Ministerio de Educación, grande y pesado

Si es cierto que se enseña con el ejemplo, entonces se puede decir que el Ministerio de Educación da clases de ineficacia e ineptitud. Con 130 direcciones en su organigrama y unos 40 locales alquilados en edificios de Asunción, es un perfecto elogio al desatino, la burocracia y la famosa “máquina de impedir”. Es tal el caos y tan grande la telaraña de oficinas que en muchas se deben crear a su vez direcciones de enlace, para tratar de que al menos exista un contacto entre una dependencia y otra. Si el gobierno electo quiere que el MEC lo acompañe en sus esfuerzos por mejorar el país, lo primero que debería hacer es reducirlo y modernizarlo, quedarse con los mejores y ponerlos a trabajar.

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Si es cierto que se enseña con el ejemplo, entonces se puede decir que el Ministerio de Educación y Cultura da clases de ineficacia e ineptitud. Con 130 direcciones en su organigrama y unos cuarenta locales alquilados en edificios de Asunción, es un perfecto elogio al desatino, la burocracia y la famosa “máquina de impedir”. Con el correr del tiempo, de la mano de sucesivos ministros políticos, su plantel de funcionarios administrativos fue creciendo, creando más y más dependencias, muchas de las cuales duplican funciones y sin razón de ser.

Este crecimiento desmesurado tiene su origen en la improvisación y el pago de favores políticos, así como el vicio de “enviar al freezer” a los funcionarios que no comulgan con los mandamases que entran de turno. Así, sin ton ni son, se fueron creando direcciones generales, departamentos y otras dependencias que llenan el organigrama, pero no significan un mejor funcionamiento de la cartera de Estado. Un ejemplo: llegó a haber dos direcciones de Construcciones, una que dependía exclusivamente del Gabinete del Ministro y otra original, en la que estaban los funcionarios que no gozaban de la simpatía de las autoridades del momento. Ahora que la ley del Fonacide responsabiliza a las gobernaciones y municipalidades de las obras de infraestructura en el sistema educativo, vale la pena preguntarse si incluso la propia Dirección General de Construcciones es realmente necesaria.

Es tal el caos y tan grande la telaraña de oficinas que en muchas se deben crear a su vez direcciones de enlace, para tratar de que al menos exista un contacto entre una dependencia y otra.

El agravante es que el MEC no tiene un edificio propio donde concentrar todas sus oficinas. A esta altura y con tantas dependencias, más que un edificio, necesitaría un pequeño barrio para colocar a todos los funcionarios. Según las últimas informaciones oficiales, el Ministerio de Educación alquila en este momento entre treinta y cuarenta locales. Además, es dueño de otros, inclusive de un edificio entero que compró hace tres años por 14.000 millones de guaraníes y que todavía no utiliza. Se trata del edificio Excelsior, ubicado sobre la calle 15 de Agosto, y con salidas sobre Benjamín Constant y Presidente Franco, adquirido bajo la administración de Luis Alberto Riart.

Por año, el MEC derrocha unos 15.000 millones de guaraníes en el pago de alquileres. Pero el costo de la ineficacia es imposible de calcular: son millones de guaraníes que se gastan en comunicaciones, en traslados, en pérdidas de documentos y en horas/hombre que se dilapidan en ir de una oficina a otra.

Un edificio propio donde el MEC concentre buena parte de sus oficinas pondría fin a la duplicación de direcciones. Por ejemplo, ya no se justificaría que cada viceministerio (hay cinco) tuviera sus propios encargados de comunicación, muchos de los cuales no realizan ningún trabajo la mayoría del tiempo.

Incluso existen direcciones que cuentan con funcionarios encargados de la comunicación. Todo este trabajo podría concentrarse en una sola dirección.

Aunque a simple vista tal vez no se perciba la conexión, y se pueda creer que los esfuerzos del Ministerio de Educación deben concentrarse en la cuestión educativa, resolver esta situación debe ser prioritario, porque una administración elefantiásica no puede producir resultados positivos y, además de representar una sangría para el presupuesto, simboliza la incapacidad del Estado de tener una gestión eficaz.

Este no es un caso del cual el presidente electo, Horacio Cartes, deba ocuparse una vez que asuma el mando el 15 de agosto de este año, sino un problema cuya solución debe empezar a pensar hoy mismo, porque seguramente es compleja e implicará un gran movimiento de personal.

Una de las puntas para empezar a desenredar este ovillo debe tener en cuenta que muchos de los funcionarios que “calientan una silla” en las diversas oficinas del MEC cobran en realidad salarios de docentes. Tienen rubros de “maestros”. No solo eso: tienen rubros de maestros asignados a determinadas escuelas y colegios, incluso con el turno de trabajo consignado. No decimos que estos funcionarios, si no tienen títulos, deban ir a trabajar como maestros, pero bien podrían ir a cumplir funciones de secretariado, que buena falta hacen en la mayoría de las escuelas y colegios públicos. Así se evitaría la malversación de fondos, porque los rubros se utilizarían donde están asignados, y se liberaría a los directores de las tareas administrativas, para que dediquen todos sus esfuerzos a la gestión pedagógica.

Si el gobierno electo quiere que el MEC lo acompañe en sus esfuerzos por mejorar el país, lo primero que debería hacer es reducirlo y modernizarlo, quedarse con los mejores y ponerlos a trabajar.

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