“#NuncaMasLosVotes”

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Lo que indigna y asusta –entre muchas otras cosas de nuestra política– es la mentalidad que muchas veces exhiben los funcionarios del Gobierno cuando se trata de proyectar y ejecutar iniciativas seudosociales, que no suelen ser sino clientelismo disfrazado. Un claro ejemplo es el último proyecto gubernamental de dotar de casas a un grupo de familias que van a ser afectadas por las obras del proyecto denominado “Costanera Norte”. Al efecto, en vez de comprar terrenos baldíos que abundan en toda el área metropolitana de Asunción, optaron por lo más fácil y cómodo para ellos apoderándose gratis del que está ocupado por el RC4, un gran espacio abierto, pletórico de posibilidades ecológicas, una de las últimas reservas de verde para una ciudad como Asunción, cuyos espacios públicos libres (con excepción de unos pocos casos) apenas cubren una manzana. La decisión del Gobierno de elegir este predio para convertirlo en un barrio destinado a ser populoso implica, simplemente, la destrucción definitiva de todo proyecto ambiental que, a futuro, pueda pensarse para tal lugar. Se sella la muerte de ese sitio. Se liquida su vocación natural.

Lo que indigna y asusta –entre muchas otras cosas de nuestra política– es la mentalidad que muchas veces exhiben los funcionarios del Gobierno cuando se trata de proyectar y ejecutar iniciativas seudosociales, que no suelen ser sino clientelismo disfrazado.

Un claro ejemplo es el último proyecto gubernamental de dotar de casas a un grupo de familias que van a ser afectadas por las obras del proyecto denominado “Costanera norte”. Al efecto, en vez de comprar terrenos baldíos que abundan en toda el área metropolitana de Asunción, optaron por lo más fácil y cómodo para ellos apoderándose gratis del que está ocupado por el RC4, un gran espacio abierto, pletórico de posibilidades ecológicas, una de las últimas reservas de verde, para una ciudad como Asunción, cuyos espacios públicos libres (con excepción de unos pocos casos) apenas cubren una manzana.

Tal vez los “técnicos” del MOPC estén convencidos de que un “espacio verde” libre, intacto en su estado de naturaleza, tiene que estar necesariamente cubierto de bosque, de vida salvaje o de enmarañados arbustos, por lo que, si no reúne estas características, entonces no es tal, carece de valor ambiental y se lo puede destruir con urbanización, construcciones, pavimento, etc.

Pero resulta que hay espacios provechosamente utilizados por las personas, como el parque Ñu Guasu y la avenida costanera –por citar algunos escasos ejemplos asuncenos– donde no hay montes impenetrables, esteros intransitables ni vida silvestre y, sin embargo, son lugares donde la gente va a aprovechar aire limpio, el espacio abierto, sus ventajas físicas para practicar actividades saludables.

La decisión del Gobierno de elegir el predio de 23 hectáreas, que está vecino al río Paraguay y al Jardín Botánico, conformando una suerte de corredor ecológico entre ambos, para convertirlo en un barrio destinado a ser populoso, implica, simplemente, la destrucción definitiva de todo proyecto ambiental que, a futuro, pueda pensarse para tal lugar. Se sella la muerte de ese sitio. Se liquida su vocación natural.

De esta manera, un espacio maravilloso, en el cual podrían hacerse realidad proyectos de salud ambiental y esparcimiento ciudadano tan valioso como el parque Ñu Guasu, desaparecerá para siempre debajo de una urbanización. Increíblemente, esto surgirá de un proyecto gubernamental cuyo provecho social –comparado con lo que se pretende destruir– no está demostrado y cuya finalidad, si es que consiste en despejar parte de la Chacarita y dejarla libre de pobladores irregulares, continúa siendo una idea ilusoria y cien veces fracasada en los intentos similares del pasado.

Con base en la experiencia, puede pronosticarse que los lugares que dejarán quienes serán reubicados en la nueva urbanización, pronto estarán ocupados nuevamente por la clientela de los mismos políticos que hoy alientan el crimen ecológico que se pretende cometer. A nadie le quepa la menor duda de que sus nefastas consecuencias caerán sobre muchas generaciones de asuncenos. Es exactamente lo mismo que hicieron las seccionales coloradas a lo largo de la dictadura stronista, apoderándose de los espacios públicos que los propietarios que loteaban su inmueble eran obligados a ceder gratuitamente a la Municipalidad y al Estado “para edificios públicos”, según rezaba la ley confiscatoria.

Los “capos” de la época se quedaban con estos lotes; pero no les eran suficientes, porque también ocupaban plazas, donde, tranquilamente, edificaban sus seccionales. En otros casos, se repartían lotes transferidos a la Municipalidad entre los directivos seccionaleros, dirigentes y recomendados para construir en ellas sus seccionales políticas o distribuirlos entre los compinches del momento. Así se apoderaron (según registros oficiales comunales) de más de 56 hectáreas de terrenos públicos destinados a plazas en Asunción.

Esta decisión gubernamental de destruir el predio abierto y libre de ocupaciones y construcciones ocupado actualmente por el RC4 tiene exactamente el mismísimo sentido que aquellas repartijas de la era stronista. Solo que ahora van a darle un sentido ligeramente diferente, ya no será para provecho de unos cuantos correligionarios sino que se le pinta con colores “sociales”, para intentar, con esto, disminuir el impacto del desastre que va a producir en la zona. Es una pena que los vecinos que habitan los barrios aledaños no hayan tomado consciencia de lo que va a significar la desaparición de ese predio, una reserva ecológica invalorable para ellos mismos y para sus descendientes. Pero también hay una ciudadanía en el resto de la capital y sus alrededores, gente que tiene que mantenerse alerta, porque esta clase de barbaridades van a continuar ocurriendo. A los políticos que tienen las riendas del poder les importan un bledo el futuro y los valores que hay que conservar para él; lo único que quieren, lo único que acapara su atención es mantenerse en el poder ganando la próxima elección.

Entonces, siendo así la situación, aprovechando la gran herramienta que constituyen las redes sociales, en una lista “#NuncaMasLosVotes” anotemos con letras bien visibles los nombres de las personas que por su mala decisión política o mala conducta, puedan hacerse merecedoras de figurar en ella para que las generaciones futuras las conozcan.

En el caso de la liquidación del predio del RC4, por ejemplo, aparecerán los nombres de Horacio Cartes, Soledad Núñez, del intendente y los concejales asuncenos involucrados, y los de los legisladores que enviaron al tacho el proyecto de ley que iba a declarar legalmente protegido a ese inmueble.

Usen los jóvenes estos datos para poner en el registro informático del futuro a estos desaprensivos personajes. Tienen en sus manos una gran herramienta para sanear el material político descartable que persiste, para lanzarlo al tacho de basura de la historia, donde deben ir a parar todos los hombres escombros que perjudican hoy a las generaciones del mañana.