efectuar conjeturas sobre los próximos comicios generales, suponiendo siempre que prospere el malhadado proyecto en gestación, por culpa de la irresponsabilidad del actual gobernante.

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Nicanor Duarte Frutos fue un excelente anfitrión de los dictadores Fidel Castro y Hugo Chávez cuando visitaron el Paraguay en agosto de 2003, ocasión en que el venezolano le obsequió una réplica de la espada de Simón Bolívar para “combatir la corrupción” (!). Un año después, en un acto político realizado en el departamento de San Pedro, nuestro compatriota lució una chaqueta y una boina militares, imitando al locuaz bolivariano.

De mayor relevancia para detectar el parentesco ideológico fue, sin duda, que Duarte Frutos haya sido el máximo impulsor regional del protocolo de adhesión de Venezuela al Mercosur, firmado en Caracas en julio de 2006, pese a la oposición de nuestros legisladores, y que en esos mismos días haya firmado con Hugo Chávez el infame convenio por el que PDVSA se obligó a proveer de petróleo al Paraguay por valor de unos 90 millones de dólares anuales, y que terminó, como es sabido, con una deuda de unos 300 millones de dólares, que hoy Petropar está impugnando ante un tribunal arbitral internacional.

Vale la pena, en fin, traer a colación las encendidas palabras que el actor secundario de la tragedia en ciernes dedicó al creador del Socialismo del Siglo XXI, el día de su deceso: “Chávez dejó la vida para ingresar a la historia; ha muerto el hombre que interrumpió la fiesta única del pensamiento utópico del neoliberalismo”. Además, lo calificó de “gran presidente”, negó que haya sido uno de los autores del marginamiento del Paraguay del Mercosur, y auguró que “la revolución bolivariana continuará en América del Sur, de la mano de gobiernos progresistas”.

Tanta admiración hace suponer que no le están faltando ganas de contribuir a que esa revolución prosiga en el Paraguay, acompañando en un binomio presidencial a otro ferviente bolivariano, Fernando Lugo. Probablemente, lo hará desde una posición subordinada, pero la opción de secundar a Lugo puede resultarle muy seductora, dado que sabe que en unas elecciones internas coloradas sería vapuleado por Horacio Cartes, por las buenas o por las malas. Por lo demás, ser el vicepresidente abre las perspectivas de reemplazar al presidente de la República, en cualquier momento y mediante alguna artimaña.

Cuesta pensar que, en unas elecciones, Duarte Frutos pueda resignar la Presidencia de la República, pero el haber sido embajador del actual gobierno en Buenos Aires le privó del contacto cotidiano con los seccionaleros, de modo que el realismo político le aconsejaría secundar al “compañero” exobispo. Este obtendría así unos votos adicionales para asegurar un triunfo que a la vez fracturaría a la ANR, luego de haber atomizado el PLRA. La ganancia política mutua sería redonda, y la desastrosa izquierda sudamericana volvería por sus fueros, aunque más no sea en un país relativamente pequeño, debido al afán del presidente Horacio Cartes de aferrarse con uñas y dientes al poder. Este irá por lana y saldrá trasquilado, después de haber atropellado el ordenamiento jurídico, para mal de la República. Su torpeza política la pagaremos todos.

Así las cosas, no debería extrañar a nadie que ahora se pliegue a la eventual candidatura de Fernando Lugo, para dejar a Horacio Cartes con tres cuartas de narices. Por lo visto, al autodenominado “Tendota” no le importa demasiado la tradición de su partido, el Colorado, pues en noviembre de 2013, en otra referencia laudatoria al dictador venezolano fallecido, afirmó: “Llega Chávez y se pone al frente de la emancipación de los países de América Latina. Apareció y liquidó los partidos tradicionales en Venezuela”.

Desde sus inicios en la política, Lugo también condenó enérgicamente a los partidos políticos tradicionales, acusándolos de ser los responsables de todos los males del Paraguay, lo cual no está muy errado. Solo que, cuando los necesita, el exobispo traga sapos y culebras, y se une o coquetea con los partidos tradicionales.

Este es el sombrío panorama político que se cierne sobre nuestro país, de la mano de quien hoy busca desesperadamente atornillarse al sillón de los López, el presidente Horacio Cartes.