Necesario giro de la política exterior, pese al Brasil

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Tal como estaba previsto, y a pesar del desesperado lobby del Brasil por evitarlo, la Alianza del Pacífico aceptó la solicitud del Paraguay de incorporarse al destacado grupo de integración regional en carácter de observador. Con esta decisión, se produce el giro más importante de la política exterior de la República en el último medio siglo, abriendo para nuestro país un abanico de importantes oportunidades en términos económicos y comerciales. El pasado 31 de marzo, Colombia, Chile, Perú y México sellaron, bajo el nombre de Alianza del Pacífico, una zona de libre comercio que significa la apertura de un ciclo de enormes posibilidades de desarrollo. El proceso contrasta notablemente con el Mercosur, un bloque estancado, proteccionista y en creciente estado de ideologización política. Es de esperar que el próximo gobierno vaya viendo la manera de profundizar el camino abierto por la presente administración, apostando por nuevos y exitosos modelos de integración.

Tal como estaba previsto, y a pesar del desesperado lobby del Brasil por evitarlo, la Alianza del Pacífico aceptó la solicitud del Paraguay de incorporarse al destacado grupo de integración regional en carácter de miembro observador. Con esta decisión, se produce el giro más importante de la política exterior de la República en el último medio siglo, abriendo para nuestro país un abanico de importantes oportunidades en términos económicos y comerciales.

La VII Cumbre de Alianza del Pacífico, integrada por Colombia, Chile, Perú y México, respondió en Cali favorablemente a la solicitud paraguaya, que había sido elevada un par de meses atrás por el Gobierno nacional. La propuesta contaba con la tenaz oposición del Brasil, que, aunque no es miembro del grupo, ejerció fuerte presión sobre los países que lo integran para que la rechazaran, invocando la decisión de la Unasur de separarnos temporalmente del bloque y “promover la suspensión de la República del Paraguay en los foros y mecanismos de diálogo y concertación política e integración en la región”.

Insólita e insidiosa acción la del Gobierno brasileño, sobre todo en momentos en que nuestros “socios” del Mercosur hablan del eventual levantamiento de las arbitrarias sanciones que nos impusieron el 29 de junio del año pasado, en Mendoza, a raíz de la constitucional destitución del entonces presidente Fernando Lugo, a la que ellos subjetivamente consideraron “alteración del orden democrático”.

Desde luego, esta no era la única pretensión de la diplomacia brasileña, que también proponía una suerte de asociación del Mercosur a la Alianza del Pacífico como una manera de blanquear políticamente a Venezuela, no solo por su ilegal incorporación al proceso de integración regional en junio del año pasado, sino también por las fundadas dudas que existen en el ámbito internacional acerca de la legitimidad del gobierno encabezado por Nicolás Maduro.

Echadas por tierra todas las estratagemas y perversas maquinaciones del Gobierno brasileño y sus aliados en contra del Paraguay, cabe enfatizar el logro que significa para nuestro país la incorporación a la Alianza del Pacífico.

El pasado 31 de marzo, Colombia, Chile, Perú y México sellaron, bajo el nombre de Alianza del Pacífico, una zona de libre comercio que significa la apertura de un ciclo de enormes posibilidades de crecimiento económico y desarrollo para sus respectivos pueblos. El proceso contrasta notablemente con el Mercosur, un bloque estancado, proteccionista y en creciente estado de ideologización política.

Tal como lo destacó la vicecanciller colombiana, Vanessa Rubio Márquez, el pasado miércoles, la Alianza constituye un esquema de “regionalismo abierto” que pretende “no solo integrarse a sí mismo, sino integrarse con el mundo”. Por su parte, la canciller del mismo país, María Ángela Holguín, puntualizó muy certeramente que “si algo tiene la Alianza es que no es retórica”. En síntesis, todo lo contrario al Mercosur, que hoy promueve un regionalismo completamente cerrado, endogámico y altamente retórico; es decir, con magros resultados prácticos en términos de fomento de la inversión extranjera y facilitación del intercambio comercial.

Asimismo, mientras que todos los países de la Alianza ya tienen en vigencia sendos acuerdos de libre comercio con la mayor parte de las naciones asiáticas, Estados Unidos y con la misma Unión Europea, el Mercosur –instigado por Brasil para su conveniencia– sigue prohibiendo a sus Estados miembros negociar este tipo de tratados de manera bilateral, y lleva, sin éxito, más de una década de infructuosos diálogos con los europeos para establecer una asociación estratégica birregional.

México, Colombia, Chile y Perú creen en el mercado abierto, en la complementación económica y en la necesidad de no subordinar a la política los fenómenos relacionados con la integración comercial, cuando en el Mercosur cunde una indeseable e improductiva ideologización.

Así las cosas, cabe destacar como altamente positivos la decisión de la Alianza del Pacífico y el giro dado por el Paraguay en su política exterior. Es de esperar, a su vez, que el próximo gobierno –que asumirá sus funciones el 15 de agosto– vaya viendo la manera de profundizar el camino abierto por la presente administración, apostando por nuevos y exitosos modelos de integración. A esta altura de los acontecimientos y con la experiencia acumulada, debe quedar bien en claro que nuestro país no puede darse el lujo de desaprovechar las oportunidades que le plantea la presente coyuntura regional.