¿Qué será de Horacio Cartes después?

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¿Quién será el responsable directo de los males que cause la prosecución del plan reeleccionario, suponiendo que una mayoría de diputados comprados se presten finalmente a consentirlo? El responsable será Horacio Cartes. En efecto, no resultará condenado por la historia el equipo de chupamedias y pillos que se colgaron de su saco y de sus bolsillos ni quienes le calientan la oreja creándole delirios de falsa grandeza ni los dirigentes y asesores colorados ni los gerentes de sus empresas, sino el dedo acusador le apuntará al presidente Cartes y solamente a él. Si bien el oportunista Fernando Lugo está expectante de la operación, entusiasmado con la ilusión de sacar alguna tajada, su responsabilidad en la siniestra operación “reelección” es colateral, y si se rechaza el proyecto de enmienda, no tiene mucho que perder. Pero ¿qué se puede pensar que irá a ocurrir con Horacio Cartes si se lo aprobara? Quedará convertido en el gran culpable de una inconstitucionalidad flagrante y del destrozo consecuente del sistema democrático paraguayo. Si es creyente –siempre invoca a Dios y al papa Francisco–, estos días de Semana Santa le otorgan al Presidente la oportunidad de reflexionar serenamente sobre lo que le espera de acuerdo a la decisión que adopte.

Es incierto el proceder de los reeleccionistas en relación con la consideración del proyecto de ley de enmienda constitucional en la Cámara de Diputados, la cual podría reunirse en cualquier momento, tal vez aprovechando los días que se avecinan en esta Semana Santa, en los que mucha gente estará dispersa y menos atenta a las maniobras de los politiqueros. Como hoy sesiona ese cuerpo legislativo, no debe descartarse que lo trate en la ocasión, pese a las seguridades en contra brindadas por su presidente, Hugo Velázquez, reeleccionista.

Si la oportunidad es aprovechada por los cartistas y luguistas, seguramente se dará luz verde a la violación de la Constitución, sentándose un precedente político y jurídico destinado a causar una profunda herida en nuestro sistema institucional, la que no sanará fácilmente, sin dejar secuelas muy dañinas a la salud democrática de nuestro país.

Estas consecuencias pueden ser avizoradas observando tan solo cómo se desarrolló este maldito proceso hasta el momento, cuánta incertidumbre, cuánta zozobra, cuánto dolor y sangre ya produjo, efectos estos que hay que comparar con la gran insensibilidad que domina a los propulsores de la famosa enmienda, enceguecidos por la ambición de poder y la codicia de riqueza.

¿Quién será el responsable directo de los males que cause la prosecución del siniestro plan reeleccionario, suponiendo que una mayoría de diputados comprados se presten finalmente a consentirlo?

El responsable será Horacio Cartes. En efecto, no resultará condenado por la historia el equipo de chupamedias y pillos que se colgaron de su saco y de sus bolsillos. No serán considerados responsables los buitres que medran a su sombra, los que le calientan la oreja creándole delirios de falsa grandeza. El dedo acusador de la sociedad paraguaya y de los demócratas del futuro no apuntará a Pedro Alliana, Lilian Samaniego, Darío Filártiga, “Bachi” Núñez y otros chupasangres; o a los gerentes ejecutivos de sus empresas Juan Carlos López Moreira y José Ortiz, sino al presidente Cartes; a él y solamente a él.

Tampoco se acordará la historia del montón de seccionaleros y otros paniaguados “reeleccionistas” que, a lo largo y ancho del país, están prendidos a todas las modalidades de negociados o matufias, como el contrabando, el narcotráfico, el robo en sus miles de formas, además de la evasión sistemática de impuestos, sin olvidar la instalación de parientes, ahijados, amantes y operadores en el aparato estatal con sueldos estratosféricos. No será culpado, por ejemplo, Nelson Valiente, protector de delincuentes que está permitiendo a una banda de verdaderos malhechores enriquecerse en los puestos de aduana mediante su complicidad o indiferencia. No habrá otro responsable que Horacio Cartes.

Si bien el oportunista de Fernando Lugo está expectante de la operación, entusiasmado con la ilusión de sacar alguna tajada, su responsabilidad en la siniestra operación “reelección” es colateral. Resulta que sus cálculos son correctos, porque si se da vía libre a la reelección, él puede ser el gran beneficiado; si se la rechaza, no tiene mucho que perder. Continuará escondido o pasará desapercibido, deambulando por el país, de tal suerte que, poco a poco, su desdichada figura irá desapareciendo del horizonte político y de la memoria de sus actuales seguidores.

Pero, ¿qué se puede pensar que irá a ocurrir con Horacio Cartes si se aprobara la ya hoy ensangrentada enmienda para su reelección? Quedará convertido en el gran culpable de una inconstitucionalidad flagrante y del destrozo consecuente del sistema democrático paraguayo.

Y si hay consecuencias por las que pagar, las pagará por el resto de su vida. Tal vez pueda prolongar su mandato cinco años más, pero no se sacará de encima el mote de golpista. Inclusive, es probable que más adelante intente hacer aprobar una enmienda más para continuar quince o veinte años en el poder, siguiendo las lecciones de longevas dictaduras como las de Stroessner, Hugo Chávez, Evo Morales y otros modelos latinoamericanos. Pero ¿qué ocurrirá con el resto de sus días a partir del momento en que se apruebe la enmienda constitucional inventada exclusivamente para su provecho? La ciudadanía tiene hoy memoria colectiva y no se le borrará muy fácilmente su figura.

Ya no podrá gobernar como hasta ahora. La gente ya no lo verá como un presidente que ganó limpiamente las elecciones y que tiene el derecho legítimo a gobernar, sino que se lo tendrá por un impostor, un asaltante del poder. Lo verá como el jefe de la gavilla que un día le convenció para que se quede con el cargo del modo que fuese, pasando por encima de la ley y las instituciones. Ese grupo de mafiosos metidos en la política, a quienes les aterroriza la posibilidad de tener que resignar el poder, perder los beneficios, las prebendas y los privilegios, y el abundante desayuno de todos los días servido en la cama.

¿Y qué pasará con su familia? En un país pequeño como este, a su hermana Sarah Cartes y a sus hijas les será difícil caminar tranquilamente por las calles de Asunción; ya no frecuentarán los mismos lugares ni tendrán los mismos amigos de antes de que Horacio Cartes se convirtiera en un presidente “mau”.

¿Qué pasará con sus empleados de confianza, los que le acompañaron en la creación y fortalecimiento de sus empresas? López Moreira y Ortiz, por ejemplo, al igual que sus respectivas familias, verán tiempos muy difíciles en el futuro. Afrontarán desprecios y escraches inesperados, en cualquier lugar o momento.

Tal vez muchas de estas consecuencias ya las están soportando. Se puede imaginar hasta qué extremo ese sentimiento colectivo se agravará si se aprueba la enmienda. Y será mucho peor si la violencia desatada por la Policía el sangriento viernes negro se convierte en una espiral y se extiende por todo el país. El proyecto llevado en el seno del Congreso en forma inconstitucional podrá ser la mecha del explosivo. La ciudadanía –especialmente, la juventud– no está dispuesta a que se burlen de sus derechos con tanto descaro e impunidad, y su acción protestataria podría llevar las situaciones a tal nivel de intensidad que todo se convierta en un caos incontrolable.

Es de esperar, pues, que esta Semana Santa no se derrame otra sangre que la simbólica de Jesucristo. Estos días le otorgan a Horacio Cartes la oportunidad de reflexionar serenamente sobre lo que le espera de acuerdo a la decisión que adopte. Si es creyente –siempre está invocando a Dios y al papa Francisco–, podría ir a hacerlo en alguna iglesia, donde el buen ambiente le podría dar luz a su entendimiento y paz a su corazón. Si recupera la buena razón, debería ordenar de inmediato a los diputados y senadores que le responden que rechacen el proyecto de enmienda, indicando con claridad que la orden es definitiva, que no habrá vuelta atrás, y que, como entró al Palacio de López, está decidido a salir de él por la puerta grande, entregando la banda presidencial el 15 de agosto de 2018 a quien sea que el pueblo paraguayo decida. Y hará Patria.