Necesitamos un nuevo patriotismo

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En ocasión de conmemorarse las fechas que recuerdan la independencia de nuestro país, la historia nos pone ante una nueva obligación colectiva: la de redefinir el concepto de patriotismo. Ese conjunto de ideas, valores y sentimientos a los que suele agruparse y comprenderse bajo el nombre de “patriotismo”, nos está reclamando insistentemente un significado más preciso para referirse a nuestra realidad actual. La noción de patriotismo no debería ya circunscribirse a realizar declamaciones evocativas de las gestas y los próceres, de enarbolar banderas y entonar himnos. Una ciudadanía que se precie de patriota debería sentir una gran preocupación al ver a su país sumido en una escandalosa cadena de evidencias de corrupción en el seno de la administración pública, al ver la progresiva degradación moral e intelectual de sus representantes en los organismos gubernamentales, al constatar la postergación permanente de la atención a las necesidades básicas de la sociedad. Hay que torcer el rumbo que llevamos y recuperar esta República para que sea viable y un lugar decente del mundo.

En ocasión de la conmemoración de las fechas que recuerdan la independencia de nuestro país, la historia nos pone ante una nueva obligación colectiva: la de redefinir el concepto de patriotismo. Ese conjunto de ideas, valores y sentimientos a los que suele agruparse y comprenderse bajo el nombre de “patriotismo”, nos está reclamando insistentemente, hoy en día, un significado más preciso para referirse a nuestra realidad actual.

Después de un cuarto de siglo de habernos deshecho de la dictadura más longeva de nuestra historia, los paraguayos estamos en condiciones –y debemos hacerlo– de echar una mirada crítica hacia el pasado reciente, con el objetivo de analizar nuestro presente y obtener algunas conclusiones acerca de lo que hemos hecho y lo que hemos dejado de hacer, en este lapso.

La noción de patriotismo no debería ya circunscribirse a realizar declamaciones evocativas de las gestas y los próceres, de enarbolar banderas y entonar himnos. No es suficiente reducir este concepto de tanta profundidad a las expresiones festivas en los espectáculos deportivos, o la de las canciones y la literatura evocativas, o a los homenajes escolares y de actos políticos.

Además de todo esto, que está muy bien hacerlo, los ciudadanos conscientes tienen una obligación adicional: reconsiderar, con el mayor detenimiento, en qué más consiste ejercitar el patriotismo, con cuáles actitudes, con qué finalidades; en fin, qué nos compete hacer, como habitantes de esta nación, para honrar a los que la iniciaron y para dejar en herencia a los paraguayos del futuro un país mejor.

Poniendo por caso, una ciudadanía que se precie de patriota debería sentir una gran preocupación al ver a su país sumido en una escandalosa cadena de evidencias de corrupción en el seno de la administración pública, al ver la progresiva degradación moral e intelectual de sus representantes en los organismos gubernamentales, al constatar la postergación permanente de la atención a las necesidades básicas de esta sociedad, que injustificadamente permanece atrasada en un mundo que a su alrededor progresa; al ver los recursos que deberían destinarse a esas prioridades derrochados en desvergonzados lujos y placeres de una élite burocrática y política mediocre, hedonista, superficial y negligente.

Una ciudadanía que se precie de patriota tendría que, en fin, alarmarse al constatar que el buen futuro de su niñez y juventud está severamente comprometido por causa de la imprevisión y la insensibilidad de quienes tienen en sus manos esos invalorables bienes de la patria.

Si los que conformamos y habitamos este país, cuyos antepasados lucharon por la independencia y por construir un estado nacional, que no hace mucho superamos una larga dictadura, que supimos aprender de nuestros errores y nos esforzamos exitosamente en construir un sistema democrático digno, pero que con todos esos antecedentes, sin embargo, nos revelamos incapaces de detener la obscena escalada de degradación moral que progresa ante nuestra vista, que no podemos reaccionar ante los mafiosos, los sinvergüenzas y los oportunistas que invaden los espacios de la patria para servirse de ella, entonces significa que nuestro concepto de patriotismo adolece de raquitismo o nuestro sentimiento patriótico está gravemente enfermo de insensibilidad.

Porque ninguna persona que a sí misma se considere patriota debería permanecer sentada observando con indiferencia el desfile diario de los escandalosos hechos de venalidad, de desvergüenza en el manejo del patrimonio y de la burla a los derechos y a los intereses generales de la sociedad a la que pertenece. No es posible que no le conmuevan estos desmanes y que los desfachatados que están en la función pública no le inciten a la lucha por la recuperación de la dignidad y, por qué no decirlo, a la defensa de sus propios intereses perjudicados tan impunemente.

En el Paraguay actual se está requiriendo con urgencia una nueva ola de intensos sentimientos patrióticos, como por ejemplo aquella que tuvimos la fortuna de vivir en los días inmediatamente posteriores al derrocamiento de Alfredo Stroessner, cuando todos estábamos conscientes de que una nueva y venturosa época se abría en el horizonte nacional. Ese entusiasmo, esa fe en el porvenir, esos propósitos de dar lo mejor de sí, que sentimos y percibimos en aquellos días, nos vendrían muy bien hoy, porque, salvando las diferencias, si ahora no estamos enfrentando la ímproba tarea de derrocar una dictadura treintenaria, tenemos, sí, ante nosotros, la no menos ardua de combatir a los enemigos internos de esta república, a los que le roen las entrañas desde la delincuencia, la agitación social, la gestión corrupta y la politiquería del subdesarrollo.

Hay que torcer el rumbo que llevamos, recuperar esta república para que sea viable y vuelva a ser un lugar decente del mundo, una nación de la que nuestros descendientes se sientan orgullosos dueños.

Nadie sino el conjunto de la sociedad podrá definir y llevar a la realidad de los hechos concretos el nuevo concepto de patriotismo que los paraguayos requerimos. Pero esta sociedad ha de moverse a partir de las iniciativas de sus líderes, como es natural. Formemos, pues, esos líderes y animemos a los que ya lo son, para expulsar a quienes, con dinero malhabido y angurria desenfrenada de poder, han usurpado los principales espacios de la República. Esta será una excelente manera de brindar homenaje a los fundadores de nuestra República.