La inauguración del complejo denominado World Trade Center - Asunción, constituido por cuatro imponentes torres con más de ochenta mil metros cuadrados de construcción y una inversión de 77 millones de dólares, es el resultado exitoso de la oportuna concurrencia de varios factores positivos que valen la pena citar para resaltar mejor cómo algunas ideas, por más ambiciosas que parezcan, se concretan felizmente mediante una acertada visión empresarial, la adecuada organización, la formalidad en tratos y compromisos, y la confiabilidad que se otorgan entre sí las personas que proponen los proyectos, las que los financian y las que los ejecutan.
El primer factor a considerar es, sin lugar a dudas, el humano. Distinguidos empresarios con excelente visión y buenos músculos, liderados por el arquitecto compatriota Víctor González Acosta, emprendieron una iniciativa de gran proyección que probablemente diez años antes no hubiera merecido siquiera un minuto de atención de parte de los inversionistas que, en distintos lugares del mundo, están compenetrados con esta clase de negocios. Nuestros agentes empresariales supieron demostrar la factibilidad de sus propuestas, despertando esa confianza personal –imprescindible en esta clase de emprendimientos– para convencer a extraños de que este país y esta ciudad podían acoger sus inversiones otorgándoles seguridad y certeza.
El segundo factor a ponderar es el tecnológico, porque edificar cuatro torres con las complejas características que poseen y atendiendo las funciones que van a desempeñar en el área de servicios generales, supone estar en posición de vanguardia en la materia. Ingenieros, arquitectos, innúmeros técnicos en distintos oficios, asesores administrativos y legales, y un sinfín de operadores trabajando en cada sección, hablan a las claras de que el proyecto del WTC Asunción recibió toda la tecnología indispensable; y que esto constituye otra buena noticia para el país, pues tales conocimientos y tal experiencia quedan como beneficio adicional.
Obras como estas son importantes para impulsar el desarrollo social y económico; lo son, asimismo, para mostrar al mundo el rostro diferente de un Paraguay que se va convirtiendo en confiable para la inversión internacional y la potenciación de negocios que aún no fueron intentados. Demuestran, asimismo, que podemos ponernos a la altura necesaria para pensar y diseñar como país una política económica a largo plazo, para toda la sociedad, que será la impronta común en los Estados integrados regionalmente.
El WTC Asunción es resultado de lo que pensaron, proyectaron y ejecutaron paraguayos de mente abierta, lúcida y dinámica.
Este tipo de personas no son meros “técnicos”, como despectivamente suelen referirse a ellos algunos políticos profesionales, sino los agentes que piensan, que idean, los soñadores capaces de bajar sus ilusiones al plano de la realidad, haciendo que lo teórico pase a ser práctico, que lo abstracto se haga concreto, y que aquello que esos políticos son incapaces de llevar más allá del etéreo ámbito de las promesas verbales y los discursos retóricos, sea un punto que espera su turno de ejecución en su lista de tareas a realizar.
Lamentablemente, mientras la elección de los ejecutivos y administradores que el país requiere en el Gobierno para encarar todo eso dependa de los “ganchos” políticos de los que puedan colgarse –seccionaleros, caudillejos, capataces, capitostes, ayudantes escogidos a dedo de entre la masa partidaria–, como se viene haciendo hasta ahora, el Paraguay continuará gateando, tratando de avanzar, siempre frenado por la mediocridad de su clase política dirigente, su pobreza moral, su sectarismo y su miopía.
El exitoso proyecto concretado y exhibido en las cuatro torres del World Trade Center - Asunción demuestra que podemos encarar otros objetivos aun más ambiciosos para el desarrollo del país. El secreto de lograr este resultado, si al sentido común se le puede llamar “secreto”, radica en la clase de gente que la ciudadanía elija al votar en las elecciones, y de la capacidad personal y honestidad de la gente que los gobernantes pongan a cargo de las tareas gubernamentales principales. Porque hoy está bien demostrado que en el Paraguay, sí, se puede.