Sumamente graves y alarmantes son las expresiones formuladas por el padre Jesús Montero Tirado, experto en educación de dilatada trayectoria en nuestro país, en una entrevista publicada recientemente en nuestro diario en torno a lo que acontece con el sistema educativo paraguayo.
Graves porque denotan mucha desprolijidad y desmanejo del tema por parte de las más altas autoridades responsables de la materia, y alarmantes porque atañen a la juventud, es decir, al futuro de nuestro país, un porvenir por el cual el Gobierno da la impresión de tener muy poca o ninguna preocupación.
En este sentido, las inquietudes del eximio miembro del Consejo Nacional de Educación y Cultura (Conec) deberían ser las de cada uno de los paraguayos, ya que denotan hasta qué punto se está comprometiendo muy seriamente el desarrollo del Paraguay.
Tal como lo explicó Montero Tirado, el ministro de Educación y Cultura, Víctor Ríos, está embarcado en la aprobación de un cuestionadísimo proyecto de ley que pretende eliminar la Agencia Nacional de Evaluación y Acreditación de la Educación Superior (Aneaes), lo cual significará sumir en el caos y el descontrol a las universidades y la educación superior en general.
El tal proyecto está pretendiendo que el Estado se desentienda de una función suya que le es primordial: garantizar la calidad de la educación universitaria que se brinda en el país, lo que sin ninguna duda contribuirá a hacer proliferar aun más las improvisadas universidades de “garaje”, expertas en captar alumnos, cobrar cuotas y repartir títulos profesionales como si se tratara de carnés de un club de fútbol.
Otra realidad sobre la que ha advertido el sacerdote jesuita es acerca del calamitoso estado en que se encuentra la formación docente en el Paraguay. La comercialización de ese ciclo de la preparación de nuestro magisterio es la principal causante de que se hayan multiplicado como hongos los centros dedicados a la materia, pasando en un corto periodo de tiempo de ¡14 a 149! Otro dato que revela la caótica situación por la que atraviesa el sistema educativo nacional.
Este hecho, sumado a la insuficiente inversión destinada al sector, hace que la mediocridad campee entre las filas del magisterio. “Los maestros se convirtieron en funcionarios públicos. Hoy cobran todos iguales, enseñen bien o mal. Igual, todos tienen seguro y garantía de jubilación. Habría que hacer una discriminación y premiar a los que tienen más competencia, más capacidad, más méritos”, dijo el miembro del Conec. Infortunadamente, lo que se presenta como algo claro para todo el mundo no lo es tanto para las autoridades encargadas de la conducción de la educación en el Paraguay.
Atribuye el padre Montero parte importante de la responsabilidad por este desolador panorama a la lamentable politización de la educación paraguaya, acusación de la que de ninguna manera pueden desentenderse los más altos dirigentes gubernamentales. Ella, estimamos nosotros, parte del propio presidente de la República, Fernando Lugo, quien produjo tres cambios en la cartera de Educación en lo que va de su gestión, con el agravante de que el político que hoy ocupa esa secretaría de Estado pronto también dejará el cargo para abocarse a la campaña electoral que se avecina.
Sobre el particular, cabe mencionar que en ocasión de la última visita que efectuó al Paraguay el expresidente de Colombia Álvaro Uribe (2002-2010) recordó, en el curso de una conferencia, que al tomar posesión de la Primera Magistratura de su país le ofreció la cartera de Educación a una técnica, Cecilia María Vélez, con la precisa instrucción de que se ocupara de producir todos los cambios que requiriera el sector sin temer interferencia política de ningún tipo. Para dar garantías de continuidad a las políticas educativas, la mantuvo en el cargo los ocho años que duró su administración. Esto, a nuestro entender, es tener talante de estadista, de gobernante preocupado por los grandes temas que hacen a la construcción de una sociedad mejor y más competitiva.
Para concluir, Jesús Montero Tirado recordó que “el MEC ha estado muy politizado. Es tentador tener una institución con 90.000 funcionarios. Con sus familias, son un ejército de operadores políticos diseminados en todo el país. De ahí partieron Nicanor, Blanca Ovelar y ahora se proyecta este ministro. Todos conocemos este sistema prebendario. Siempre usaron el MEC”, expresó, no sin un dejo de lógica y comprensible frustración. Una decepción que, desde luego, comparte la abrumadora mayoría del pueblo.
Ante esta desmoralizadora situación, es menester recordar que si el Paraguay quiere realmente insertarse en las grandes avenidas de la modernidad, participando con algunas posibilidades en el competitivo mundo de la globalización, es necesario oír el acertado reclamo del padre Montero Tirado y actuar en consecuencia. Es la voz de la experiencia la que habla; la de una persona comprometida con el destino del país.
Para ello, es indispensable que la clase política, junto con la dirigencia de todas las fuerzas vivas del Paraguay, produzcan un gran consenso, un pacto nacional destinado a privilegiar la educación del pueblo paraguayo como un bien superior, comprometiéndose todos en respetar el sagrado derecho de los ciudadanos a formarse y a luchar para evitar que el insidioso germen de la política contamine un valor de tan capital importancia en el progreso colectivo de nuestra nación.