24 de Noviembre de 2017

 

Otro golpe a los asuncenos

Como se volvió mal hábito en nuestro país, cuando hay que votar el presupuesto del año próximo, los funcionarios perpetran arbitrariamente huelgas y manifestaciones, con la expresa intención de extorsionar a los que tienen que decidir en materia de incrementos salariales. En el caso específico de la Municipalidad de Asunción, esta semana sus funcionarios dejaron de trabajar y se manifestaron frente al edificio, incluyendo a los recolectores de desechos domiciliarios, que suspendieron sus labores y convirtieron a la ciudad en un gigantesco basurero. En definitiva, apretadas por los funcionarios en pie de guerra, las autoridades comunales nuevamente aprobaron un incremento salarial que obliga a la Municipalidad a solicitar y tomar un crédito de 60.000 millones de guaraníes (más de 10 millones de dólares), y una emisión de bonos por valor de 75.000 millones de guaraníes. Esto significa que, para satisfacer a ese funcionariado prepotente, parásito, eternamente hambriento, los capitostes municipales endeudarán a la presente y también a las futuras generaciones de contribuyentes capitalinos. Cargada con más de ocho mil personas que perciben salarios en variadísimos conceptos, la Comuna capitalina naufraga entre la insolvencia económica y la ineficiencia funcional. 

Como se volvió mal hábito en nuestro país, cuando hay que votar el presupuesto del año próximo, los funcionarios perpetran arbitrariamente huelgas y manifestaciones, con la expresa intención de extorsionar a los que tienen que decidir en materia de incrementos salariales.

En el caso específico de la Municipalidad de Asunción, esta semana sus funcionarios dejaron de trabajar y se manifestaron frente al edificio, incluyendo a los recolectores de desechos domiciliarios, que suspendieron sus labores, convirtiendo a la ciudad en un gigantesco basurero. Ocurre que entre estos recolectores ninguno parece tener la suficiente conciencia cívica ni entiende (o se niega a admitir) que el tipo de tarea que se les encomienda es de alto riesgo para la salud pública, por lo que sus derechos particulares vienen –o deben venir– después que los derechos generales de la población. Al aceptar el trabajo es el compromiso que asumieron; pero nadie, en la Municipalidad, se anima a meterlos en regla y razón.

En definitiva, apretadas por los funcionarios en pie de guerra, las autoridades comunales nuevamente aprobaron un incremento salarial que obliga a la Municipalidad a solicitar y tomar un crédito de 60.000 millones de guaraníes (más de 10 millones de dólares) para financiar temporalmente el flujo de caja, según explica el director de Administración y Finanzas, Braulio Ferreira. Pero hay todavía otra carga de gran tonelaje que se estibará sobre los asuncenos: una emisión de bonos por valor de 75.000 millones de guaraníes.

Esto significa que, para satisfacer a ese funcionariado prepotente, parásito eternamente hambriento, los capitostes municipales –casi todos ellos políticos profesionales– endeudarán a la presente y también a las futuras generaciones de contribuyentes capitalinos.

La vista de cómo se administra la Municipalidad de Asunción es francamente deprimente. Es con razón que los contribuyentes que deben sostener este organismo con sus impuestos, tasas, contribuciones y cánones no sienten el menor interés en ser cumplidores puntuales, ni en comportarse con corrección en sus relaciones legales.

Cargada con más de ocho mil personas que perciben salarios en variadísimos conceptos, la Comuna capitalina naufraga entre la insolvencia económica y la ineficiencia funcional. Sus miles de empleados demuestran servir muy poco a los habitantes de la ciudad, tomando en cuenta el mal estado general en que a esta se la mantiene, pese a los anuncios triunfalistas que caracterizan a los voceros de la Municipalidad. 

Lo peor de todo es que siendo tan profundo el deterioro de la institución operado durante décadas, que aunque el actual intendente y su equipo tengan las mejores intenciones y pongan sus mayores esfuerzos en encarar los problemas principales, su voluntad naufraga en un mar de funcionarios corruptos, indiferentes, ineptos u holgazanes, a los que nadie puede despedir, corregir o sustituir, porque conforman claques generalmente amparadas por políticos inescrupulosos, configurando, entre ambas partes, la conocida rosca clientelista que mezcla partidismo con gremialismo, sacando grandes provechos de esta costosa asociación. Aunque, a decir verdad, no se ha visto un firme propósito de la administración de Mario Ferreiro por enderezar lo torcido en la institución a la que accedió en medio de gran esperanza de la gente.

Pero este asunto del indebido y, sobre todo, inmerecido incremento salarial que ahora se otorga –además bajo presión– a los funcionarios y contratados de la Municipalidad de Asunción, hay que mirarlo como parte de dos momentos que coinciden y que juntos suelen acarrear funestas consecuencias para la ciudadanía: el de la aprobación presupuestaria y el de las internas partidarias destinadas a elegir al próximo presidente de la República y a los próximos legisladores.

De modo que los oportunistas, los sinvergüenzas que saben cuándo actuar y cómo chantajear políticamente, tienen todos los astros alineados a su favor. Los candidatos en campaña, muchos de los cuales ocupan cargos de importancia en organismos públicos, están aprisionados contra la pared: o votan por las subas salariales y por las concesiones de reclamos sectoriales, o se arriesgan a perder votos cruciales para sus ambiciones. Y, por supuesto, se deciden por la primera opción. 

De modo que el monstruoso aparato municipal va a engordar aun más. El intendente Ferreiro comenta que habiendo incrementos en la recaudación de impuestos, tasas y otros tributos, su administración “puede endeudarse más”. Lo triste, lo lamentable –y no se dirá increíble porque no es ni será la única vez– es que el supuesto éxito administrativo dado con la mejoría recaudatoria se invertirá, no en beneficio de la ciudad sino en el de los empleados y en el de los concejales que promocionan sus candidaturas políticas con dichas medidas.

Asunción no merece continuar padeciendo esta clase de parasitosis que le succiona las energías y la condena a continuar siendo una ciudad insufrible para sus habitantes. En las próximas elecciones hay que cambiarlos a todos, intendente y concejales.

 
 

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