El presidente Horacio Cartes y sus aliados, Fernando Lugo y Blas Llano, están enfrascados en barajar opciones para sortear el actual bloqueo constitucional que les impide a los dos primeros presentarse para la reelección en el 2018. La vía escogida es el inconstitucional atajo de la enmienda. Para impulsarla, han escogido dos opciones. La primera, la vía legislativa, a ser confirmada por un referéndum; la segunda, mediante una interpretación amañada de la Constitución por parte de la Corte Suprema de Justicia (CSJ), en una suerte de “certeza constitucional”, un recurso jurídico no previsto en nuestra Constitución, pero que la CSJ había utilizado para prorrogar inconstitucionalmente el mandato provisional del presidente de facto Luis Ángel González Macchi en el 2000, tras la renuncia del presidente constitucional Raúl Cubas Grau.
A tal efecto, los conspiradores contra el orden constitucional de la República han desplegado tres poderosos tentáculos: uno, dirigido contra la mayoría opositora del Senado que hasta ahora bloquea el proyecto de enmienda; otro, una mascarada de iniciativa popular mediante la fraudulenta y escandalosa recolección de firmas impulsada desde el Gobierno a través de la ANR, con recursos del Estado y, por último, la presentación ante la CSJ por parte del expresidente Fernando Lugo de una solicitud de aclaratoria acerca de su derecho a ser reelecto –aunque la Constitución lo prohíba–, amparado en la mañosa interpretación de que la prohibición rige para los presidentes en ejercicio y no para los expresidentes.
En consecuencia, el atropello a la Constitución nacional se está dando por dos vías de aproximación, por lo que Horacio Cartes –como Evo Morales en Bolivia– se muestra confiado en que logrará hacer el rekutu, pese a la prohibición constitucional. Esa furiosa embestida contra una de las cláusulas de reaseguro democrático más eficaces contra el retorno de la tiranía en el Paraguay tiene que ser contenida a cualquier costo por la ciudadanía, porque una vez removido el cerrojo que traba la reelección, lo primero que hará el dictador de turno que consiga hacerse con el poder es allanar el camino para perpetuarse en el mismo. Para ello, desmantelará las instituciones democráticas que garantizan la separación de los Poderes del Estado, las libertades ciudadanas y la prensa libre, tal como lo han hecho Hugo Chávez en Venezuela, Rafael Correa en Ecuador, Evo Morales en Bolivia y Daniel Ortega en Nicaragua.
Como ha sucedido en Venezuela, aquí también, tras 28 años de libertad, los dos partidos políticos tradicionales, el Colorado y el Liberal, en vez de fortalecerse al amparo de la democracia, han caído en el absoluto descrédito público, con la fragmentación y corrupción que actualmente los caracteriza, tanto en función de Gobierno como en la llanura. Lo mismo puede decirse de los partidos de izquierda que han emergido como alternativas de opción política para los ciudadanos, pero que en poco tiempo se han contagiado de los mismos vicios y debilidades institucionales que los dos partidos tradicionales.
Esta lamentable crisis del rol de los partidos políticos en el Paraguay ha tenido como consecuencia que muchos ciudadanos se sientan desmotivados para tomar parte activa en la política nacional. Nuestro revuelto escenario político promueve confusión, división y dudas entre el público democrático e intensifica el cinismo acerca de la democracia. De ello se han aprovechado Cartes y sus adláteres para impulsar el atropello a la Constitución en que están enfrascados, y al que debemos oponernos con firmeza.
Lo que están procurando hacer es remover una normativa constitucional clave e instalar una dictadura con ropaje democrático. Para el efecto, Cartes y sus cómplices han optado por la estratagema de la que se valió Hugo Chávez para ir removiendo sistemáticamente los impedimentos constitucionales con el propósito de avanzar hacia un régimen dictatorial. El autócrata caribeño utilizó elecciones, plebiscitos y tecnicismos legales para destruir componentes vitales de la democracia venezolana.
Así las cosas, en la eventualidad de que el proyecto de enmienda de Cartes logre pasar la barrera del Parlamento, y en última instancia de la Corte Suprema de Justicia y la gente le diga no a la reelección, lo más probable es que, como Chávez y Morales, Cartes vuelva a la carga para forzar un nuevo proyecto de enmienda y un referéndum constitucional.
Ante tal posibilidad y con los ejemplos de regímenes dictatoriales como los citados, los paraguayos y paraguayas debemos ponernos en movilización activa en las calles para frenar esa ilegal arremetida contra el orden constitucional de la República.